
Escribe: Abog. Gloria Ramírez.
En la época de la adolescencia en los chicos se producen muchos cambios. En algunos se notan más y en otros menos, pero todos cambian, tanto física como mentalmente. Modifican sus puntos de vista, su personalidad, su carácter ante los amigos y ante la familia, los estudios y su relación con los demás.
Pero, es la etapa en donde la lista de valores aumenta, y es ahí donde el acompañamiento de los padres es muy importante. Son muchos los valores que están presentes y vemos que sin una orientación correcta los mismos entienden o interpretan mal, llevándolos a cometer ciertos errores que luego los lleva a sufrir. A veces estos jóvenes no tienen presente los valores con los que deberían contar. La influencia de los amigos o de la sociedad en la que el adolescente vive puede ser una influencia negativa. Éstos por ignorancia o falta de educación pueden tener conceptos erróneos sobre valores como la amistad o el amor.
Los valores que son destacables en las relaciones entre adolescentes son algunos como el amor, la amistad, el compañerismo. Estudios señalan que muchos en esta etapa, descubren y analizan los valores que más a uno le satisface y los va cambiando o desechando.
Existen adolescentes que tienen valores que llevan a ideales como la libertad, paz, justicia, pero también tienen más valores como la independencia, autoestima, educación, identidad; una mente mucho más abierta y amplia.
La relación de los adolescentes con los padres puede empeorar en esta etapa, ellos suelen comenzar a distanciarse de sus progenitores en esos años. Hasta tal punto que pueden avergonzarse de ellos y no querer reconocer en presencia ajena ningún parecido con los mismos. Comúnmente escuchamos y vemos en nuestro entorno hijos revelándose en contra de sus padres. Se debe entender que, la etapa de la adolescencia, es una etapa de cambios; y que depende del acompañamiento, la orientación y la cautela que tengan los padres con sus hijos, para mantener una relación mucho más armónica y correcta.
La visión del adolescente se centra con una revolución y una laguna de ideas, que generan, en su interior mismo, dudas, esto hace que los mismos vayan a enfrentar a la vida desde una nueva perspectiva, en la que necesitan una mayor libertad e independencia, así como mantener un grado alto de autoestima y poder ir afirmando su personalidad.
La inclusión de los valores formadores y de orientación vocacional en esta etapa debe estar en todo momento acompañado por sus progenitores. Una vigilancia acabada y delineada en los principios de la calidad y los principios básicos de una sociedad democrática.
Hoy vemos un abandono por parte de la propia sociedad paraguaya a los adolescentes; eso hace que los mismos busquen copiar ciertas actitudes o modelos de otras sociedades que no tienen nuestras mismas formaciones y culturas.
El adolescente, aparte de los valores que manifiesta en sus relaciones con los demás, bien sea la sociedad, los compañeros, o sus padres, disfruta o padece otros valores que le son propios, como la ignorancia, la evasión, la educación, el afán de superación, la identidad y la cultura. En estos casos se identifican con exclusividad; su formación como persona futura juega un puntapié importante para la creación de una sociedad más humana.
En la búsqueda de una formación más humana y equitativa en cuanto a los valores, debemos fomentar igualitariamente a los adolescentes, con un control auténtico y coordinado entre sociedad y Estado. Sólo así estaremos formando ciudadanos de bien, con principios y normas reales.




























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