Escribe: Luis Alen.
El presidente Marito Abdo está evadiendo su destitución porque existe el convencimiento que una nueva crisis política no le conviene a nadie. El asustador espectáculo de los recientes “estallidos” en varios países sudamericanos, disuadió a buena parte de la clase política de ejecutar la destitución del jefe de Estado, a pesar de tenérselo como el responsable último del lamentable episodio del acta secreta del 24 de mayo sobre la compra de energía de Itaipú.
A pesar que las mafias del narcotráfico ya estuvieron fabricando conspiraciones con el fin de tumbarlo, es un hecho que buena parte de los parlamentarios se “resignaron” a bancar al gobierno, con tal que no se le persiga también a HC y se les deje tranquilos a ellos para seguir sin recibir bajadas de línea desde el Palacio de la bahía asunceña, tal como ocurría durante la era del anterior presidente entre 2013 y 2018.
La presentación del informe final de la comisión investigadora bicameral sobre el acta de Itaipú no derivará en un “impeachment” al presidente de la República, por lo menos por ahora. Esto, a pesar que los días que preceden a los dictámenes conclusivos (porque se habla de dos) de la comisión bicameral sobre el acta fallida, también han mostrado una dualidad de ingredientes opuestos que han tenido la fortuna para Marito de conformar un escenario político que finalmente se inclinó por evitar el juicio político.
Mafia y parlamentarios, ¿unidos?
Hay fuertes presiones de la mafia y de sectores opositores para tumbar Abdo Benítez, pero finalmente la mayoría de los políticos coincide en que las condiciones sociales y económicas podrían empeorar con el escenario de un juicio político y arrastrarlos a todos ellos por una pendiente al borde del abismo. Lo ocurrido en gran parte de Sudamérica los pasados días, los disuadió.
Resalta que los votos cartistas y de otros afines estaban a la expectativa de una orden de HC, pero éste se mantiene cómodo con su impunidad y en la posibilidad que se realice más adelante la reforma constitucional para establecer la reelección de los ex mandatarios.
Previamente, el abdismo resucitó hábilmente algunos usos del “stronato” que por lo visto fueron bien asimilados por el hijo del finado secretario privado del “noble jefe”, para su utilización en plena era democrática y en contra de eventuales enemigos bien identificados y que no precisamente son meros molinos de viento al estilo Don Quijote.
En forma atrevida y hasta cierto punto extemporánea, una resucitada comisión central de las seccionales de base de la ANR, dominada por el liderazgo de Colorado Añetete, llegó a sugerir el inicio de una nueva “firmata” de 30.000 ciudadanos para solicitar una convención constituyente que por fin analice e incluya en el texto legal la esquiva reelección, un recurrente tema ya obligado en cada período presidencial pero que ahora apareció más temprano que de costumbre.
No se sabe si el pedido vino del primer anillo de Marito o fue sólo un episodio más de chupamediería como son capaces de hacerlo los “disciplinados” seccionaleros. En el caso que fuera como la primera opción, puede que la succión de medias de los operadores políticos colorados haya tenido algún objetivo con vistas a dar un aviso de la posible anuencia del abdismo a empezar a “dialogar” con el cartismo en lo que más le gusta a HC: ni más ni menos que el tema de la reelección, con el fin de habilitar a Horacio Cartes a la candidatura para su vuelta en 2023.
El aviso ya fue entregado, a pesar de la desmentida del propio Marito de querer para sí mismo la reelección. En el cartismo tampoco se reaccionó con mucho entusiasmo, al recordar el senador Sergio Godoy la quema del Congreso de 2017, precisamente contra la reelección cartista y que luego Horacio reconoció como un gran error haber promovido la famosa enmienda frustrada, en una entrevista al Financial Times de Londres.
Pero todo indica que, como devolución de gentileza del cartismo, se ha fortalecido la incómoda convivencia entre HC y Marito, hasta tanto se den las condiciones en los próximos meses de volver a hablar del asunto de la reelección, ya cuando las aguas estén más calmadas. De momento, todo apunta a que no habrá juicio político, con la excusa de evitar males mayores en la convivencia social.
Pero, por supuesto, siempre a cambio que no se le ataque directamente a HC en sus negocios poco transparentes en el tabaco y el contrabando fronterizo al Brasil. Dando pábulo al renovado idilio carto-abdista, el asesor del Banco Amambay, Santiago Peña, muy suelto de palabras mandadas decir por HC, no puso reparos en adelantar el apoyo al plan de mantener la estabilidad económica, en el foro de exministros de Hacienda al que también asistió Benigno López, el ministro-hermano. Lógicamente, como respuesta al objetivo conjunto visualizado en la decisión de evitar crispaciones político-sociales por el lado de un eventual juicio político, que por ahora ha sido dejado de lado.
A estas alturas, por ejemplo la mafia de los narcos aparece bastante golpeada, tanto por la captura y expulsión de sus principales cabecillas, entre ellos el más reciente caso del brasileño Levi Adriani Felicio, ya expulsado al Brasil, así como por la nueva “razzia” de una treintena de oficiales de la Policía del Norte que según la Fiscalía tenían buenas relaciones con los delincuentes a quienes debían capturar, pero que les limpiaban el camino a cambio seguramente de suculentas dádivas.
Se dio continuidad a sucesivos operativos en los que caen tanto narcos como policías, y ahora como resultado del operativo con el sugestivo nombre “Operación North”, lo que indica la factura norteamericana de la DEA por detrás de las fulminantes redadas de la SENAD de Arnaldo Giuzzio.
El aviso a la izquierda
Por si la crispación social sea aprovechada por la izquierda para introducir factores de inestabilidad política, como el “muerto” que le falta a MAB al decir del propio presidente, la inteligencia de Interior, a cargo del nuevo ministro Euclides Acevedo, también acudió al “archivo del terror stronista”, no para resucitar el “pyragüereato” de la época dictatorial, sino para un plan más inteligente y productivo de aprovechar cualquier movilización para “fichar” (con fotos y filmaciones) a los posibles líderes e identificarlos con nombre y apellido por si tuvieran relación con Cuba, Venezuela, el bolivarianismo, el socialismo del siglo XXI o el Frente Guasu autóctono.
La marcha campesina iniciada el lunes también habría tenido esta intención, pero por lo pronto, avisados los “agitadores” por la filtración deliberada del plan gubernamental de “fichaje”, la convocatoria de la FNC fue un fracaso, alternándose sólo algunos cierres de rutas y sin presencia en la capital.
La movida del Gobierno estaba cumplida en su finalidad principal, porque además de desactivar “a bajo costo” la movilización, se mostró abierto al diálogo con los campesinos movilizados, y aprovechó la ocasión para mostrar que, efectivamente, posee fotos y datos de algunos elementos de izquierda que estaban detrás de cierres de rutas y manifestaciones de los últimos tiempos, como las protestas de los tomateros por sus bajos precios, que habrían sido manipuladas para desgastar al gobierno por personas supuestamente vinculadas con el fantasmagórico grupo irregular del Norte, el EPP.
De allí a reponsabilizar de una eventual explosión social al Frente Guasu luguista, era sólo cuestión de días, a menos que la dirigencia izquierdista viera también como una buena oferta la posibilidad de la reelección, por ahora postergada para las calendas griegas, y que podría ser del agrado de su líder Fernando Lugo.
Lo cierto es que también la izquierda debió así recular en el cumplimiento del plan para nuestro país que los bolivarianos montaron con bastante éxito en Chile y Ecuador, convirtiendo una mínima chispa de descontento por alzas en los costos de servicios y en el precio de los combustibles, en grandes avalanchas de gente en las calles protestando contra el sistema de vida, y donde los gobiernos de esos países debieron retroceder en su pretensión de ajustar los precios de los pasajes del metro y de los derivados del petróleo.
El otro factor, Brasil
La alineación a Brasil de Mario Abdo Benítez no sólo ha sido producto de la casi imposición del criterio brasileño en el acta anulada de Itaipú, sino se ha visto ahora que resulta una necesidad frente a la evolución de los acontecimientos en la región, tras el golpazo sufrido por algunos gobiernos de derecha, enfrentados a repentinos estallidos sociales y terremotos políticos, como en los casos de Ecuador, Chile, Perú, Bolivia, Uruguay y Argentina.
Sorprendió a todos lo ocurrido, en varios países que antes estaban trabajando para el derribo de Nicolás Maduro en Venezuela, quien continúa tan campante en el poder, mientras una masiva votación contraria obliga a la salida de su archienemigo argentino Mauricio Macri, el próximo 10 de diciembre, reemplazado por Alberto Fernández, la dupla de Cristina Fernández de Kirchner, una de las paladines de la ideología del socialismo del siglo XXI, solventada por el chavismo y el bolivarianismo, que ahora vuelve con todo brío, aupada también con el dudoso triunfo en las urnas de Evo Morales, para un cuarto período que difícilmente pueda tener el aval de Estados Unidos o la Unión Europea, que le pidieron al líder indígena cocalero una segunda vuelta para disipar las protestas de la oposición por un posible fraude electoral.
El propio presidente brasileño disipó cualquier malentendido sobre su posición sobre los acontecimientos en Sudamérica, al dejar en claro en Twitter por qué no dará las felicitaciones al nuevo gobierno de la otra potencia regional, más aún después que el presidente electo argentino, Alberto Fernández, lanzara un virtual desafío a Jair Bolsonaro al apoyar una posible liberación de su prisión actual del expresidente Lula Da Silva.
“Argentina eligió mal”, dijo Bolsonaro, y agregó para desmentir una amenaza anterior: “No digo que saldremos del Mercosur, pero podemos juntarnos con Paraguay”. Esta última alusión a nuestro país resulta la confirmación que el presidente de Brasil quiere reconstruir el frente sudamericano antibolivariano, maltrecho tras los últimos acontecimientos, contando con el aporte de Marito Abdo, a quien, no cabe dudas a partir de ahora, lo va a defender a capa y espada ante cualquier intento de “impeachment” por parte de la facción doméstica que sea: el cartismo, el llanismo o el efrainismo liberal, el Frente Guasu y hasta alguna que otra ONG, según los “enemigos” visibles del abdismo en su persistencia por llegar a tener un poder mayor y dejar de lado esa imagen de gobierno débil que no sólo causa incertidumbre a nivel local sino también el temor de los gobiernos como el de Brasil, que no quiere ver agregarse otro elemento de inestabilidad en su vecindad.
Aún así Bolsonaro volvió a amenazar: “Pero si vemos que Argentina hiere alguna cláusula del acuerdo del Mercosur, podemos suspenderle. Pero esperamos que nada de eso sea necesario, pero que la Argentina no quiera, en la cuestión comercial, mudar su rumbo”.
Por lo que se puede inferir de las expresiones del gobernante brasileño, la aplicación de la “cláusula democrática” está en las manos de Brasilia, en estos momentos. Un mensaje extensivo a la clase política paraguaya en el caso que intente un juicio político contra Marito, habiendo además ya el precedente de la suspensión de 2012 por el “impeachment” contra Fernando Lugo.
Por si faltaba otro factor negativo en contra de las posibilidades paraguayas de conseguir un mejor trato en Itaipú con la revisión del Tratado y del Anexo C, la situación regional complica aún más el panorama para las arduas negociaciones que se avecinan por el gran complejo hidroenergético binacional, que el pasado 25 de octubre cumplió 35 años de operación continuada.




























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