Escribe: Luis Alen.
La decisión de nombrar al opositor Euclides Acevedo como nuevo ministro del Interior es un giro clave del presidente Marito Abdo, dando un mensaje a toda la ciudadanía que privilegiará la lucha contra las mafias y la narcopolítica.
Ocurre después que el embajador de Estados Unidos le renovara el apoyo públicamente, pero exigiendo que se combata igualmente la corrupción y la impunidad empotrada en la protección de los políticos del Congreso.
La designación no cayó muy bien en las carpas de Honor Colorado, cuyos dirigentes avizoran que Marito busca estabilidad con apoyo de la oposición, y no la gobernabilidad ofrecida por HC, basada en una supuesta “unidad” de la ANR.
Acevedo sabe que su misión principal es la lucha contra el crimen organizado, más allá del control de la corrupción en la propia Policía Nacional y el diálogo con la sociedad civil cada vez más consciente de su rol de contralor del Gobierno.
Cambio en la gestión de MAB
La gestión de Mario Abdo Benítez debe buscar un cambio cualitativo en su relación con la sociedad, teniendo como prioridad el apoyo de toda la ciudadanía, de tal forma a contar con el soporte popular suficiente para enfrentar el desafío de la lucha contra la impunidad de la corporación política mafiosa abroquelada en el Congreso y en los partidos tradicionales.
La molestia por la descarada protección política a las mafias ha sido expresada una vez más por la embajada norteamericana, que reaccionó “bajando línea” públicamente a Marito, y exigiendo “ejercer la democracia a través de la lucha contra la corrupción e impunidad”.
La llegada de Euclides Acevedo al ministerio del Interior parece indicar que, por fin, el presidente Marito Abdo ha comprendido que debe dar un mensaje claro de su compromiso con la sociedad en su conjunto y a partir de allí atender las crecientes reclamaciones sociales.
Se quiere romper así con una imagen de debilidad del Gobierno, ya que la incorporación de Acevedo al gabinete en la clave cartera del Interior, supone no sólo impulsar una posición dialoguista, pero también de defensa de los intereses del conjunto de la sociedad, y no sólo de quienes reclaman en las calles sus derechos conculcados.
El desafío está lanzado, y del resultado de la lucha depende el mismo mandato de Abdo. Y no sólo en el tema de la seguridad, el combate a las mafias, el crimen organizado y la delincuencia de todo pelaje, sino también en la lucha contra la impunidad que se ha enseñoreado de la República, por obra y gracia de una clase política desconectada de los agudos problemas sociales que fomenta la corrupción.
La elección de Acevedo como ministro del Interior tiene así un doble significado: se tiende el puente con la sociedad para dialogar pero también para hacer respetar los derechos de todos, incluso de aquellos que no participan en las manifestaciones. El nuevo ministro, por ejemplo, es contrario a los cierres de rutas o de puentes, como el de Remanso el viernes pasado protagonizado por los indígenas, y que terminó con la renuncia de la titular del Indi.
¿Estabilidad o gobernabilidad?
Resulta evidente que el presidente Abdo quiere dar un paso más en la búsqueda de gobernabilidad, haciendo un guiño a la oposición, lo que ha generado roncha en el sector de HC. Es sintomático que con el nuevo ministro del Interior, un opositor al gobierno hasta su nombramiento, Marito se halla abocado, como se dijo en la toma de posesión, a “la estabilidad para el crecimiento económico”.
Quizás el hecho más significativo detrás de la designación de Euclides, siendo político vinculado a la oposición pero que últimamente se ha vuelto más analista que militante partidario tras su paso de años atrás por el febrerismo, el Encuentro Nacional y el partido de la Juventud, es que se está en presencia de una apuesta novedosa de Marito, al no optar por la cantera de la ANR ni de sus dos principales movimientos (el suyo, Añetete, y el de HC, Honor Colorado), sino eligiendo a un hombre de formación académica y jurídica en temas militares y de seguridad (es profesor en la academia policial), para que la cartera del Interior vuelva a tener un marcado tono político, sirviendo de puente entre el Gobierno y la sociedad civil.
En realidad, lo que no se le puede negar a Acevedo es justamente una innata habilidad para dialogar y convencer a los más variados actores sociales, en momentos en que crecen las manifestaciones y reclamos de toda clase, acicateados por los problemas económicos y de pobreza, pero también por la creciente convicción de la gente de que la democracia tenga definitivamente un tinte de mayor empuje para superar la corrupción y la impunidad, que son lamentablemente los flagelos que los mismos políticos se han encargado de potenciar desde la posición de legisladores en el Congreso con un pérfido autoblindaje y el oprobioso avasallamiento al Poder Judicial.
Todo lo cual vuelve más urgente también la necesidad que tiene el jefe de Estado de marcar diferencias con la criticada gestión de Juan Ernesto Villamayor, quien, a pesar de su conocida locuacidad, sin embargo no supo convencer a la ciudadanía sobre las bondades de su estrategia para vencer la inseguridad, controlar la corrupción policial y vencer a las bandas criminales organizadas que asuelan las ciudades y las campiñas.
Villamayor estaba a punto de recibir un voto de censura tras la interpelación del Senado de la semana pasada, por lo que la decisión de Abdo de convertirlo en su jefe de gabinete en reemplazo del también defenestrado Julio Ullón, le ha evitado recibir el “castigo” de la mayoría de los senadores descontentos con su gestión, incluidos sus propios correligionarios colorados, lo que también hubiera desgastado todavía más la ya deteriorada imagen del Poder Ejecutivo frente a la sociedad en un tema tan palpitante y actual como el de la seguridad.
No es igualmente un dato menor que la elección de Acevedo ha sido consensuada en la cúpula de Colorado Añetete, como lo dejó entrever el senador Juan Carlos “Calé” Galaverna. Lo que lleva a suponer que la “indirecta” de Marito contra HC es que, de ahora en más, desista el “patrón del quincho” de sugerir líneas de acción al Gobierno abdista.
La embajada bajó línea
El embajador de Estados Unidos, Lee McClenny, fue muy certero al marcar prácticamente una línea roja al Gobierno de Abdo Benítez, advirtiendo que la democracia debe tener una trazabilidad en la que desemboquen los intereses superiores de la sociedad, porque, de lo contrario, el pueblo queda indefenso ante quienes operan en contra de sus intereses, como está ocurriendo ahora con sus representantes en el Congreso.
La reacción vía tuit del influyente diplomático norteamericano no dejó dudas respecto a su molestia por la grosera defensa corporativa de los diputados a tres de sus colegas imputados por la Justicia, pero a quienes no les votaron la pérdida de investidura a pesar de las evidencias de graves delitos y de los reclamos ciudadanos por una sanción ejemplar. Más bien entró a actuar de lleno el mecanismo de autoprotección para que campee la impunidad total y se envíe un mensaje contundente a los jueces y la sociedad de que son personas por encima de la ley, con lo cual ponen en ridículo el ordenamiento legal de la República.
Se hizo sentir el embajador en un momento crítico para la gestión de Marito, cuya autoridad ya se ponía en duda por la actitud de los legisladores que no escucharon el sentir ciudadano sino atendieron sus intereses corporativos. Volvió a respaldar McClenny a Abdo Benítez, calificándolo como un aliado en la lucha contra el narcotráfico y el lavado de dinero, y contra el financiamiento al terrorismo. Semejante condecoración del “Tío Donald” no podía tener otro mensaje que el apoyo para continuar en su épica lucha contra los cárteles de la mafia de la droga, de las bandas criminales y de sus protectores políticos.
En suma, Marito tiene que reasumir su liderazgo, en una ciclópea cruzada que implica la lucha frontal contra la corrupción y la impunidad.




























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