Sin dudas, el país está de cabeza para bajo, a raíz de varios y sucesivos errores cometidos por el gobierno de Mario Abdo Benítez, que hoy en día se encuentra envuelto en un terrible laberinto, sin poder hallar una salida a los complejos problemas que enfrenta su administración.
Apenas pasó un año de gobierno de Abdo Benítez, y los desaciertos comenzaron a aflorar, llegando al pico máximo con la filtración de la famosa acta bilateral de Itaipú, suscripta entre nuestro país y el Brasil, para la potenciación de energía.
El gobierno fue acusado de “traición” a la patria, por la presunta entrega descarada de energía al Brasil. El repudio generalizado de la ciudadanía y varios sectores políticos y sociales, llevó a Abdo Benítez a anular el documento rubricado en Brasilia, entre autoridades nacionales y brasileras.
Sin embargo, esta determinación no aquietó las aguas, la crisis continúo con las amenazas de juicio político al vicepresidente y presidente de la República. No obstante, el gobierno logró sofocar el fuego, gracias al apoyo recibido del cartismo, sector interno colorado, de cuyos parlamentarios dependía para frenar los votos requeridos en diputados para llevar adelante el libelo acusatorio contra el No 1 y 2 del Paraguay.
¿Será que Marito soportará las fuertes tempestades? Esta es la gran interrogante que se hace la población paraguaya, que es fiel testigo de la difícil y terrible realidad que está viviendo el país y el gobierno actual, que inexorablemente el barco en el que se encuentra empieza a filtrar aguas, y se va hundiendo gradualmente en medio de un océano sin fin.
Una serie de errores sucesivos cometidos por Marito está llevando al país en un descontrol total, sin que aparezca, por ahora, una fórmula salvadora para sacar a esta república de la terrible situación en que se encuentra. El gobierno no emite señales claras para buscar la panacea adecuada, y recuperar la confianza del pueblo, para intentar enderezar de nuevo la nación hacia el derrotero de la paz y el desarrollo.
Marito comenzó su mandato con el pié derecho al declarar la “guerra” a la mafia empotrada en el poder; sin embargo, curiosamente, fue languideciéndose, hasta entrar en un laberinto, donde hoy se encuentra su gobierno, en una de las peores crisis y de muy difícil solución. Sin menor a esquivo, hoy el Paraguay está de cabeza para bajo.




























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