
Escribe: Luis Alen.
Avanza con suma lentitud la obra del Metrobús capitalino, que pone a prueba la paciencia de los frentistas, aunque se trata, es cierto, de una iniciativa destinada a cambiar el rostro de Asunción y su área metropolitana. Con un costo que puede ir creciendo por todas sus imprevisiones, pero que en definitiva significará una ganancia quizás cuadruplicada para los propietarios en su área de influencia y en general para toda la ciudadanía, que se beneficiará en términos de mejor transporte, eficiencia en el clave aspecto energético y menor contaminación ambiental.
El proyecto Metrobús merece ser considerado, sin dejar de criticar los errores en su diseño y ejecución, como un hito que marcará un antes y un después de la forma en que se encarará en el futuro el reto que significa para el Gobierno nacional la creciente urbanización de la población, así como la necesidad de mejorar la infraestructura destinada a una mayor calidad de vida de los habitantes de las principales urbes del país, y no sólo Asunción, sino también Ciudad del Este e incluso Encarnación.
La capital del Alto Paraná cuenta también con la imperiosa obligación de sus autoridades de cambiar totalmente el obsoleto sistema de transporte público que es una verdadera afrenta a la sufrida ciudadanía esteña y de sus alrededores, que debe movilizarse todos los días en buses chatarra que hasta configuran un peligro para la integridad física de los pasajeros.
Así como por varios años se ha hablado del proyecto de rediseñar una nueva Ciudad del Este con su área de influencia, con el fin de hacer más presentable a los turistas “compristas” la otrora Ciudad Jardín de la República, en forma increíble en el plan Metrobús del Gran Asunción se ha olvidado casi mencionar que es parte en realidad de un proyecto de reconversión urbanística de la principal ciudad de la República, de tal forma a cambiar también la cara asunceña para los visitantes, que muchas veces ya han expresado que el rostro amable de sus habitantes se ve opacado por el deficiente servicio de transporte público, erigido en una desaliñada carta de presentación de nada menos que una ciudad capital y la más antigua urbe de esta zona del continente sudamericano.
Los 100 millones de dólares y un poco más que costará el remozamiento del corredor Ruta Mariscal Estigarribia-Avenida Eusebio Ayala-Mercado 4-Centro y Puerto de Asunción, no son prácticamente nada en comparación a los beneficios económicos y sociales que se recibirán posteriormente una vez terminados los trabajos, encarados actualmente a un ritmo complicado por el Gobierno a través de la unidad ejecutora respectiva del Ministerio de Obras Públicas.
Una deficiente comunicación
Desde un principio, el proyecto Metrobús contó con mala prensa, evidentemente porque hubo una deficiente información del plan global de reconversión urbanística de Asunción, pero también por los mismos intereses en juego, que ya consiguieron levantar en pie de guerra a los principales afectados en contra del emprendimiento, los frentistas y comerciantes, tal vez porque algunos grupos empresariales privados hegemónicos no entraron a tallar en los negocios ligados a la obra o sencillamente porque les favorece que todo siga igual, lo que en definitiva significa el absurdo monumental que el interés particular se ponga por encima del interés general de la nación.
Tal vez un mérito del Gobierno anterior de HC haya sido darle continuidad al proyecto, pese a las críticas y las movilizaciones de los afectados, pero la persistencia en la realización de la megaobra no escondió la improvisación de no contar con un plan ejecutivo que no sólo previera todos los detalles y costos del emprendimiento, previa comunicación adecuada a la población afectada, sino también el mismo hecho de haber equivocado la elección de los buses a diésel, en vez de optar por alguna forma de transporte eléctrico, que es mucho más eficiente a mediano y largo plazo, en todos los sentidos.
Ahora todavía se está a tiempo de enderezar el rumbo del Metrobús, terminando la obra lo más rápido posible, pagando las indemnizaciones que haya que pagar en forma transparente, pero también realizando los retoques necesarios en su diseño, especialmente en cuanto a la información sin rodeos a la opinión pública de sus beneficios que cubrirán cualquier pérdida actual para los vecinos, frentistas o comerciantes.
Se habla también de la posibilidad de cambiar los buses a diésel por los movidos con baterías eléctricas, de procedencia china, sin por ello aumentar en demasía el costo de la obra, que finalmente será pagada es cierto por los usuarios, pero que se beneficiarán con el billetaje también electrónico, que posibilitará que con un solo pasaje se venga de los distintos barrios con los sistemas colectores de buses para el trasbordo en las estaciones del metrobús, y llegar por ejemplo al centro de Asunción con el mismo costo del boleto, ganando un precioso tiempo para el trabajo o la gestión a realizar.
Capítulo aparte merece insistir en la imperiosa necesidad de a reconversión urbana de Asunción, con un puerto transformado para acoger oficinas públicas y un microcentro con mejor transporte, recordando la época de los tranvías eléctricos, quedando para ello como asignatura pendiente una mejor comunicación al público de sus beneficios, especialmente en la zona del Mercado 4, donde también el proyecto bien llevado puede contribuir a cambiar para bien la vida de sus miles de habitantes y pequeños comerciantes.




























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