Escribe: Luis Alen.
Mientras Horacio Cartes le decía el viernes pasado en el Vaticano al papa Francisco que estaba “en paz”, a la misma hora en Asunción se conocían detalles escandalosos de la antología del disparate cometido por los dirigentes de la ANR, cayendo en el ridículo y la burla ciudadana con el tendal de firmas falsificadas “de vivos y muertos” en la “iniciativa popular” al Congreso para pedir la enmienda pro rekutú.
De las 366.000 rúbricas del “firmatón” devenido en “papelón”, hasta el momento se calcula que más de 100 mil son falsas, lo que habla de la envergadura del ilícito cometido por los líderes proponentes de la reelección, a sabiendas de que tamaño delito no podría quedar escondido ni impune.
¿Qué le movió a la dirigencia que rodea al presidente Cartes a realizar este atropello a la sociedad, cual vulgares delincuentes y atracadores de la voluntad popular?
En cualquier república seria, las barbaridades perpetradas en las planillas hubieran invalidado de entrada la presentación del pedido de enmienda, que ya de por sí colisiona con claras y expresas normas constitucionales. Pero sólo en el Paraguay es posible que la Fiscalía dé largas al asunto y que pronto el asunto quede sólo en el recuerdo como un chiste de mal gusto.
Pero si HC persiste en su intento de enmienda, a pesar de todos los cuestionamientos a su proceder que provienen de la sociedad paraguaya, quiere decir que está muy seguro de contar con el apoyo de algunos liderazgos políticos que le dan oxígeno en su aventurera búsqueda del poder total, como el caso de Fernando Lugo o de Blas Llano, aquejados como el jefe de Estado de la malsana y compulsiva afición de pasar por encima de las normas legales preestablecidas en toda sociedad civilizada.
Humor de perros
Cartes regresó de su gira por Medio Oriente y Europa con cara de pocos amigos e inmediatamente habló de un verdadero sabotaje a sus ínfulas de dictador. Iba a presentar como un logro para pedir la reelección el hecho de que por poco no le convencieron que era el campeón de la transparencia, en el foro de Davos, Suiza, pero sus muchachos de acá no cumplieron con el papel que se les había asignado.
La dirigencia colorada oficialista se mostró remisa al principio a dar a conocer las listas de firmas por la reelección, pero, finalmente, tuvieron que ceder precisamente por la vigencia de la ley de información pública, tan alabada en el Foro Económico Mundial. Se puede decir que la transparencia le jugó esta vez una mala pasada al cartismo.
Sería difícil desde luego evitar que trascendieran las miles de firmas apócrifas, por lo que al Tribunal Electoral no le cupo otra salida que ceder a la presión de los medios de prensa y al interés de la gente en conocer si su firma aparecía en el ya famoso adefesio del supuesto apoyo a la reelección.
¿Qué había pasado? Es muy fácil llegar a la constatación de que los responsables de la “firmata trucha” se abroquelaron alrededor del titular de la ANR, Pedro Alliana, quien, sin embargo, no estaría del todo contento con encabezar el lote de facinerosos. El sabotaje a HC provendría de algunos dirigentes que no fueron precisamente quienes dieron la cara y se pusieron a disposición de la Fiscalía.
Como un consuelo para HC, en Concepción el mismo viernes pasado, y el martes en Ciudad del Este, la dirigencia armó concentraciones para insistir con el gastado asunto del rekutú sin fundamento legal. Entre los propiciadores de la campaña de adulonería estaban Juan Afara y el inefable Javier Zacarías Irún, quienes “in pectore” buscan que fracase la intentona autoritaria del cartismo pero que de bocas para afuera se muestran funcionales a los devaneos absolutistas de HC, porque de continuar el presidente por un nuevo período, creen que continuarán bajo el paraguas protector del jefe de Estado y evitar así las investigaciones sobre los fondos que manejaron antes o los que manejan ahora.
No puede ser objeto de referéndum
La campaña cartista “Que la Gente Decida” ha sido no sólo una grosera bofetada a toda la sociedad paraguaya, por las miles de firmas falsificadas de los “proponentes” de la enmienda para la reelección, sino que nació muerta desde un principio, ya que está suficientemente aclarado por la Constitución y el Código Electoral que las “elecciones nacionales” no pueden ser objeto de referéndum, y, por ende, tema de una iniciativa popular como la que plantearon los promotores del rekutú de Horacio Cartes.
El procedimiento de la enmienda está totalmente vedado por la Constitución Nacional para la revisión de los modos de elección y la duración de los mandatos, por lo que no corresponde que más de 30 mil electores lo hagan, en el caso que esa cantidad sea la legítimamente rubricada en el pedido colorado al Congreso. Eso lo establece el artículo 290 de la C.N.
Mientras que por el artículo 122 de la C.N. no podrán ser objeto de referéndum a pedido popular, temas como “las elecciones nacionales”, cuya consecuencia lógicamente es la duración de los mandatos y la posible reelección, hoy prohibida para el presidente de la República.
A estas alturas, la campaña “Que la Gente Decida” ha caído en el total descrédito por las miles de firmas fraudulentas y en completo despropósito dada su ilegalidad manifiesta por donde se la mire, atendiendo a los preceptos constitucionales citados.
El planteamiento de enmienda para la reelección, por lo tanto, debe ser rechazado de plano en el Congreso de la Nación, en vista de su manifiesta colisión con las normas constitucionales que reglan la reforma y la enmienda de la C.N.
Acatar la Constitución
A Horacio Cartes no le queda otra opción que cumplir a rajatabla con lo establecido en la Constitución Nacional, acerca de la prohibición de candidatarse para un nuevo período, tal como ocurrió con sus antecesores.
Convertido en un émulo de aprendices de dictadores como Evo Morales de Bolivia, Rafael Correa de Ecuador o Daniel Ortega de Nicaragua, pertenecientes a la cohorte de los bolivarianos, HC pretende forzar el texto constitucional que le prohíbe expresamente acudir al método de la enmienda para abrir la posibilidad de su reelección, acudiendo al slogan “Que la gente decida”, acuñada por sus asesores comunicacionales.
En su última gira, el presidente cosechó elogios por la situación estable de la economía y por la supuesta transparencia en su gestión, pero la comunidad internacional tomará nota en forma negativa de su atropello a la Constitución, en el caso que ello ocurra. Es lo que el mismo Papa le habría advertido, acerca de preservar los valores democráticos y cumplir con lo que norma la Ley Fundamental de la República.
Según la posición cartista, que acompañan Lugo, Llano y Nicanor Duarte Frutos, se debe dejar “que decida la gente”, porque actualmente los ex presidentes se sienten excluidos en su derecho político de participar en las compulsas electorales, a pesar de la “popularidad” que tendrían. Sin embargo, todo indica que estos políticos sólo hacen de comparsa de HC, quien desde el poder ostenta mucho más ventaja que sus oponentes para hacerse con el “unicato” en forma indefinida, con la maquinaria partidaria de la ANR y el dinero de sus negocios.
En la entrevista con el Papa no habrá faltado la manifestación del Pontífice en el sentido de respetar lo que establece la Constitución, conociendo la posición de la Iglesia en contra de una nueva presidencia de Fernando Lugo, quien fue desplazado del poder en junio de 2012 por un juicio político exprés que contó con el beneplácito de la cúpula jerárquica eclesial y a renglón seguido vino el reconocimiento inmediato al nuevo Gobierno de Federico Franco, siendo el Vaticano el primer Estado en hacerlo.
La insistencia cartista en plantear la enmienda por la reelección, después del “sabotaje” de las firmas truchas, puede conducir a un rotundo fracaso que dejaría marcado con malos presagios el último tramo del gobierno de HC. El “putsch” de la cervecería de Munich de Adolf Hitler, en noviembre de 1923, que fue un clamoroso fracaso, podría ser un parangón siniestro de quien, en otro tiempo y en condiciones diferentes, trata de establecer también su propia dictadura en esta república sudamericana que hasta hace sólo 25 años aún se regía por la Constitución de Stroessner, otro personaje simpatizante del nazismo.
A estas alturas, habría que recordar a Cartes y a Lugo, que sus ansias de poder dictatorial deberían dejarlas de lado en atención a las múltiples necesidades del mismo pueblo que dicen defender, ya que se van acumulando los grandes problemas nacionales, sin solución a causa del ya largo y recurrente asunto de la reelección.




























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