El hecho que protagonizó el pasado jueves el abogado Paraguayo Cubas en el despacho de un magistrado es nada más que el fiel reflejo de la clase de justicia que tenemos en el país. El profesional defecó en la sala del juez, buscando de esa manera graficar, que convivimos con un poder judicial empavonado con la “mierda”, expidiendo olores nauseabundos.
Capaz que la actitud de Paraguayo sea criticable, desde algunos puntos de vista, pero hay que mirar y analizar el lugar donde rodó la escena, si merece el respeto y la consideración de la ciudadanía. Fue en una de las oficinas de uno de los poderes más corruptos del Paraguay, la justicia, que no constituye ninguna garantía para la población, porque siempre estuvo y sigue estando al servicio de los más poderosos, atenta al tintineo del vil metal.
El “regalo” que dejó Paraguayo Cubas en el recinto del juez Amilcar Martínez, es la misma que diariamente se comete en varios juzgados y fiscalías de Ciudad del Este, donde la única diferencia se encuentra en el olor que expide. La corrupción de la justicia y la mayoría de las instituciones del Estado ha traspasado todos los límites, hasta lo inimaginable, transformando esta república en un mercado persa, al mejor postor.
Muchos se preguntarán, si porqué el profesional del foro fue a defecar a la oficina de un magistrado. La acción o la conducta, desde la óptica humana propiamente, está mal. Pero cualquier acción genera una reacción. Esto fue lo que impulsó o empujó a Paraguayo Cubas a manifestarse de esa manera, queriendo mostrar o transmitir a los habitantes de este país, especialmente a aquellos que viven con los ojos tapados, que las instituciones no funcionan, y que la justicia es un verdadero adefesio.
Se llega a esto, cuando la racionalidad impide entender la realidad, comprenderla y modificarla por los conductos establecidos, momento en que no sobra más resquicios que recurrir a la irracionalidad y a cierta locura, generando la reacción natural de las personas, que se sienten vulneradas en sus legítimos derechos.
Los hechos generados en los últimos días en esta capital departamental nos llevan a concluir que nada está bien en este país, tomando el claro ejemplo de la instantánea reacción de un sujeto, que observa impotente cómo se violan la constitución y las leyes, lesionando gravemente el estado de derecho.
Nuestras autoridades constantemente critican y repudian a gobiernos con rémoras autoritarias, como el caso de Venezuela, que aparte de convertirse en un gobierno totalitario, atraviesa una terrible crisis socio-económica. ¿Tiene autoridad moral el actual gobierno paraguayo para hacerlo? Es evidente el rebrote de autoritarismo que comenzó a aflorar de nuevo en el país, tras la caída del stronismo hace 27 años atrás (1989).
Y esta actitud se evidenció en las últimas semanas aquí en la capital del Alto Paraná, donde dos abogados (Paraguayo Cubas y Jorge Britez) y el concejal municipal, Celso “Kelembu” Miranda fueron llevados presos por criticar y protestar contra la corrupción imperante en la gestión de los Zacarías, al frente de la municipalidad y la gobernación del décimo departamento respectivamente.
Para el clan esteño no existe la ley ni la Constitución. Aquí sólo impera la Ley Zacarías, con el slogan que le caracteriza a los abusadores del poder: “Para los amigos todo, para los enemigos la ley”. La defecación de Paraguayo Cubas en el despacho del magistrado Martínez, es la misma inmundicia que a diario se observa en el recinto del Poder Judicial, donde la diferencia sólo está en el olor.




























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