Escribe: Luis Alen.
Los miles de manifestantes cooperativistas y campesinos en Asunción, más la marcha por la transparencia y contra la corrupción en Ciudad del Este, no fueron suficiente para cambiar de postura a un tozudo Horacio Cartes, que vio las protestas como un desafío directo a su poder acumulado en tres años de gestión.
Es importante hacer notar que las protestas adquirieron un cariz netamente político, y en el caso de Ciudad del Este, lo notorio es que la movilización ciudadana aún no logró su cometido y deberá continuar hasta lograr la salida del clan Zacarías del poder comunal.
No bastará una resolución de la junta municipal solicitando la intervención de la administración de Sandra McLeod, porque el problema va adquiriendo un alcance más nacional, ya que Javier Zacarías Irún se aferra a la alternativa de hierro que le queda, como es identificarse totalmente con el movimiento del presidente de la República con tal de salvar su pellejo.
Por ese motivo, las manifestaciones en CDE deberán continuar, mientras resulta evidente que en el resto del país, el cartismo está logrando superar la prueba de fuego de cierres masivos de calles y rutas.
La pulseada por el poder
Al igual que en el caso de la condonación de deudas a los campesinos, todo lleva a pensar que el problema cooperativo no es sólo financiero o de la forma en que se orientan finalmente los recursos monetarios o fiscales por parte del Estado, sino se trata de una pulseada por el poder.
Los manifestantes lograron imponer su ley en las calles de Asunción, provocando la exasperación e incluso la ira de los capitalinos, con la mirada complaciente de la misma policía, que recibía la orden de no actuar, evitando así la provocación para no pasar a situaciones fuera de control.
Era evidente que el Gobierno no quería arribar al terreno en el que le querían llevar las protestas con cierres de calles, ni deseaba hacer el juego a la desestabilización. Es que las autoridades sabían que se puso en marcha un ejercicio para empezar a probar las fuerzas que se medirán en la pulseada por el poder en 2018.
Desarmar las manifestaciones le es fácil al Gobierno, probablemente concediendo a las cooperativas alguna solución intermedia, como ya se estaba esbozando esta semana, y así de paso romper el acuerdo entre cooperativistas y campesinos, sin que éstos últimos también ya tengan el oxígeno para seguir en las calles.
El presidente Cartes demostró que puede hacer frente a grandes presiones, como también ocurre con otras menores. Es el caso de los reclamos estudiantiles para la salida de la ministra de Educación, Marta Lafuente, que además es su pariente.
Pero hubo una excepción a la regla, en el caso de los médicos que paralizaron los hospitales por un día en reclamo de que no fueran a la cárcel por negligencia dos médicas de Ciudad del Este condenadas por la Justicia en las tres instancias, pero que finalmente tuvieron revisado su proceso por la Corte Suprema.
El caliente otoño, climático y político, no se convirtió en el “Abril paraguayo” por la consolidación del poder del mismo HC, que ahora maneja a su gusto y paladar al Partido Colorado, con una cómoda mayoría en su junta de gobierno.
Los partidos de oposición sólo atinaron a seguir “desde las graderías” la pulseada entre el Gobierno y los manifestantes, donde sólo el Frente Guasu de Fernando Lugo apareció impulsando las protestas. Pero solamente eso y nada más, en lo que apareció como la derrota final de los manifestantes, ya que ningún otro sector ciudadano se les acopló.
Falta de respuesta social
Hasta cierto punto, en apariencia se podía observar la falta de cintura política de Horacio Cartes para sortear la fiebre de manifestaciones por las calles asuncenas, en lo que ya aparece como la confirmación no sólo de la incapacidad para dialogar con el frente social de parte del presidente, sino de la cosecha que está realizando el Gobierno de la ausencia absoluta de un plan de desarrollo, en estos casi tres años de gestión, que busque sacar de la pobreza y la miseria a amplias capas de la población.
Sin embargo, hay aspectos que analizar con referencia a una especie de “ensayo” que hubo para medir el grado de preparación de las fuerzas políticas para la gran pulseada de 2018.
El ministro del Interior de HC, Francisco de Vargas, expresó el sentir de su jefe cuando salió a difundir la muy discutible idea de una posible conspiración en marcha, previa desestabilización para pasar después a una especie de “Abril Paraguayo”.
El Gobierno cumplió con sus atribuciones al no dar lugar a una condonación de deudas a los campesinos que todos tendremos que pagar, porque saldrán de los impuestos, y más aún porque no se sabe exactamente la lista y los montos a cubrir. Además, no deben existir grupos de interés que presionen para no pagar sus deudas, cuando el resto de la población lo hace. Lo mismo pasa con la exoneración del IVA a las cooperativas, un viejo tema en discusión que el Senado volvió a rechazar. ¿Por qué tiene que haber grupos privilegiados eximidos de pagar tributos?
Se ha dado el caso de una sorprendente amalgama entre sectores tan dispares como los cooperativistas de ahorro y crédito, un sector básicamente urbano, y el de los campesinos, mayoritariamente provenientes del departamento de San Pedro y liderados por Elvio Benítez, un conocido dirigente afecto a las “tierras liberadas” anticapitalistas, pero llamativamente aferrado al “guaraní-ducto” de la filantropía estatal.
Se habla incluso del financiamiento de los directivos cooperativistas, para la presencia continuada de contingentes de labriegos en plazas y calles de la capital, con el fin de dar más fuerza a los pedidos de cambios en el proceder gubernamental. Es que no se trata sólo de un simple reclamo social, como tantos otros, porque hay mucho más en juego con la protesta mancomunada de estos importantes sectores de la sociedad.
La protesta cooperativa se debió básicamente al hecho de que, por primera vez, un Gobierno se animó a intentar el corte de los privilegios con que cuentan estas entidades para competir en inmejorables condiciones con los bancos y financieras en la captación de una buena parte de los recursos del mediano y pequeño ahorro. La aplicación del IVA iba a poner a competir en igualdad de condiciones a todas las entidades financieras, tal como manda la Constitución.
Lo mismo se puede decir de la vigencia del sistema proporcional en la conformación de las directivas de los entes cooperativos, según lo establece el Código Electoral. Es como decir que, por fin, se iría a un sistema más democrático de gobierno en las cooperativas, introduciendo también en el manejo de ellas a los sectores opositores a las verdaderas “claques” que se eternizan en su manejo.
Pero lo cierto y concreto es que el Gobierno no cedió terreno hasta el momento a las grandes manifestaciones, con lo cual se consolidó el poder cartista. Habrá que ver hasta qué punto podrá aguantar después la continuidad de reclamos sociales por la transparencia y contra la corrupción, como el caso de CDE.




























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