Nada es como parece…

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Al decir de Michel Foucault, filósofo de nacionalidad francesa, “la razón es el último estadio de la locura”, afirmación que nos lleva a pensar que todos, de forma apenas perceptible, vivimos en estado demencial y cuando llegamos a la razón, lo hacemos visible, porque todos queremos ser reconocidos por lo brillante y razonable que somos, aunque esta razón no sea más que el más peligroso estadio de la insania mental.
El cuadro del “desarrollo económico del Paraguay” es un diagnóstico claro de cuán desequilibrados estamos. En relación al significado de la expresión, ella no denota precisamente la buena salud del bolsillo de la totalidad de los paraguayos. Veamos por qué. 
El desarrollo económico del país debería ser una medida que incluya a todos los habitantes de la república, porque en general somos agentes económicos activos.  Cuando hacemos referencia al desarrollo se está hablando del paso o movimiento de un nivel económico concreto a otro más avanzado, el cual se logra a través de un proceso de transformación estructural del sistema económico, con el consiguiente y lógico efecto dominó, que debería aumentar los factores productivos disponibles, orientados a su mejor utilización, teniendo como resultado un crecimiento equitativo entre los sectores de la producción. 
El desarrollo implica mejores niveles de vida para la población total y no sólo un crecimiento del producto, por lo que debería representar cambios cuantitativos y cualitativos visibles en la vida de la gente.
Las expresiones fundamentales del desarrollo económico son: aumento de la producción y productividad percápita, en las diferentes ramas económicas, y aumento del ingreso real percápita, o por cada individuo que habita la república. 
En Paraguay tendremos, según informan los economistas, sorprendentes  niveles de crecimiento económico, pero ello, aunque parezca un desatino no beneficiará a todos, y en especial no será de provecho notable para los sectores empobrecidos.
El Banco Central de Paraguay (BCP) elevó del 10,5% al 13% su previsión de crecimiento del producto interno bruto (PIB) para este año 2013, ésta previsión coloca de nuevo al Paraguay entre los países de mayor crecimiento, sin olvidar que el país ya obtuvo en el 2010 el primer lugar en crecimiento económico del mundo. 
La parte alocada de este diagnóstico es que el crecimiento de ingreso de dinero al país no asegura para nada el desarrollo y el incremento del nivel de vida de la población en su conjunto. Es decir, no porque ingrese más dinero, esa plata automáticamente irá a distribuirse de forma equitativa en la economía de todos los paraguayos, por lo menos en la medida en que ella permita salir de la pobreza al 48% de la población. Para que ese milagro acontezca se precisa de una enérgica dinámica política, comprometida con la eficiencia y el patriotismo.  
La inoperancia criminal de los gobiernos sucesivos es por lo que se dejan pasar las grandes oportunidades de desarrollo del nivel de vida de los paraguayos, (Nutrición, seguridad, vialidad, ciencia, educación, sistema de salud, servicio de transporte, arte, deporte, empleo etc.). Oportunidades que llegan en forma de crecimiento económico que favorece únicamente a los agentes directos de los mismos, como lo son los grandes sectores de producción agro ganadera, exportación energética, triangulación y especulación financiera.
El nivel y la calidad de nuestra clase política, incapaz de generar una ingeniería de transferencia del PIB a los tejidos sociales, es, cosa de locos, el mayor y probablemente único impedimento que frena e impide  que los habitantes del Paraguay puedan disfrutar de los incontables bienes que conforman su rico patrimonio común. 
Hasta tanto no mejoremos la calidad y efectividad de la gestión política en Paraguay, los únicos ricos, a más de los que sustentan el aparato de la producción, serán aquellos que sin rubor se enriquecen de forma ilícita abusando de los privilegios del poder.
La gestión del flamante gobierno es capital para que el gran crecimiento económico vaticinado para el Paraguay en este 2013, no sólo sea para unos pocos y sí, se transforme en herramienta útil para mejorar el nivel de vida de todos los paraguayos.

Escribe: José Martínez

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