
Escribe: Luis Alen.
El nombramiento de Angel María Recalde al frente de la entidad binacional Yacyretá sorprendió a todos porque sus antecedentes se remontan a cuando ya ejerció el mismo cargo en la gestión de Nicanor Duarte Frutos, con el nefasto resultado del famoso Preacuerdo con el Gobierno de Néstor Kirchner en el tema de la deuda de la EBY, y que nunca fue aprobado por el Congreso paraguayo.
Se debe recordar al respecto que el pago de la deuda de la entidad a la Argentina se debía realizar en términos de energía (kilowatt-hora equivalente), asociada a la potencia contratada, a un precio fijo durante 42 años. Es lo que se conocía como la “novación”.
Además, el acuerdo implicaba la aceptación tácita de la Nota Reversal de 1992, rechazada por el Congreso paraguayo en 1995, pero aplicada en forma arbitraria e inconsulta por Yacyretá para establecer la tarifa. Esto es así porque el Preacuerdo contemplaba también el pago diferido de los beneficios paraguayos como la compensación por territorio inundado, pero a plazos incluso mayores que los previstos en el Tratado.
Con la designación de Recalde, parece que el Gobierno de Cartes incurre en lo mismo de siempre, porque no le importa que los directivos paraguayos de Yacyretá sigan manejando la binacional en forma ineficiente, arbitraria, desprolija, con muy poca transparencia y con alta influencia “politiquera”.
Es que en más de dos años de negociaciones del Anexo C del Tratado, la forma de manejo poco prolija no ha logrado nada, los argentinos siguen violando el Tratado y manejando a su antojo la binacional, tanto en el aspecto técnico como financiero. Los nombramientos innecesarios de políticos, pagos irregulares, comisionados en instituciones municipales, despilfarro en obras en ciudades que están fuera del área de influencia de la EBY, son algunos de los aspectos desprolijos a los que los representantes paraguayos en el Consejo ya nos tienen acostumbrados.
A partir de que lo renunciaron a Juan Schmalko, se esperaba que el operativo “limpieza” en Yacyretá debía continuar, pero hasta el momento es muy llamativa la tolerancia de HC para seguir manteniendo en sus cargos a la cúpula dirigencial de la EBY, incluyendo a los miembros del consejo de administración, salvo el caso de la recientemente nombrada Sheila Abed, la ex ministra de Justicia, que pasó a aportar su experiencia en materia de derecho internacional.
Como es el consejo de administración el que marca las pautas a los directores, resulta necesaria la presencia de técnicos que conozcan el manejo de la hidroeléctrica, y por sobre todo gente honesta, dispuesta a erradicar las prácticas corruptas o clientelistas de nuestra clase política.
El mensaje de HC
También resulta llamativo que HC le haya nombrado a Recalde, siendo éste el factótum de la negociación del Preacuerdo de 2006 con Kirchner. ¿Qué mensaje le está enviando Cartes a Mauricio Macri, sabiendo que éste no quiere saber nada de ninguna herencia del kichnerismo en la nueva administración argentina?
Mientras el presidente argentino Mauricio Macri ya ha nombrado a los nuevos dirigentes del lado vecino, tanto el director como los miembros del consejo, en nuestro país se ha iniciado el trámite con la salida de Schmalko. Pero aún falta la salida de otros miembros del consejo, como Gustavo Samaniego, cuya ausencia en el acto de asunción del nuevo director no ha dejado de llamar la atención.
Para febrero se espera la primera reunión de los cancilleres de ambos países para analizar la revisión del Anexo C del Tratado y el tema de la deuda. Este último es prioritario para el Paraguay, y sin su solución no habrá posibilidad de iniciar el análisis de las nuevas obras para aumentar la capacidad productiva de la usina, según volvió a sostener el ministro Eladio Loizaga, de Relaciones Exteriores.
Los nuevos directivos argentinos tienen precisas instrucciones de Macri de avanzar con los paraguayos en las obras adicionales que permitan mayor generación de energía para la Argentina. Esto permitirá pasar de una potencia instalada de 2.700 MW a 3.835 MW, con lo cual se agregarán unos 1.000 MW al sistema interconectado argentino en la próxima década.
Lo que se viene implica negociar convencidos de que el interés paraguayo pasa, es cierto, en primer lugar por la solución de los términos de la prestación financiera (Anexo C) y del tema de la deuda, pero también se impone una reorganización administrativa que evite seguir convirtiendo a la EBY en un “basurero de los politiqueros” para sacar suculentas tajadas a través de un tendal de planilleros.




























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