Escribe: Luis Alen.
La candidatura de Santi a la presidencia de la República no fue digitada por Horacio Cartes como una especie de capricho personal del jefe de Estado por ser una figura joven y atractiva para el electorado femenino, o por su experiencia en el manejo del presupuesto nacional, sino por una razón mucho más práctica, como es la vinculación clave de Peña a los procesos de contratación de la deuda con los bonos soberanos, a partir de 2012.
Es que HC quiere atar definitivamente la era Cartes a los dictados de la matriz financiera mundial, situada precisamente en los Estados Unidos, a donde de paso también quiere enviar el mensaje de haber “resignado” su desvarío por la reelección para poner como presidente a alguien más potable para la potencia hegemónica mundial.
No satisfecho con utilizar las inauguraciones de obras emprendidas por el Gobierno para hacer campaña electoral, arreando a los funcionarios para dichos actos, Horacio Cartes ahora amenaza con utilizar mayores recursos públicos en los próximos años en su obsesión por el poder total a través de inversiones faraónicas que comprometerán aún más la capacidad de pago de la deuda externa de varias generaciones futuras de paraguayos.
No hay respuestas
a crisis social
Pero a medida que en su delirio triunfalista HC propone metas desmesuradas, como que Paraguay co-organice el Mundial de Fútbol de 2030 con Uruguay y Argentina, al mismo tiempo le surgen datos de la realidad social frente a los cuales tiene poca capacidad de respuesta, como la mayoría de los integrantes de la clase política.
No sorprende desde luego que las propuestas políticas serias brillen por su ausencia en el campo social, a la vista de la carencia de instrumentos válidos que lleven a superar la pobreza extrema, la inseguridad, la baja calidad educativa o la carencia de salud pública para todos.
El planteo de aumentar las inversiones en infraestructura como forma de alentar la dinámica económica y la creación de empleos como fórmula para mejorar los indicadores de bienestar social, acudiendo al expediente de un endeudamiento externo exagerado sin basamento en la capacidad real de generar los recursos inmediatos para el servicio de repago de dicha deuda, ha sido el estandarte principal de la gestión del Gobierno Cartes.
Sin embargo, todo indica que HC optó por hacer caso omiso de las advertencias de algunos analistas económicos preocupados con el rumbo que va adquiriendo la dependencia de la banca internacional y se embarcó en la aventura de la captación de más y más deuda con los bonos soberanos, tal vez pensando que conseguirá continuar en la cresta de la ola y evitar así que otro Gobierno venga y le reclame por la forma en que se contrataron estos recursos.
¿Por qué eligió
a Santi Peña?
Horacio apuesta todas sus cartas a la victoria de Santi Peña en las internas de diciembre, ya que el ex ministro le fútil, primero como director del Banco Central y después en Hacienda, resultando un hombre clave para realizar las contrataciones de deuda sin mayores problemas en el equipo económico del Gobierno, a pesar de la inconveniencia de casi triplicar el endeudamiento externo e interno del Estado paraguayo, sin tener un análisis previo bien sopesado de los pro y contras de exponer al país a la conocida voracidad de los financistas de Wall Street.
Cartes se encarama al poder y no lo quiere dejar, ahora como candidato a senador y verdadero hombre fuerte del Paraguay, y eligió para la función de títere en la Presidencia de la República a un joven casi desconocido a quien a todas luces le queda muy grande el principal puesto de la República, que según la Constitución deberá tener no sólo la lapicera sino también la responsabilidad última por lo bueno o lo malo que realice el Gobierno.
El “mérito” de Santi ha sido el de aplicado gerente de HC para la contratación de los grandes préstamos con los bonos soberanos, que dicho sea de paso se consiguen sólo otorgando jugosas comisiones a los “brokers”, tanto externos como locales, que hacen el “trabajo” de conexión con los grandes fondos internacionales que se encargan de endeudar hasta más no poder a los países pobres del mundo como el nuestro.
La convocatoria de la convención colorada de octubre de 2016 no fue más que el rito teatral destinado a obligar a Santi a dar el paso fundamental de su vida, al dejar el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), por el cual había accedido en 2012 al directorio del BCP, con tal de continuar en el cargo de ministro de Hacienda con la bendición de HC y como posible delfín ya en vías de lanzamiento en el caso que no corriera la reelección, tal como vino a suceder seis meses más tarde, en abril pasado, con la confirmación de la bajada de pulgar de la potencia hegemónica norteamericana a las pretensiones de “rekutu” de Cartes.
Qué mejor candidato para los intereses de Cartes y de paso tranquilizar a Estados Unidos, que desde hace una década le tiene en la mira a HC por sus negocios turbios ligados al contrabando de cigarrillos, el narcotráfico y el lavado de dinero, con financiación incluida a grupos criminales o terroristas internacionales. Santi Peña resulta potable nada menos que para los intereses de Wall Street, que continúa siendo un poderoso compaginador de la alta política norteamericana, a pesar de los vaivenes impredecibles que toma la gestión del presidente Donald J. Trump en varios campos, incluido el financiero.
¿Un país a la deriva?
El cartismo pretende permanecer en el poder porque a Horacio no le viene nada bien el futuro, en el caso que fracase en su intentona de firmar los decretos a control remoto, utilizando para ello una lapicera que realmente fijará domicilio en la avenida España (donde está la residencia de Cartes) y no en la avenida Mariscal López, en Mburuvicha Roga, donde supuestamente despacharía Santi Peña una vez que asuma la presidencia, siempre en el hipotético caso que gane tanto la interna de diciembre como la general de abril de 2018.
HC está preparado para dirigir un país prácticamente a la deriva desde que este año no se tiene un presupuesto aprobado por el Congreso ni la contratación legal de deuda a través de los bonos soberanos, que se realizó por vías inconstitucionales nada menos que con el aval de una sometida Corte Suprema a los dictados cartistas.
Esta es el país sin “rumbo” definido que dejaría HC, o que podría seguir gobernando entre bastidores, dependiendo del resultado de las elecciones, pero lo que sí está claro es que con una banca en el Senado tendrá la posibilidad de tejer acuerdos políticos y contará con el fuero que le blinde ante las reclamaciones judiciales tanto internas como externas, como las que podría venir desde Estados Unidos, en el caso que se vuelva a mover el expediente del Operativo “Corazón de Piedra”, tal como se está sugiriendo con las publicaciones que salen sobre la implicancia de HC en el contrabando de cigarrillos “Palermo” de Tabesa, la empresa de propiedad del presidente.
El tratamiento actual del proyecto de presupuesto 2018 del Ejecutivo en el Congreso resulta hasta gracioso, por carecerse de parámetros válidos comparativos con el presupuesto de 2017, en vista de que éste fue vetado por HC y rige en consecuencia el cálculo de ingresos-gastos de 2016.
El país a la deriva por su situación financiera en emergencia desemboca así en lo que nos muestra la realidad social, con un Gobierno incapaz de dar respuestas a los reclamos de campesinos y estudiantes, que son atendibles pero que por la falta de medidas de fondo que tiendan a revertir la situación de pobreza de amplias capas de la población, continúan arrastrando desde hace décadas un atraso que ya no se puede tolerar.
Asimismo, se disparan la inseguridad y la carencia de atención integral de salud universal, con lo cual ya se tienen los ingredientes para poner a todo el Paraguay en una situación de extrema crisis de sus principales indicadores sociales, y esto a pesar de la imagen que el Gobierno quiere dar, con inversiones realizadas sobre la base de un endeudamiento desmedido.




























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