Escribe: Luis Alen.
La defección de Mario Ferreiro en la carrera presidencial lleva a una inquietante conclusión, acerca de lo difícil que se presenta para la oposición, tanto interna colorada como extra ANR, la lucha contra la acometida cartista por el poder absoluto.
Si se pensaba en la capacidad del intendente de Asunción de aglutinar a los opositores al plan continuista de HC, ahora, con la deserción del primer caballo de la oposición casi se les puede dar la razón a quienes piensan en la casi imposible proeza de vencer al “señor de los bolsillos”.
Es que a Horacio Cartes, por increíble paradoja, se le dio a pedir de boca la aprobación de su plan B absolutista cuando aún repicaban las campanas de triunfo de la oposición contra el adefesio jurídico y constitucional de la enmienda para la reelección, su fallido plan A.
Y para que se concrete este virtual nuevo golpe de Estado, se le volcaron los necesarios votos opositores barriendo por enésima vez con la legalidad constitucional, culminando así un proceso destinado a marcar la política paraguaya en los próximos meses y años.
Ferreiro se refugió en la explicación de su necesidad de encarar las obras urgentes para remozar la desaliñada y sucia capital, pero en el fondo estaba reconociendo la inutilidad de pretender encabezar una campaña en solitario o secundar una dupla con Efraín Alegre, a la vista de la arremetida de HC por el poder total, contando éste con todos los medios a su disposición, ya sea provenientes de su billetera o de los recursos del Estado.
A estas alturas, la lucha opositora parecería concentrarse en la esperanza de sumar bancas legislativas, gobernaciones o concejalías departamentales, como premio consuelo, a la vista del fracaso por conformar un frente unido para buscar la presidencia de la República.
No es ningún secreto que gran parte del fracaso de los opositores en lograr un frente unido anticartista ha sido, precisamente, el hecho de que HC se les adelantó al causarles un grueso agujero en su línea de flotación a la pretendida unidad opositora con miras a 2018, con un “exocet” cargado de ofertas monetarias, protección en la Justicia y cargos para los paniaguados.
Stronismo sin Stroessner
El remedo autoritario cartista parecería sacado de un libreto stronista, recordando lo acontecido en la época dictatorial de 1954-1989, cuando Alfredo Stroessner se mantuvo en el poder gracias a la apariencia del ropaje democrático que le brindaba la oposición “rentada” liberal y febrerista, que se avino a “participar del proceso”, con lo cual se daba así un barniz constitucional al brutal régimen antidemocrático y absolutista.
Lo mismo ocurre ahora, salvando las distancias y al amparo de la Constitución más democrática de la historia nacional, como es la de 1992. Pero lo más sobrecogedor es que referentes importantes de la oposición, incluyendo al ex obispo Fernando Lugo, han preferido hacer de lacayos del nuevo “hombre fuerte” paraguayo, en vez de luchar contra él una vez que fracasó el proyecto de reelección.
Con Cartes mordiendo el polvo de la derrota, era el momento de evitar que la nación cayera definitivamente en la genuflexión y postración de la ciudadanía, ya entonces casi resignada a quedar atrapada en las garras de una nueva aventura autoritaria, de las varias que ya tuvo la historia del Paraguay.
Pero pudieron más los cantos de sirena del poder, con su atracción del ruido de monedas de oro, de un sinfín de canonjías y prebendas, o de la refrescante impunidad para tantos negociados adornados de latrocinios.
No de otra forma se explica la pérdida inducida por la propia inacción u omisión de la fracturada oposición, ante la oportunidad histórica de volver a la senda democrática de la alternancia y de nuevas propuestas programáticas, que den vía libre a las soluciones de ingentes problemas sociales y económicos, a la vista de la rotunda inutilidad cartista en la lucha contra la pobreza y la falta de oportunidades de empleo seguro para la gran mayoría de la población.
¿Es generosa la billetera?
Llega también el momento de desmontar el mito de la generosa billetera de Horacio. Por el contrario, los datos a mano están desmintiendo que el elevado “costo” de la compra a una buena parte de la oposición salga necesariamente de los bolsillos profundos de HC.
Si se realiza un análisis riguroso de dónde salen los recursos para alquilar conciencias por parte del cartismo, se llega siempre a identificar la misma fuente, que es sin ninguna duda el Estado, bajo la espada de Damocles que implica para la ciudadanía un déficit fiscal que no para de crecer en el período de gobierno de Horacio.
Ahora ya se está hablando en Hacienda de un déficit que rondará este año, como en años anteriores, los 400-500 millones de dólares, que en cinco años de gestión de HC llevarían a un “rojo” de más de 2.500 millones de dólares, que es una suma casi equivalente al total de bonos soberanos emitidos por este gobierno desde 2013.
Al ex ministro de Hacienda del gobierno de Federico Franco, Manuel Ferreira, no se le escapa que la principal variable que pone en riesgo la estabilidad futura de la macroeconomía del país es el déficit fiscal omnipresente en la gestión de HC, y que si no se para este carnaval la situación puede volverse insostenible en un futuro no tan lejano.
Las recetas para frenar este desmadre financiero son conocidas, pero nadie se anima a llamar las cosas por su nombre, y decir que el pretexto de las obras de infraestructura ya no corre, puesto que casi todo el endeudamiento que contrata el gobierno se destina nuevamente al pago del servicio de la deuda.
Pero lo más grave viene ahora, pues el impacto que habrá sobre la capacidad de pago estatal en los próximos ejercicios es tal, que casi con seguridad, si no se aumentan los impuestos y se reduce drásticamente el gasto público, ocurrirá más temprano que tarde un verdadero “crack” financiero fiscal de incalculables consecuencias sobre la estabilidad monetaria y el ritmo de desarrollo económico.
Sin embargo, al Gobierno de HC le resulta más cómodo seguir endeudando al país hasta más no poder, con tal de que le resten fondos destinados a financiar su plan de permanencia en el poder, más allá de 2018.
Lo correcto hubiera sido frenar la emisión de bonos y aumentar los impuestos, comenzando por cobrar a los que más pueden pagar y muy especialmente a los comerciantes e industriales que sólo pagan un mínimo impuesto a la renta. A la vez, la propia industria tabacalera ligada a Cartes debería pagar mucho más tributos, empezando por un mayor control de sus pagos, al existir sospechas de que sólo paga la mitad de lo que debería aportar, según las denuncias obrantes en los estrados judiciales contra empresas del sector, entre ellas la vinculada al grupo empresarial del jefe de Estado.




























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