“País bananero”

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Este es el calificativo que se tiene de nuestro país en el exterior, por la falta de voluntad política de los sucesivos gobiernos que ocuparon el poder en el pos Stroessner para buscar acabar con el bandidaje en el Paraguay.

Mientras aquí los parlamentarios están modificando un artículo de la Constitución Nacional para lograr un autoblindaje contra cualquier investigación judicial, en el Brasil poderosos políticos, empresarios y autoridades del gobierno están presos por presuntos hechos de corrupción.

El último que fue a parar entre las rejas es nada menos y nada más el dos veces presidente de la República del Brasil, Ignacio Lula da Silva, quien fue condenado por 12 años y un mes por corrupción pasiva, en el sonado caso del “Lava Jato”, en donde aparecen involucrados más de 300 personas, entre parlamentarios, ex parlamentarios, empresarios, miembros del gobierno anterior y actual, en el escándalo de Petrobras, la poderosa empresa petrolera del Estado.

Salió un reciente informe de Transparencia Internacional donde coloca a Paraguay en el quinto lugar entre los países más corruptos de Latinoamérica, solamente detrás de Venezuela, Haití, Honduras y Guatemala.

Es necesario que aparezca una verdadera voluntad política de los gobernantes para dar vuelta la página de la historia. El país exige una transformación general del sistema político actual, que desde décadas está estigmatizado por la corrupción. Sin embargo, en las últimas décadas lejos de acabar con este mal, los gobiernos sucesivos se dedicaron a apañar a ladrones y corruptos, que tanto daño ya han causado a esta república.

La pésima imagen que se tiene de Paraguay, tanto adentro y afuera, se debe buscar revertir si verdaderamente se piensa en construir un país con equidad social para todos. Pero si los gobernantes desean mantener el status quo, este país continuará sumido en el más absoluto abandono y pobreza de su pueblo.

Esta nación merece salir del aislamiento y dejar atrás el concepto de “país bananero” que por décadas nos tiene en el ostracismo, en comparación a otros países en vías de desarrollo de la región. Es hora que las autoridades del próximo gobierno demuestren patriotismo y nacionalismo, dejando atrás las ambiciones personales y sectarias.

No se puede continuar con mezquindad, llevando a una terrible miseria a un alto porcentaje de la población paraguaya, mientras que un puñado de casta privilegiada se enriquece a costa del pueblo. Es injusto que se siga permitiendo que una banda de facinerosos se embolse el dinero del pueblo, y que no se le castigue.

Un ejemplo vivo se tiene aquí en la capital del Alto Paraná, donde un grupo político (clan Zacarías) ha dilapidado todos los recursos públicos de la municipalidad, y nunca siquiera fue investigado por los organismos competentes. Siempre gozó de una amplia impunidad, otorgada por las autoridades de turno. Protegido como este clan político esteño hay muchísimos en el Paraguay.

 

Ojala que con el nuevo gobierno este tipo de privilegios termine por el bien del pueblo paraguayo. Es hora en poner fin a uno de los mayores flagelos en este país, que es la corrupción. De lo contrario, seguiremos llevando en la frente el estigma de “país bananero”. 

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