Escuché decir a muchos que en Paraguay las leyes no son respetadas, es más, acreditan que son completamente inútiles, y créanme que en esto último estoy completamente de acuerdo, no existe nada más inservible que una ley violada.
Es tan sólo un escrito con la incómoda claridad de aquello que en teoría tiene la majestad de lo indiscutible, siendo en realidad, apenas aquél requisito inferior pisoteado, que logra poner en las manos de los que la ultrajan el prohibido objeto del deseo.
Algunos aseguran que la ley y la trampa son hermanas gemelas, andan siempre juntas, por aquello de… Hecha la ley hecha la trampa, el principio vil que precede toda astuta gestión de los embusteros.
Una ley que no pasa del papel es sólo tinta, la cosa cambia cuando esa ley escrita cobra vida, cuando se le inyecta la fuerza de la acción, cuando en vez de sólo leerla la cumplimos, en ese instante, aquel simple palabrerío garabateado con exagerada precisión se agiganta y cambia la vida de las personas, se convierte en un poder directriz que lleva a cada quien hacia lo que legítimamente le pertenece.
Los países que sólo tienen leyes escritas son pueblos sin vida, no tienen rumbo y no tienen futuro, se transforman en junglas, donde la ley del feroz se impone, cual látigo sobre las espaldas sangrantes de los que en silencio, no tienen el coraje de protegerla. Los fuertes las violan y los débiles que la cumplen son el objeto de las burlas.
Los que avanzan son aquellos apegados a la ley, los que aún incómodos, la respetan y la cumplen.
El desarrollo de los pueblos líderes del mundo está cimentado en el respeto a la ley, ella es la piedra fundamental del bienestar, las oportunidades y la equitativa distribución de los bienes. Los países amarrados al respeto de la ley son habitados por gente segura, aplomada y generosa.
Las odiosas desigualdades que oprimen a las naciones sin ley son el reflejo de cómo sus habitantes se amañan para burlar a los mandatos legales.
Demasiadas personas en Paraguay alardean de logros obtenidos al margen de la ley, aunque resulta vana la gloria, de aquel que sabe en su corazón que sus logros no son más que la resultante de las trampas y burlas a las normativas jurídicas.
No podrán disfrutar de sus victorias aquellos que se alzaron con el triunfo burlando las normas del juego limpio, y aunque hoy muestren los falsos oropeles de sus mentiras, tarde o temprano, la estrepitosa caída que espera en un cruce cualquiera a quienes transitan por el resbaladizo camino del irrespeto a la ley, romperá en mil pedazos la falsedad de sus trofeos.
Escribe: José Martínez




























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