“Santiago Peña será un candidato diferente”, “romperá el esquema tradicional partidista”, fueron algunos de los jingles oídos en los últimos días en el entorno más inmediato del presidente Horacio Cartes, quien está dispuesto a apostar en la figura del actual ministro de Hacienda para las elecciones generales 2018.
Sin embargo, Peña comenzó su plan presidencial con el pie izquierdo, al reunirse el lunes en Ciudad del Este con la plana mayor del cuestionado y resistido clan Zacarías, sospechado de una monumental corrupción en la Municipalidad de la capital del Alto Paraná, que administra desde hace más de 16 años (2001-2017), sin que nunca haya sido auditada por la Contraloría General de la República (CGR).
Si el entorno cartista habla de un “candidato diferente”, pero en su primera incursión proselitista Peña se reúne con Javier Zacarías Irún y Sandra McLeod de Zacarías (ex y actual intendente local), ambos acusados de dilapidar las arcas del segundo municipio más importante del país, no es sino más de lo mismo, y está lejos de ser una “propuesta diferente”, como intentan vender quienes respaldan al eventual delfín presidencial de Cartes Jara. ¿Qué sería lo diferente?
Ya está a la vista que no será fácil prender la figura de Peña en el electorado colorado, acostumbrado a candidatos de raíz republicana y con trayectoria política suficiente. Esto ya lo hicieron saber dirigentes muy cercanos, hasta hace poco, al entorno de Cartes, como el vicepresidente Juan Eudes Afara, el titular de Diputados, Hugo Velázquez, así como también el senador Julio César Velázquez, quienes fueron tajantes al afirmar que el candidato presidencial de Honor Colorado debe ser un político de raza y no un offside.
Con la aparición del inminente delfín de Honor Colorado al lado de un emergente corrupto del país, clan Zacarías, muy poco habla a favor de la figura “diferente” que pregona el entorno presidencial. Pareciera que el dilema de la corrupción, que acogota a esta república, no está en la agenda del oficialismo colorado como prioridad, para buscar combatir y así ir saneando las instituciones, tanto públicas como privadas.
El doble discurso sigue tan vigente en el actual entorno palaciego, donde su titular enfatiza en cada intervención el combate a la ilegalidad y la transparencia en la gestión pública. Pero Cartes, al mismo tiempo en que pregona estos mensajes se pasa abrazando con cuestionados y desgastados políticos, como Javier Zacarías Irún, que desde el 2001 se apoderó de la comuna paranaense y que en 16 años nadie sabe a dónde fue a parar el dinero de la institución.
Entonces, esa duda del discurso a la acción cada vez está más clarificada, cuando el Gobierno pide transparentar las cosas públicas, pero a la vuelta de la esquina se abraza y se alía con los ladrones (sic).
Peña puede tener capacidad, juventud y honestidad para ser presidente de la República. Pero que pueda tener autonomía, está muy distante de ella; donde el taita guasu será el que seguirá dando las órdenes. De lo contrario, no se entiende, que antes de que se le confirme como precandidato oficialista, comience con el pie izquierdo su proyecto presidencialista, al reunirse con uno de los clanes más cuestionados y perversos que ha aparecido en los últimos tiempos en el Paraguay, los Zacarías.




























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