Con honrosas excepciones (como decía el extinto Luis Alfonso Resck) el futuro parlamento paraguayo estará plagado de facinerosos y corruptos, con lo que se tiene por descontado que será más de lo mismo de la actual composición de las cámaras de diputados y senadores.
Esta penosa posibilidad es gracias a la perimida y detestable “lista sábana”, que otorga la oportunidad a que varios políticos y empresarios, ligados a oscuros negocios puedan continuar gozando de la impunidad, que obtienen mediante el inexplicable “fuero” para los legisladores de ambas cámara del congreso. Es hora de que se erradique ese despreciable privilegio parlamentario. No tiene razón de ser.
Una mayoría de diputados nunca demostró la verdadera voluntad política para modificar la ley electoral y aprobar la lista abierta, que, sin dudas, pondría fin a que tenebrosos personajes, con antecedentes penales, puedan acceder a cargos electivos locales, regionales y nacionales.
Este país sudamericano seguirá aun por muchos años despertando comentarios no muy alentadores, porque los sucesivos gobernantes siguen muy apegados a la ilegalidad y al “pokaré”. Pareciera que le cuesta despegarse de este mal endémico, que salpica al Paraguay desde décadas atrás.
Las autoridades deben darse cuenta que un vasto universo de la ciudadanía paraguaya ya está cansada de los manejos torcidos de las cosas, como la falta de respeto al estado de derecho, de la prepotencia, del sometimiento de las instituciones a los poderes fácticos, entre otros, que definitivamente deben erradicarse, si se pretende vivir en una nación civilizada y así poder ganar el respeto de todos.
El actual presidente de la República Horacio Cartes, a 11 meses de dejar el cargo más importante del país, nunca ha demostrado figura de estadista. Pareciera que nunca interpretó en su cabal dimensión la función que ostenta. Se comporta como un arriero re´i, rodeado de cuestionados personajes de la fauna política nacional.
El mandatario nunca manifestó interés sobre la suerte de las familias necesitadas. Siempre priorizó y sigue priorizando sus grandes intereses empresariales, dejando atrás el gran déficit social que vive esta república.
Hay una sentida pobreza en el campo y también en la ciudad, pero desde el gobierno no se ensaya ningún plan en serio para buscar paliar esa gran demanda, que se traduce en la falta de empleos, falta de asistencia a la salud, y el nulo apoyo y respaldo a la educación, que debe ser el principal pilar para sustentar el desarrollo y crecimiento de una nación.
Pero mientras que el Congreso e instituciones del Estado están copados por personas indeseables, el país seguirá sumido en el sub desarrollo, sin ninguna posibilidad de que el pueblo paraguayo consiga el anhelado despegue al progreso, que le otorgue una estabilidad socio-económica, que tiene que ser prioridad de cualquier gobierno.
Sin embargo, parece ser que para Horacio Cartes esa no es la prioridad. Hoy totalmente abandonado el pueblo a su suerte, el presidente se pasa priorizando las actividades electorales, anteponiendo a los grandes intereses de la nación. Es difícil esperar una administración honesta y transparente cuando el gobierno está rodeado de bandidos y corruptos.




























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