No es fácil entender, más aun al ciudadano común, el repentino “respaldo” irrestricto del presidente Horacio Cartes al político esteño, Javier Zacarías Irún, acusado y denunciado, con pruebas fehacientes, de un rosario de irregularidades al frente de la municipalidad de Ciudad del Este, manejada por él y su esposa, la actual intendenta, Sandra McLeod de Zacarías, con abuso de poder, desde hace una década y media atrás.
Ante el flagrante delito de corrupción en la gestión pública, cualquiera se pregunta si qué más hay detrás, aparte del respaldo político y judicial al clan esteño, en esta aventura presidencial, atendiendo que Zacarías Irún, prácticamente, ha perdido todo y principalmente su chapa de líder, que le permite mantenerse al frente de la comuna local ya por más de 15 años (2001-2016).
El mandatario paraguayo, sin medir las consecuencias, está jugando con fuego, al otorgarle una abierta impunidad al hombre más cuestionado y criticado de Ciudad del Este y el país en los últimos tiempos, Javier Zacarías Irún, a quien la ciudadanía lo estigmatizó con la corrupción imperante en la comuna paranaense. Lo que más genera desconcierto en la población, es que Cartes habla de “transparencia de gestión”, pero al mismo tiempo otorga protección a un clan que viene robando desde años atrás el dinero de los contribuyentes.
A pesar de los hechos flagrantes de irregularidades que viene cometiendo el clan Zacarías en la municipalidad de la capital del Alto Paraná, hasta hoy no hay castigo alguno para quienes manejan las finanzas públicas de la institución. Los Zacarías se burlan diariamente de la justicia, hecho que le permite pisotear y violentar la Constitución y la ley.
Ningún representante del Ministerio Público tiene el “coraje” tan siquiera de abrir una investigación contra este grupo político, que hace lo que quiere en esta comarca fronteriza.
¿Qué de diferente tiene Ciudad del Este con relación a los demás distritos del país? Aquí no se conoce de la existencia del estado de derecho, no hay obediencia a la ley, mucho menos se respeta la dignidad de la persona, donde las autoridades lejos de honrar esos valores, se dedican a burlarse del pueblo, robando el anhelo y el sueño de miles de compatriotas, que esperan un futuro mejor para él y su familia.
El segundo municipio más importante de esta república se encuentra a la deriva. Al Gobierno poco o nada la importa la suerte y el devenir de quienes viven y trabajan en esta localidad fronteriza, que hoy atraviesa por una de las peores crisis. Sin embargo, las autoridades nacionales no se ven inmutadas por la grave situación social y continúan reivindicando y ofreciendo “apoyo” a una banda de rufianes, que no respeta, mínimamente, los valores humanos y lo único que hace, es dedicarse a robar y a esquilmar la golpeada comuna esteña.
Ante toda esta situación de crisis, corrupción y de inestabilidad social que se vive en esta localidad altoparanaense, qué será lo que le mueve al presidente Horacio Cartes para jugarse por el clan Zacarías, que en los últimos años comenzó a tener una fuerte resistencia popular, por el abuso de poder y las flagrantes irregularidades detectadas durante la anterior gestión de Javier Zacarías Irún y de la actual, su esposa, la intendenta Sandra McLeod de Zacarías. A raíz de toda esta situación de intolerancia y prepotencia que vive la población local, la pregunta que cabe es: ¿Qué hay detrás del apoyo de Cartes a Zacarías Irún?




























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