
Escribe: Luis Alen.
Los gobiernos de Paraguay y Argentina siguen sin llegar a acuerdos para posibilitar un aprovechamiento óptimo del potencial energético, no sólo de Yacyretá sino de todo el complejo binacional que se podría crear agregando la represa de Corpus y el embalse compensador Itacorá-Itatí.
Tal vez la insistencia en los puntos más conflictivos como la forma de pagar a la Argentina su inversión en la terminación de Yacyretá, está restando la motivación necesaria para encarar las nuevas obras, que son esenciales no sólo para el déficit energético del país vecino sino también para apalancar nuestro desarrollo, ya que las mismas tendrán un efecto multiplicador notable en la economía paraguaya.
De allí que se entienda lo dicho por la nueva canciller argentina, Susana Malcorra, quien tras reunirse con el ministro paraguayo de Relaciones Exteriores, Eladio Loizaga, dijo que ante la propuesta del Paraguay de clarificar las cuentas como una condición sine qua non para emprender nuevas obras, se debe avanzar y trabajar para fijar posiciones dentro de los puntos en los que hay acuerdo para posteriormente ocuparse de las diferencias.
Necesarias obras adicionales
Sin que el Gobierno paraguayo se apee de su postura intransigente en cuanto no reconocer una deuda por la construcción, sin intereses, que sea mayor a los US$ 6.000 millones de aportes del Tesoro argentino, sería oportuno tomar en consideración la necesidad de avanzar en el establecimiento de un acuerdo para ir hacia una mayor potencia no sólo en Yacyretá, sino también en Corpus y la represa de compensación Itacorá-Itatí, pasando por las 10 máquinas adicionales en la represa actual y las 5 en el brazo Aña-Cuá.
El negocio binacional está allí, en la ampliación de la capacidad energética y en reforzar las redes de transmisión y distribución tanto en el país vecino como en el nuestro. Es el momento, por ejemplo, de sacar también la autorización para el paso de nuestra electricidad por las redes argentinas con destino a mercados como el de Uruguay y Chile.
Ya lo expresó Malcorra, y a buen entendedor pocas palabras, cuando dijo que la región, y no sólo la Argentina, necesita de la potencia adicional de Yacyretá y de todo el complejo circundante que se pueda construir. Agregó que si se habla de integración energética en Sudamérica, Yacyretá constituye un elemento fundamental, complementándose con buenos esquemas de transmisión, “que permitan que los flujos de energía vayan y vengan de manera mucho más dinámica”.
Ya no hay tiempo que perder en un escenario que se abre de mucho interés para dar un impulso a la economía paraguaya con las obras adicionales y el posterior beneficio a obtener del 50 por ciento de la energía propiedad del Paraguay.
De construirse todo el complejo que rodea a la EBY, con las represas citadas y la ampliación de la actual central, se estaría llegando a una potencia instalada de hasta 9.400 MW, de los cuales 4.700 MW corresponderán a nuestro país, con la posibilidad de vender la energía a precios de mercado y a libre disponibilidad en una mesa de despacho mayorista controlada desde nuestro territorio, siempre que se llegue a una negociación satisfactoria sobre el Anexo C del Tratado.
Por ahora todo está supeditado a la forma en que se resarcirá al Tesoro argentino, pero una pista está dada por la deuda que tiene Ebisa, que es la que le compra a la EBY la energía para que ésta sea entregada al SADI (Sistema Argentino de Interconexión), administrado por Cammesa. La EBY, en 20 años de operación, le facturó a Ebisa por US$ 9.547 millones por la venta de energía, de la que ésta pagó sólo US$ 1.413 millones, quedando un monto a pagar de US$ 8.133 millones, que cubre holgadamente la deuda de US$ 6.000 millones por los aportes argentinos para la terminación de Yacyretá.
En una palabra, la deuda con el Tesoro argentino está saldada con creces. Lo demás es análisis y conciliación de cuentas, quedando el mayor beneficio de encarar de inmediato las nuevas obras, para beneficio de los dos países.




























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