
Escribe: Luis Alen.
De entre los grandes temas socioeconómicos dejados sin resolver por el gobierno de Horacio Cartes, uno de ellos ha explotado ahora en manos del presidente Marito Abdo, como si no le faltaran problemas a éste. Y se trata del asunto ya preavisado a su tiempo de la imposición de una tasa arancelaria de 16 por ciento a las importaciones de autopartes procedentes de Paraguay, por parte del Brasil, lo que ha sacado en cara que el país se halla aún muy atrasado en quemar etapas para alejarse de un comercio “de conveniencia” informal e ir a un eslabón superior de industrialización.
Aunque por el momento la medida arancelaria unilateral ha sido suspendida mientras se lleven a cabo las negociaciones entre los gobiernos sobre el régimen automotriz, lo concreto es que el vecino exige terminar con el masivo ingreso de automóviles “vía Chile” a cambio que el Paraguay acceda a un acuerdo que permita seguir proveyendo las partes con origen Mercosur a la industria automovilística brasileña.
Las cifras son demasiado elocuentes para no poner término inmediatamente al comercio dudosamente conveniente con tintes sociales de traer autos usados asiáticos, para satisfacer una supuesta demanda de los sectores menos pudientes, pero que pone en riesgo la pérdida de ¡10.000 empleos en la maquila de autopartes e ingresos anuales de US$ 300 millones por dicha exportación!
Si no se toma la determinación de terminar con los “chileré”, es muy posible que se pierdan las fuentes de ocupación de gente joven en las maquiladoras autopartistas, porque cerrarán las fábricas con la vigencia del arancel.
Es muy difícil que la Receita Federal ceda en la conversación y se convenza de continuar por pedido del gobierno paraguayo con el actual sistema dual de comercio de autos usados más la provisión de partes a la industria automovilística del Brasil, por el mismo hecho que las compras de autos “0 km.” de procedencia del país vecino tendrían que incrementarse, ya que, de lo contrario, resulta un contrasentido mayúsculo que el Paraguay compre 100 mil usados anuales, frente a sólo 35.000 autos “cero” importados, según datos de la Cámara de Automotores (CADAM), entre estos los fabricados en el Brasil, y atendiendo a los datos de la gran factura de las maquiladoras que venden allá.
Se incrementarán presiones
Los importadores de autos usados vía Chile podrán argumentar que también crean mucho empleo e incluso pueden presionar con cierres de rutas para conseguir su objetivo de mantener el “statu quo”, pero resulta evidente que la hora de poner en regla nuestra economía con las exigencias internacionales ya no puede seguir admitiendo una dilación en el tema automotor dentro del Mercosur e incluso en el ámbito meramente bilateral paraguayo-brasileño.
Lo mismo puede ocurrir con otros rubros de la producción tanto agropecuaria como industrial, ya que las presiones externas no se harán esperar cuando se trata del delicado asunto ambiental, por la sensibilidad que tiene el tema del cambio climático y el calentamiento global en la agenda internacional.
Por ejemplo, con nada más entrar en vigencia próximamente el acuerdo con Mercosur-Unión Europea, el Paraguay deberá empezar a hacer buena letra en todos los sectores de su quehacer productivo, comenzando por el medio ambiente, lo que obligará a poner freno a nuestra costumbre de contaminar con basura toda la exuberante naturaleza que hasta hoy tenemos, pero que corre el riesgo de perderse definitivamente por la omisión nuestra de ser muy poco serios con el tema acuciante de la contaminación y la destrucción del hábitat natural, como el caso de la masiva deforestación, o la misma importación de autos contaminantes como los “chileré”, ya desechados en su mayoría en Japón y China por dicho motivo.
Los europeos bien podrían exigirnos, si es que nos van a comprar más carne, que pongamos freno a la destrucción de los bosques que se realiza con el argumento poco creíble de la necesidad de aumentar la producción, cuando que las mismas leyes ambientales y forestales que están vigentes obligan a mantener una cuarte parte boscosa de todos los emprendimientos agropastoriles.
Sólo que esto no se cumple y será nuevamente la presión externa, con toda seguridad, la que obligará a ponernos en regla.




























Facebook Comentarios