Escribe: Luis Alen.
Horacio Cartes hace gala de un gran oportunismo político y se aprovecha de la debacle general de la dirigencia colorada en las pasadas elecciones municipales para reforzar su proyecto continuista. Sólo resta saber si romperá o no su alianza con Javier Zacarías Irún, que a estas alturas tampoco tiene la suficiente fuerza electoral como para hacerle sombra al plan cartista.
El presidente empieza la segunda mitad de su mandato con el firme convencimiento de encarar finalmente el proyecto de reelección presidencial, porque sabe que su poder puede sufrir un gran deterioro en el caso que desista de este propósito.
Las cartas están echadas sobre la mesa de la pulseada para el 2018, con las primeras movidas del cartismo y de la disidencia colorada apenas iniciado el nuevo año.
El titular del Ejecutivo empezó a realizar cambios en la “selección nacional” de su gabinete, nombrando en la clave cartera de Agricultura a un joven político del departamento de Paraguarí que ya estaba al frente de la secretaría de lucha contra la pobreza, Juan Carlos Baruja. Se anuncian más cambios, con el fin de asegurar los famosos “resultados”. Todo con miras a la carrera presidencial de 2018.
Por otra parte, el titular del Congreso, Marito Abdo, ya instaló su proyecto para la candidatura presidencial colorada como estaba previsto desde la buena elección que hizo la disidencia en la interna de julio de 2015, ganándoles un precioso tiempo a otros posibles candidatos como Luis Castiglioni o Enrique Bacchetta, del mismo ex G-15 del Senado.
Mientras los disidentes alineados en el liderazgo tradicional colorado ya miran la interna que se realizará el año que viene, la estrategia de HC apuesta por sus gerentes y ejecutivos jóvenes de los diferentes entes estatales, con el fin de mermar lo más posible la influencia de los líderes “viejos”, incluyendo en esta expresión a Marito mismo, quien es joven pero representa en cierta forma el “establishment” de la ANR, como retoño del que fuera líder de la militancia stronista, don Mario Abdo Benítez.
La arriesgada jugada de Cartes quiere captar indudablemente el voto joven en la interna y de los independientes e indecisos en las generales, pero todo estará supeditado a los resultados en la gestión del Gobierno, que precisamente deben conseguir los gerentes jóvenes de HC.
El mismo HC sabe que, aparte del grado de convencimiento que aporte su billetera, en la ANR y con seguridad en el electorado nacional, cada vez más ciudadanos aplican el sufragio consciente, lo que quedó demostrado en las municipales con los muchos votos cruzados que llegaron a tumbar capitostes distritales de mucho peso en el partido, como los Samaniego en Asunción, los Gneiting y Afara en Itapúa e incluso los Zacarías de Ciudad del Este, donde éstos últimos ganaron pero no lo suficiente como para mantener en sus manos el control de la junta municipal.
Más que nunca, e independientemente del grado de simpatía que muestre la imagen de los jóvenes ejecutivos y gerentes cartistas, lo que interesará al electorado mayoritario es el grado de solución a los problemas cotidianos de la gente, sean fuentes de trabajo, seguridad, salud, educación o emprendimientos urbanísticos, ya sea transporte público y viviendas o la solución a los barrios marginales que pululan en las ciudades, por ejemplo con la reubicación adecuada de los afectados por las últimas inundaciones, que suman más de 100 mil damnificados solamente en la capital del país.
Marito aglutinará disidencia
Mientras hace un año la disidencia esperaba señales provenientes de HC, con el fin de plantear una alternativa antioficialista para la junta de gobierno de la ANR, en el comienzo de 2016 se da un escenario diferente, porque Marito y sus seguidores ya se posicionaron rápidamente como los rivales que deberá sortear el cartismo en la interna colorada del año próximo.
Los demás posibles candidatos, tales como Castiglioni o el mismo expresidente Nicanor Duarte Frutos, evalúan los caminos a seguir, sin descartar alguna negociación con HC. Pero el caso de Marito parece distinto, por cuanto se aprecia una incólume decisión de no transigir con el oficialismo y así llegar hasta la confrontación en los comicios internos colorados.
Lo que llama la atención es la forma en que Cartes influye también sobre los ánimos de la oposición, ya que ésta sólo con una amplia alianza de centroizquierda podrá doblegar al coloradismo, tal como ocurriera en 2008.
HC hará todo lo posible por evitar la conformación de la gran concertación opositora, pero sabe que difícilmente surja un nuevo candidato de la talla de Fernando Lugo, que hace exactamente diez años, a comienzos de 2006, emergió como la única figura opositora capaz de tumbar la hegemonía colorada de 60 años.
A estas alturas del período presidencial de HC, no ha surgido ninguna figura en la oposición que a nivel nacional amenace el proyecto continuista del oficialismo, sea Cartes el candidato o algún otro joven gerente que vaya emergiendo, en el caso que no corra la reelección por la vía de la enmienda constitucional.
Si bien a HC le conviene pactar con Lugo y el Frente Guasu los votos para la enmienda con la ayuda de los liberales, no le gusta mucho la idea de tener eventualmente al ex obispo como contrincante en las generales, porque sabe que le va a ser difícil ganar la pulseada dada la popularidad de la que goza aún el ex presidente, especialmente en el ámbito rural.
En las carpas opositoras no existe unanimidad para apoyar a Lugo, por lo que casi con seguridad la oposición irá dividida a las elecciones, lo que también favorecería el plan continuista de HC.
Pero aún no hay un ambiente netamente favorable para una reforma constitucional que posibilite la reelección, ya que al cometido reeleccionista deberán acompañarlo otras propuestas de cambios en la Carta Magna, pero para tal fin no existen condiciones para un gran acuerdo político, dadas las urgencias del mismo Gobierno para enfrentar la crisis económica y social, como el caso de la pobreza creciente, manifestada en forma dramática en la emergencia desatada por las intensas lluvias y consecuentes grandes inundaciones.
Para el camino de la enmienda podría haber votos, pero de igual modo se requerirá de un acuerdo político que en estos momentos el Gobierno no está en condiciones de motorizar, ya que el mismo HC es reacio a dialogar y menos aún a otorgar espacios de poder o ceder ante cualquier petición disidente dentro del propio Partido Colorado o de los partidos de oposición.
El destino de los Zacarías
El contexto político diferente también ha encontrado al Clan Zacarías de Ciudad del Este con su poder mermado, ya que no consiguió reunir los votos necesarios para seguir controlando la junta municipal local.
Un desarticulado Javier Zacarías Irún ha puesto en peligro su pretensión de alcanzar la candidatura presidencial colorada, lo que le pone en desventaja a la hora de presionar sobre HC, pese a que éste aparentemente lo sigue apoyando, toda vez que también Javier no se erija en un potencial rival de Cartes.
El reinado de 15 años del clan Zacarías pareciera que llega a su fin, en la medida en que se mantenga unida la oposición en la junta municipal. Un logro esencial de los opositores esteños deberá ser indudablemente la resolución de intervención de la comuna, con el fin de investigar las flagrantes irregularidades administrativas denunciadas a lo largo de los últimos años, sin que la Contraloría asomara sus narices por CDE.
Por de pronto, no estaría demás que una auditoría independiente se encargue de investigar las cuentas de los Zacarías.
Así empezará a conocerse toda la verdad de las trapisondas cometidas por el grupo político-familiar que durante tres lustros se apropió prácticamente de las finanzas de la capital del Alto Paraná.
Y allí sobrevendría el principio del fin de la hegemonía de ZI y su posible ocaso político. De paso, habrá un rival menos para HC en su pretendida agenda reeleccionista.




























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