Un desorientado HC no puede imponer enmienda ni reforma

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Escribe: Luis Alen.

Bien lejos está ahora Horacio Cartes de los discursos en los que fustigaba a la clase política por sus prácticas prebendarias y corruptas, tanto en la campaña electoral como a comienzos de su gobierno. Todo el capital político que venía acumulando al tratar de distanciarse de la forma “normal” de hacer política en el país, ha quedado tirado por la borda al cometer la tremenda burrada de pretender la reelección presidencial sin importarle un comino la Constitución.

Tras la exhibición circense que presenció una atónita ciudadanía el sábado pasado, durante la Convención de la ANR, se le cayó la máscara a HC, quien aupado por grupos mafiosos de la peor calaña que desean apoderarse de suculentos bocados al amparo del poder, no tuvo otro remedio que reconocer algunas horas después que no deseaba una crispación de la sociedad ni “la división entre paraguayos”.

Es que Horacio Cartes intentó por todos los medios imponer hasta salidas inconstitucionales para su ambición de permanecer al frente del mando nacional, acicateado por un entorno impaciente por acumular la suma del poder en la República, y aderezado por las mafias de frontera que desean seguir controlando las rutas de toda clase de contrabandos y tráficos de sustancias “non sanctas”.

HC puso toda la carne en el asador, tal vez porque su entorno y los grupos que medran a su costilla, tal el caso del clan esteño, le aseguraron que habría los votos. Sin embargo, no fue así y el cartismo ahora se ve en la difícil situación de admitir que tanto la enmienda como la reforma se tornan casi imposibles de conseguir.

Patético ministro          

Pero lo más patético quedó a cargo de un “payaso” del circo de la calle 25 de Mayo: el ministro de Hacienda Santiago Peña, quien no tuvo otro remedio que abjurar de su fe liberal de 20 años, en aras de la permanencia en el cargo y seguir así “contribuyendo al cambio que se está operando en el país”. Fue tras el “mandato” de la Convención, acatado supuestamente por un “sumiso” HC, para que los ministros sean todos de afiliación colorada, retrotrayendo la historia del país hasta antes del golpe democrático de 1989.

Todo aparentemente salió a pedir de boca de los adulones y cortesanos miembros del entorno cartista, porque también amenazaron con sacarles el derecho a ser electos por el Partido Colorado en las próximas elecciones a quienes se opongan a la decisión de permitir el rekutú, “por las vías constitucionales y legales”. La presión cartista contra los disidentes, en su peor expresión de fuerza.

Sin embargo, el escenario para el cartismo no resulta halagador ni tranquilizador. El camino de la reforma constitucional parece aún más dificultoso que el de la enmienda, no sólo porque se necesitan las dos terceras partes de los votos en el Senado (de 45, 30) y en la Cámara de Diputados (de 80, 53), para declarar la necesidad de la reforma y convocar a la Convención Nacional Constituyente, a través de elecciones internas y generales, sino también por la falta de acuerdos políticos básicos entre los partidos para realizar los cambios en el texto legal, y no sólo en cuanto concierne a la reelección. Porque existen otras cuestiones más espinosas aún, como la reforma del Poder Judicial, del Consejo de la Magistratura, de las listas sábana en el Congreso y de instituciones cuestionadas que irían a la extinción como las gobernaciones y las juntas departamentales.

Y ni qué hablar de la verdadera crispación que ocurrirá al hacer prácticamente coincidir los debates de la Constituyente con el tiempo electoral que se avecina, con miras al 2018. Todo este ambiente caldeado que ya empieza a preocupar a la misma clase dirigente del país, pondría en peligro la estabilidad económica y social, que ya de por sí se halla en terapia intensiva con la ola de inseguridad que azota a todo el territorio nacional.

¿Qué otra estrategia podría enarbolar el cartismo para mantenerse en el poder? La vía de la reforma constitucional a primera vista aparece inviable, a menos que llegue a un gran acuerdo con todas las fuerzas políticas. Pero de momento éstas se hallan reacias a dialogar con un gobierno que el sábado último volvió a reeditar la conocida fórmula stronista de la identificación entre el Estado y el Partido, como si fuera una resurrección del stalinismo, pero de derecha. Se puede descontar que no habrá mucho entusiasmo en filas opositoras de pactar con un Cartes que acaba de comprar la conciencia de tres diputados y afiliar a la ANR a un ministro, pertenecientes todos a filas liberales.

El futuro de los negocios en juego

Hay que preguntar si HC llegó hasta aquí por el mero gusto a las mieles del poder, y por ese motivo provocó un descomunal alboroto en las instituciones de la República, o también existen otras motivaciones de fuste para hacer soportar a la ciudadanía el espectáculo de una convención al más puro estilo del stronismo, en un renacer de épocas que se creían superadas.

Las peores sospechas se hicieron realidad a partir del matrimonio de conveniencia entre el cartismo y el clan del Alto Paraná dirigido por Javier Zacarías Irún, y una prueba de que la alianza está surtiendo sus efectos lo denota la alineación de la mayor parte de los diputados que responden a las orientaciones de los grupos fronterizos que buscan alzarse con el poder de la República al amparo del cartismo. Pero, como contrapartida, ya empezaron al mismo tiempo las “fugas” en la misma Cámara de Diputados, por lo que HC tuvo que pedirle socorro a Blas Llano y a tres diputados liberales que le son afines con el fin de mantener con vida el proyecto de reforma, por lo menos hasta la convención.

Es que HC está huérfano del calor popular, va perdiendo terreno en el ámbito de los grupos de poder fáctico, como el empresarial, y sólo le queda arroparse en brazos de los clanes políticos fronterizos, como los del Alto Paraná, Canindeyú e Itapúa. Tampoco sus líderes tienen muchas ganas de seguir al frente con la impopular propuesta de la reelección, y no ven la hora que Cartes definitivamente desista de sus pretensiones y opte finalmente por apoyar un sucesor que salga del propio entorno.

Lo que sí saca el sueño a HC y a su equipo de gerentes es en manos de quién finalmente dejar el mando de la República en el próximo período, de tal forma a que el actual presidente continúe manejando los hilos del poder y los negocios. Vencer a la disidencia dentro del partido Colorado parece fácil. Lo difícil será cuando tenga que enfrentarse en los comicios generales al resto de la oposición con el aditamento de los disidentes colorados.

Es lo que menos quiere hacer Horacio, porque deberá poner mucho dinero en la campaña, pero ya no para él, sino para algún paniaguado de los grupos fronterizos.

El candado

El candado puesto por los constituyentes de 1992 para evitar la reelección presidencial funciona así como especie de reaseguro con el fin de frenar cualquier aventura dictatorial de una persona o un grupo de turno en el poder de la República.

No permitir la reelección es lo mejor para asegurar la continuidad de la democracia y las libertades en el país, después de su cercenamiento durante la larga tiranía stronista. Y más cuando se sabe que detrás del “unicato” personalista de HC se hallan personajes como Javier Zacarías Irún, Darío Filártiga, Basilio Núñez, Pedro Alliana, Cristina Villalba o Juan Afara, todos ellos líderes regionales que medran a la sombra de Horacio Cartes, devenido en obsesivo discípulo del dictador Stroessner.

Como dijo hace poco Horacio en un arranque de optimismo: “Lo mejor aún está por llegar”, en alusión a la esperanza cartista del rekutú. Pero para la ciudadanía, de seguro “lo peor está por venir”, en el caso que se cristalice el proyecto continuista de Cartes, ya que está asomando desde la ANR una vuelta al stronismo que no depara mejores días para la República.

Como ejemplo, ahí está lo ocurrido con el ministro del Interior Francisco de Vargas, despedido por la convención colorada, y a quien HC le había bancado durante más de tres años, pese a la inutilidad manifiesta del secretario de Estado y su falta de éxitos contra la delincuencia y el EPP. Pero no fue defenestrado por ineficiente, sino por no ponerse el pañuelo colorado al cuello.

 

Asumió el ministerio del Interior el diputado Tadeo Rojas, como otra cuota de Zacarías Irún en el gabinete cartista. Habrá que ver si realmente puede hacer algo, y si el gobierno de Cartes se propone acabar con las bandas delincuenciales que asuelan todo el país.

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