Escribe: Luis Alen.
El cartismo se encuentra al borde del precipicio en su intento de violación constitucional, y con esta actitud arrastra a una parte de la dirigencia colorada y a una parte de la oposición (luguismo y llanismo) a un peligroso juego, del que la ANRy los demás partidos no saldrán indemnes. Un dirigente como Javier Zacarías Irún apuesta fuertemente por la enmienda pro reelección, pero también es mucho lo que puede perder en el caso que se diluya el poder cartista si cae la apuesta por el “rekutu”.
Decidido a alcanzar el tan ansiado “rekutu” a cualquier costo, Horacio Cartes cruzó el Rubicón y junto con él la dirigencia colorada que le es afín en su experimento autoritario, presentando 360.000 firmas de supuestos electores de cuya autenticidad se duda.
Un simple cotejo de las rúbricas con el padrón de la Justicia Electoral podría demostrar que muchos de los firmantes ni siquiera han votado en las últimas elecciones, por lo que posiblemente se vieron obligados a apoyar la reelección de HC por el “vaso indebido” de la enmienda, ante el riesgo de perder el empleo en caso de negarse si es que son funcionarios públicos.
La arriesgada maniobra de HC pretende arrastrar no sólo al Partido Colorado sino también a la Justicia y al Congreso a un manoseo sin parangón de la Constitución Nacional, creando el funesto precedente de que con antojadizos argumentos, más políticos que jurídicos, se haga tabla rasa del texto constitucional y se abone el camino para que otras nuevas redacciones de la Carta Magna se hagan en el futuro por el simple expediente del “pedido” popular, pero bajo el patrocinio del poder de turno, que se erigiría en ese caso en dictatorial o, como dice la misma Ley Fundamental, en un régimen usurpador del poder.
Lo indicado en este caso es advertir a la ciudadanía que la misma Constitución ha establecido, precisamente para evitar la usurpación de la soberanía popular, que los temas fundamentales como la composición de los poderes del Estado y la duración de los mandatos de los cargos electivos, sean debatidos en una Convención Nacional Constituyente, a través del proceso de reforma y no de la enmienda, atendiendo a la importancia de su tratamiento y a la trascendencia de su aprobación tras un pacto social o el consenso entre los partidos políticos.
Los potenciales usurpadores del poder, en este caso HC y sus adláteres de la dirigencia colorada entreguista así como de sus compinches en la oposición como Fernando Lugo y Blas Llano, han basado su campaña en “que la gente decida”, lo que es una aberración, por cuanto está claro que no puede ser convocada una consulta popular para violar la Constitución, porque implica un contrasentido jurídico desde donde se lo mire, más aún cuando el texto constitucional está demasiado claro en no permitir el tratamiento de la reelección presidencial por el expediente de la enmienda sino sólo por el de la reforma a través de una Convención Constituyente.
Las migajas del poder
La gran pregunta es a cambio de qué clase de prebendas o canonjías una parte importante de la dirigencia colorada, unida a un sector de la oposición, apoya la violación constitucional, en aras de satisfacer el ansia de poder absolutista de Horacio Cartes.
Lo más probable es que a un gran sector de los liderazgos de la ANR y de otro sector menor opositor, que aún añora los tiempos dictatoriales del stronismo, le guste medrar a la sombra del emergente poder cartista con la esperanza de disfrutar de las migajas que caen de la comilona.
Ya “alquilaron” el Partido Colorado en 2011 para que HC dominara la escena nacional, con tal de volver a disfrutar de las mieles del poder y así prepararse para el nuevo turno de 2018, una vez finalizado el período cartista. Pero el “inquilino” quiso volverse “propietario” y entonces la ANR fue literalmente “vendida” por los dirigentes oficialistas, que terminaron por decir a los cuatro vientos que Cartes es el único capaz de ganar las próximas elecciones.
Lejos quedaron los tiempos en que los grandes electores del partido eran los gobernadores colorados, que en 2009 ofrecieron a Horacio la posibilidad de intentar la vuelta del coloradismo al poder. Ahora este grupo prácticamente desapareció y sólo existe para recibir las órdenes de MburuvichaRoga, mientras que liderazgos individuales como el de Javier Zacarías Irún se contentan con tener bajo control su feudo regional, en este caso el Alto Paraná, con el “eterno” agradecimiento a HC por haber evitado la intervención de la municipalidad de Ciudad del Este, que de otro modo podría haber quedado en manos opositoras, tal como ya ocurrió en las elecciones municipales de 2015 con el municipio de Asunción.
El resto de la dirigencia colorada afín a HC tiene menores ganancias que el jefe del clan del Este en la repartija de los comensales del poder, pero así también tendrá menos que perder en el caso que la apuesta por la reelección finalmente quede en la nada para el cartismo.
No ocurrirá lo mismo con ZI, quien corre el riesgo de que sin el paraguas protector de HC, caiga más temprano que tarde, ya que difícilmente el sector disidente encabezado por Marito Abdo tenga ganas de salvar al clan de ser investigado por sus trapisondas al frente de la administración de Ciudad del Este.
Por esto se entiende que Zacarías Irún sea uno de los dirigentes que con más entusiasmo y servilismo apoyan el continuismo de HC, ya que tiene mucho que perder en el caso que no resulte fructífera la actual arremetida en pos de la reelección. En un escenario diferente con el menguado poder de HC, uno de los primeros en sufrir las consecuencias negativas será ZI, ya que los disidentes difícilmente contemporizarán con él, a pesar de que Zacarías Irún demostró en el pasado su gran capacidad de transitar por distintas carpas partidarias.
Pero esta vez sus enemigos se la tienen jurada, en el sentido de que no permitirán la continuidad del zacariísmo, una vez que decaiga la influencia cartista, en la medida en que no se dé la reelección.




























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