Una comuna destartalada

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Al próximo intendente de Ciudad del Este, en caso de que el clan Zacarías sea desplazado de la institución, le aguardará uno de los desafíos más difíciles, cual es el de recomponer una municipalidad destartalada, abandonada y saqueada por este grupo político, desde hace más de 16 años.

La comuna paranaense, que es la segunda en importancia a nivel país, cayó en la desgracia desde el 2001 cuando Javier Zacarías Irún tomó el poder, para en poco tiempo convertirla en una segura fuente de enriquecimiento personal, familiar y de su entorno más inmediato.

Hoy la municipalidad está a la deriva, con multimillonarias deudas impagas a ex funcionarios (con sentencia judicial), préstamos bancarios y a proveedores. El clan Zacarías, liderado por  Ernesto Javier, ignora todos los compromisos asumidos por la institución, donde ni acata hasta sentencia de la Corte Suprema de Justicia, como el caso de los empleados despedidos, que ganaron demandas judiciales ante la justicia.

El clan Zacarías convirtió la institución municipal en un negocio privado, donde los millonarios recursos en distintos conceptos nunca fueron invertidos a favor de la ciudadanía. Ciudad del Este se estancó en el tiempo, a raíz de un grupo de facinerosos, antipatriotas, que se apoderaron de la comuna y la trasformaron en una gran usina recaudadora particular.

En los últimos años se tornó insostenible la municipalidad local, y el descontento ciudadano llevó a permanentes reclamos y manifestaciones, pidiendo la intervención de la gestión del clan Zacarías, que, desde que tomó el poder, nunca permitió el ingreso a la institución de la Contraloría General de la República (CGR), máximo órgano fiscalizador de los recursos públicos.

El jefe del clan Zacarías, Ernesto Javier, siempre se valió, gracias a su influencia política, de la impunidad para perpetrar sus fechorías a lo largo de los años en que está al frente de la municipalidad esteña. Nunca se preocupó de la suerte de los habitantes de la capital altoparanaense, sí, de seguir engrosando sus cuentas bancarias y su estabilidad económica, pero con el dinero público y de los contribuyentes.

Está a la vista que el segundo municipio del país fue tomado por una galopante corrupción, donde apuntalado por el clan Zacarías, prácticamente se institucionalizó, pasando a convertirse en  una fuente de ingreso de plata dulce, yendo a parar en los bolsillos de los mandones de turno. A pesar de las evidencias irrefutables de las irregularidades que se vienen cometiendo en la institución, ningún organismo de control se ha tomado la molestia de abrir una investigación al respeto.

Hasta el propio gobierno central de Horacio Cartes se ha encargado de blindar la corrupción del clan Zacarías, cuya cabeza hoy es aliado político del presidente de la República.

 

Es inadmisible que el propio gobierno, de la mano del mandatario, tenga que otorgar tamaña impunidad a un grupo político que tanto daño ya ha causado a la población. Existe una terrible decepción de la ciudadanía hacia sus autoridades, que lejos de castigar a los que roban los recursos públicos, son premiados, como Javier Zacarías, Víctor Bogado, Oscar González Daher, por citar algunos. Lo claro de todo esto es que al próximo intendente de esta capital fronteriza del país le aguarda un negro panorama. Una municipalidad destartalada. 

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