Venezuela: País a no emular

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El gobierno boliviariano del chavismo en Venezuela es la expresión más elocuente del autoritarismo en Latinoamérica, solamente, comparado con el castrismo de Cuba.
No es nada para emular un sistema despótico, que desde hace 14 años está instaurado en dicha nación caribeña, que comenzó bajo el liderazgo del hoy extinto presidente de ese país, Hugo Chávez Frias.
Tras el deceso del fascista, se llama a elecciones en abril de este año, donde en unas dudosas elecciones fue proclamado como presidente de la República, Nicolás Maduro, un ex chofer y principal bufón del desaparecido Chávez.
Pero la oposición, comandada por el presidenciable Enrique Capriles Radonski, con apoyo de la ciudadanía, salió a la calle a protestar por el turbio proceso electoral venezolano, que confirmó en menos de 24 horas, como ganador de las elecciones a Maduro. A partir de ahí, las dudas sobre la transparencia de las votaciones comenzó a crecer y cada vez la población está más convencida, que el chavismo ganó el sufragio con trampa. Desde el 14 de abril Venezuela pasó a convertirse en un verdadero polvorín, donde el estado de derecho se ha roto, como venía ocurriendo durante el gobierno de Chávez.
El ambiente se volvió hostil y violento porque la ciudadanía salió a reclamar sus derechos, exigiendo nuevas elecciones. Sin embargo, los poderes fácticos, como la Asamblea Nacional Venezolana, el Supremo Tribunal Electoral, la Fiscalía General, que responden al sistema imperante en dicha nación, no dejaron que el pueblo se exprese libremente, liquidando el expediente, al proclamar como ganador a Maduro, tras unas tumultuadas y enturbiadas elecciones.
Para confirmar el sistema absolutista y dictatorial del gobierno chavista, el presidente de la Asamblea Nacional (AN), Diosdado Cabello, durante la sesión en el congreso, prohibió de manera tajante, que ningún diputado deje de reconocer la “victoria” de Nicolás Maduro, y si pretende hacerlo, debe retirarse del recinto parlamentario.
Ese es el gobierno venezolano que ingresó por la ventana al Mercado Común del Sur (Mercosur); es el gobierno, que a los cuatro vientos, invoca la palabra democracia, y es el gobierno, que presiona al parlamento paraguayo, para que apruebe como socio pleno del bloque a Venezuela.
Paraguay es un país libre y soberano, por lo que jamás tiene que doblegarse ante la presión de ninguna nación del mundo. Y más aun cuando la imposición viene de países, donde lo que menos existe, es el estado de derecho o el pleno ejercicio de la democracia o la libertad de expresión.
El futuro gobierno tiene una difícil y delicada misión, en resolver el conflicto existente en el bloque, concretamente, el “ingreso” de  Venezuela al Mercosur. La cláusula del Tratado es clara y contundente, que debe existir la aceptación de todos los socios, para el ingreso de un nuevo país al grupo económico. Pero esto no ocurrió, porque en ausencia de Paraguay, la citada nación caribeña entró por la ventana.
Por tanto, el nuevo gobierno que se instalará, a partir del 15 de agosto de este año, debe, primeramente, imponer su autonomía y exigir el cumplimiento irrestricto del Tratado de Asunción,  a fin restituir la seriedad y el respeto dentro del bloque. Venezuela debe entender, que ya pasó al ocaso el autoritarismo y despotismo, el mundo moderno de hoy ya no acepta sistema arcaico y perimido, que desea imponer algunas naciones, que se jactan de gobierno socialista y democrático. Venezuela es uno de los países a no imitar. 

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