Victoria de Cartes muestra que el país quiere un Gobierno en serio

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La aplastante victoria de Horacio Cartes vino a confirmar no sólo lo que ya indicaban las proyecciones de intenciones de voto de los electores, sino la percepción de que la mayoría de los ciudadanos apuesta por una mayor estabilidad política y por el reforzamiento del mejor clima económico de los últimos meses, con miras a continuar con el crecimiento y la creación de fuentes de trabajo.
Ha terminado un proceso electoral que más allá de las acusaciones mutuas entre los dos candidatos principales, ha servido para confirmar que la ciudadanía está adherida firmemente a la consolidación de las instituciones republicanas. Pero por sobre todo se busca que haya una mayor credibilidad y previsibilidad en la actuación de los políticos en busca de erradicar las lacras de la pobreza y la corrupción.
Pero para que esto último se concrete, hace falta incrementar el compromiso y el vigor del Poder Ejecutivo, frente a los demás poderes del Estado, lo que no ha ocurrido en el período presidencial precedente. Y la intuición mayoritaria del electorado es que ello se lograría con Cartes y no con los otros candidatos. En efecto, Efraín Alegre venía arrastrando una imagen muy debilitada por la falta de unidad en su propio partido, el Liberal, mientras que los colorados lograban, más acostumbrados a los manejos del poder que les gustan a los paraguayos, la necesaria cohesión sólida alrededor de Horacio.
Es que otra lección que arroja el resultado electoral es la convicción de los ciudadanos acerca de la necesidad de un equipo de conducción ejecutiva del país que actúe en forma más decidida contra los factores del atraso, la pobreza y el subdesarrollo, empezando por descartar de plano la actual gestión timorata y cansina del Gobierno, habida cuenta que, de hecho, el Ejecutivo saliente y el anterior de Fernando Lugo fueron poco consistentes y predominaba un estilo de gestión desordenado y un sistema de decisión poco dinámico.
Ahora se deben dejar de lado los objetivos partidarios o particulares que perjudican la toma de decisiones más complejas y difíciles. En consecuencia, la voz de orden debe ser actuar con sabiduría política y realizar las complejas composiciones para lograr mayorías operativas que den lugar a las ansiadas políticas de Estado que saquen al país de las posiciones incómodas que ocupa actualmente en el ránking de desarrollo humano de las Naciones Unidas.
Las elecciones confirmaron así la determinación categórica de las fuerzas tradicionalmente dominantes en la política paraguaya por la estabilidad y la gobernabilidad, impulsando abiertamente opciones electorales más predecibles que la coalición heterogénea que ha gobernado desde el 2008. El fracaso de dicha coalición para organizarse y presentar una opción viable que diera seguimiento al proceso de cambio liderado por Lugo fue otro de los factores preponderantes para el resultado del domingo 21 de abril de 2013.
Desde un principio hemos dicho en esta columna que la imagen de empresario exitoso e innovador de Cartes atraía al electorado, tanto colorado como no colorado. Y allí está el resultado: casi 1.100.000 votos, una cifra nunca alcanzada en el Paraguay. Pero sobre la misma personalidad del candidato, ha predominado el deseo de que por fin tengamos en el Paraguay un Gobierno serio y patriota.
En pocas palabras, el pedido de la población a Horacio Cartes es un Gobierno “en serio” y no acorralado por la ineficiencia y las denuncias de corrupción, como el actual de Federico Franco.

 

Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com

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