Zacarías comparaba a Cartes con Al Capone y hoy se refugia en él

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Escribe: Luis Alen.

A propósito del criticado juicio llevado a cabo como resultado de la masacre de Curuguaty de hace cuatro años, por la misma época (julio de 2012) y en plena efervescencia de la interna colorada por las presidenciales de 2013, Javier Zacarías Irún comparaba a Horacio Cartes nada menos que con el legendario mafioso norteamericano Al Capone.

 

Zacarías afrontaba con HC una reñida puja por la candidatura presidencial y le pedía al empresario tabacalero una respuesta a los dichos de Pepe Mujica, el presidente uruguayo, quien había expresado que detrás de la matanza de Curuguaty estaba el “narcocoloradismo”. Es decir, que Mujica estaba observando la emergencia de la mafia en la política paraguaya.

El dirigente esteño fue más lejos y vinculó directamente a Cartes con los dichos de Mujica, por lo que exigió a su contrincante salir a desmentir o avalar la fuerte acusación del mandatario uruguayo.

En aquella ocasión, ZI disparó gruesa munición al afirmar que “por culpa de una persona (Cartes) se tenga que salpicar a todo el Partido Colorado”.  Pero al mismo tiempo negó que su movimiento tenga pruebas de las vinculaciones de HC con la mafia, pero recordó que el mismo Cartes había reconocido que sus cigarrillos entraban de contrabando en Brasil y Argentina.

Al comparar a HC con Al Capone, Zacarías Irún recordó que el gangster norteamericano huyó durante años de la justicia, que nunca pudo vincularlo con crímenes, hasta que finalmente cayó por evasión de impuestos. “Al Capone mataba hoy a una persona, se iba y lloraba con la viuda. Eso no tiene recibo”, soltó aquella vez el dirigente colorado del Alto Paraná.

Ahora jura lealtad

Cosas de la política. Ahora Javier Zacarías Irún le jura y rejura lealtad a Horacio Cartes, con tal de salvar su pellejo y el de su esposa, que están a las puertas de ser investigados por su gestión al frente de la municipalidad de Ciudad del Este, en el caso que salga la intervención en la Cámara de Diputados.

El enamoramiento actual entre ZI y HC tiene su explicación: el apoyo de Zacarías Irún al proceso iniciado por el entorno de Cartes para la reelección, sin que éste haya movido un dedo para prohibirlo. Por el contrario, lo promueve entre bambalinas, pese a que en público lo niega rotundamente y pone a Dios como testigo.

El mismo ZI había adelantado en enero de 2015 que a Cartes “no le interesaba la reelección, por el momento”. Pero lo cierto es que un año después, en febrero de 2016, Zacarías Irún se convertía en fervoroso paladín de la reelección de HC, haciendo gala de un bien aprendido ejercicio de oportunismo político y abriendo el paraguas antes que llueva, en previsión de una posible intervención a la comuna esteña.

En cualquiera de los casos, salga o no la intervención, el destino de Zacarías Irún es la pérdida de su fortaleza política de hace cuatro años, cuando enfrentaba a la emergencia del “narcocoloradismo”, al decir de Pepe Mujica.

Si se salva de la intervención, quedará totalmente a merced de los favores recibidos de HC para salvar su cabeza, mientras que si se aprueba la presencia de los auditores en la municipalidad de Ciudad del Este, con más razón se registrará la muerte política de ZI.

Mientras tanto, un exultante HC se frota las manos por el final de la carrera política del hombre que osó en vincularlo con la mafia al más puro estilo Al Capone.

Zacarías Irún cometió, en su desesperación, el error político mayúsculo de ser uno de los primeros dirigentes que públicamente apoyó la reelección de Cartes. Pero tal vez lo hizo seguramente en la creencia de que Cartes cortaría de cuajo la intentona de la intervención y lo catapultaría a los primeros lugares del poder.

Sin embargo, el proceso siguió, hasta llegar a Diputados, con el consiguiente desgaste de ZI, que ahora ni siquiera ya es considerado un dirigente de fuste en las mismas filas cartistas, con el riesgo de que en el caso de que salga la intervención, el cartismo saldrá más fortalecido que averiado.

 

Además, la falta del guiño favorable del propio HC por su reelección, le agrega al asunto el condimento conocido de la clásica nebulosa de la indefinición que desconcierta a sus rivales políticos y potenciales contendores en 2018, así como ya había ocurrido en las internas coloradas del año pasado, cuando finalmente se consolidó la figura de Cartes como la del gran elector o árbitro indiscutido.

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