ZI genera división en HC

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La sola presencia en el seno de Honor Colorado de Javier Zacarías Irún ya genera malestar al interior del movimiento, donde algunos dirigentes hicieron sentir su voz de protesta de manera pública, como el caso del diputado cartista, Ramón Romero Roa, quien mantiene una fuerte disputa por el liderazgo regional con el hoy resistido ex intendente esteño.

Indudablemente quedó atrás el arrastre popular del que gozaba Zacarías Irún en esta zona fronteriza de la república. Hoy, un  alto porcentaje de la ciudadanía rechaza la figura del citado político, porque ha abandonado a la gente, priorizando sus intereses personales, lo que ha llevado a una reacción espontánea de la población, cansada de las mentiras y el manoseo del que es objeto por parte de un clan, que desde el 2001 se apoderó de los recursos públicos de la municipalidad paranaense, para que en estos momentos la institución esté en total ruina.

¿Algún gobierno intercedió para resolver el grave problema social de Ciudad del Este? Ninguno. Ni el actual ha demostrado voluntad política para tomar intervención en la galopante corrupción que azota al segundo municipio más importante del Paraguay. Al contrario, algunos de ellos, como el caso del presidente Horacio Cartes, otorgó una abierta impunidad al clan Zacarías para que continúe saqueando los genuinos recursos públicos.

Un Gobierno, si de verdad quiere hacer bien los deberes, no puede seguir practicando la hipocresía, como lo que ocurre actualmente, donde el presidente enfatiza constantemente la “transparencia” de gestión, pero al mismo tiempo está rodeado de políticos de dudosa reputación pública, como Javier Zacarías,  Víctor Bogado, Oscar González Daher, por citar algunos, porque la lista es larga.

El mandatario debe transmitir mayor confianza a la ciudadanía y una verdadera voluntad política, comenzando por una lucha frontal contra el mayor mal que corroe el tejido social del país, cual es la corrupción. De lo contrario, seguiremos en lo mismo, donde la pobreza, el desempleo, la inseguridad, se irán multiplicando. La educación y la salud siempre seguirán en segundo plano, para seguir figurando entre los países más atrasados en el mundo.

Pero esto es difícil de cambiar del día a la mañana, porque es una cuestión cultural de décadas. Pero si no viene la anhelada transformación socio-económica y educativa, el Paraguay está condenado por muchos años más a la ignominia, porque falta patriotismo y amor al prójimo de las autoridades, que utilizan al pueblo para obtener beneficios personales. En este país nada funciona. Todo se maneja a “nivel de cuate”, mientras que la ley y la Constitución son apenas elementos decorativos para los adulones de turno.

El presidente Cartes no puede seguir burlándose del sufrido pueblo guaraní. En cuatro años de gestión, casi nada cumplió de las promesas de su campaña, cuando fue investido como mandatario el 15 de agosto del  2013. La ciudadanía se siente inmensamente defraudada y desilusionada de otro gobierno pos dictadura, que llegó al poder para agrandar sus cuentas bancarias y favorecer a sus amigos y entorno.

El Gobierno no puede seguir apañando a quienes meten la mano en la lata, a quienes roban el sueño del pueblo. Es obligación del presidente impulsar a través de los resortes legales para que aquellos que dilapidaron los recursos del Estado sean  procesados y encarcelados, para que las venideras autoridades no cometan los mismos errores o delitos.

 

Para Cartes, pareciera, que la honestidad, en estos momentos, está en segundo plano. Lo primero para él, es sostener en el poder a su delfín, para que pueda seguir haciendo lo que quiera, así como  procede en esta parte del país, su ayer detractor y hoy aliado, Javier Zacarías Irún.

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