Una de las tristes estampas de la galopante corrupción en la comuna de Ciudad del Este, es la Dirección de Tránsito, cuyos agentes todos los días peinan las calles, en procura de incautos motociclistas y automovilistas, que caen en las garras de estos temidos e insaciables “zorros”.
No pasa un día para que estos policías de tránsito sean denunciados por sus “víctimas”, que son presionados o chantajeados para que aporten una suma determinada, para así evitar que su móvil sea llevado hasta el corralón comunal paranaense. Muchos de ellos no cometen infracción alguna, pero los inescrupulosos agentes inventan una, para así terminar arribando a un “acuerdo” de carácter monetario.
Esta es una antigua rosca corrupta que impera en la Dirección de Tránsito, bajo el amparo de las propias autoridades comunales. El director de dicha dependencia, Carlos Florenciáñez es apuntado como el cerebro del esquema, y que cuenta con la complicidad de la propia intendenta, Sandra McLeod, que a pesar de denuncias y elementos contundentes, que demuestran la existencia de los hechos punibles, la misma nunca tomó medida alguna. Al contrario, le otorga su pleno respaldo (sic).
Hace un poco más de 3 años atrás, Florenciáñez, luego una serie de denuncias de coimas cometidas por varios agentes de su pelotón, fue separado del cargo. Pero no pasó un año para que la jefa comunal lo repusiera en la función, hecho que recibió el repudio de la ciudadanía y que con eso además quedó demostrada la impunidad de la que goza el jefe y todo el plantel de agentes de la Dirección de Tránsito de la municipalidad de la capital del Alto Paraná.
El estigma de la corrupción está impregnado en la comuna paranaense, donde las autoridades municipales, comenzando por la intendenta, Sandra McLeod de Zacarías, nunca demostró o denotó voluntad política para combatir este mal, que tanto daño causa a la imagen que proyecta la institución, para ganar credibilidad y confianza por parte de la ciudadanía.
Los habitantes de un municipio quieren o deben tener la seguridad y la confianza en sus autoridades. Pero cuando se traspasa todos los límites, se pierde la credibilidad en las autoridades, como hace años ocurre en este distrito fronterizo, donde la ley y la constitución son letras muertas.
Pareciera que en esta comarca fronteriza la ilegalidad se tornó legal, porque ya no asombra a nadie la fenomenal corrupción que se practica en la segunda comuna más importante del país, Ciudad del Este.
En el editorial anterior habíamos calificado a Ciudad del Este, como el cangrejo, porque antes de ir hacia delante, lo hace hacia atrás. Y este calificativo no se aleja de la realidad, porque en esta zona fronteriza, como en gran parte del territorio nacional, el corrupto es el ciudadano “gentleman” y el honesto es el bandido y sinvergüenza. ¿Será que este pedazo de Sudamérica es parte del planeta tierra?
Todo es al revés y seguiremos así mientras que las autoridades y políticos sigan en sintonía para continuar esquilmando los recursos públicos, sin importarle el presente y mucho menos el futuro del pueblo. Un ejemplo crudo y para tener una idea: en la comuna de Ciudad del Este hasta la recaudación de la “coima” generada en la Dirección de Tránsito, una parte es para la corona. La angurria no tiene límite en esta desprestigiada institución del Estado.




























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