Con la esperanza y la seguridad de que el 2015 será mucho mejor que el 2014, la ciudadanía paraguaya comenzó a transitar por ese nuevo sendero, aguardando que aparezca el verdadero cambio en este país sudamericano.
El 2014 alcanzó una marca negativa nunca vista en los últimos años, al menos, en esta capital fronteriza de la República, donde la recesión comercial llegó al pico máximo, al punto de cerrar negocios y dejar en la calle, sin trabajo, a varios compatriotas.
El Gobierno tendrá que analizar con mucha seriedad y responsabilidad algunos planes de reconversión económica para la capital del Alto Paraná, que, indudablemente, es uno de los principales pulmones por donde respira la economía nacional.
Sabemos que la crisis del año pasado no tiene comparación, tomando en cuenta que no sólo fue patrimonio exclusivo del Paraguay, sino se instaló a nivel internacional, donde la economía sufrió un duro golpe, producto de un cúmulo de factores, que afectó a varios países de Europa, Asia y Sudamérica, como lo ocurrido con Argentina y Venezuela, que experimentaron una inflación por encima de los 40 y 70 % respectivamente.
El presidente Horacio Cartes deberá demostrar mayor interés en la economía de Ciudad del Este, barajando alternativas válidas para reflotar la otrora capital mercantil del país, hoy una ciudad aletargada, sin rumbo fijo y con una economía parada.
La sólida macroeconomía del Paraguay no constituye ninguna garantía para generar estabilidad socio-económica, porque la desigualdad continúa cada vez más creciente, con un tremendo déficit de falta de trabajo, alta corrupción y una ineficiente atención a la salud, que son sensibles demandas que el Gobierno deberá urgentemente solucionar.
Hasta ahora el cacareado “Nuevo Rumbo” no se hizo sentir en la población paraguaya. La ciudadanía continúa viajando en el antiguo tren, transportando mucha miseria aun. Hay ansia y esperanza que se manifieste el Gobierno de Cartes, que a su llegada realizó una serie de promesas, que hasta ahora no se materializaron.
En ese orden, los habitantes de esta capital fronteriza aguardan la revolución industrial, que Cartes prometió introducir en Ciudad del Este y distritos satélites. Esa sería la receta mágica de su Gobierno para tratar de hacer andar de nuevo el comercio paranaense, principal motor económico de los pobladores de esta región.
A casi un año y cinco meses de gestión, Cartes ha recibido más críticas que elogios, lo que compromete a su administración a tener que apretar el acelerador para lograr los objetivos propuestos. Según una reciente encuesta divulgada ante la opinión pública, la gente sigue creyendo que este Gobierno pueda lograr concretar algunos proyectos trazados hasta el 2018.
En este sondeo apareció un detalle interesante, que a pesar de no hacer muchas cosas, el foco de corrupción ha disminuido, pero sigue muy vigente.
Por tanto, el 2015 tiene que ser el año de la reivindicación, porque el escenario que se presenta es propicio para las inversiones. Ya han venido importantes industrias a instalarse en el Paraguay, pero aun tienen que aparecer más fábricas, para así ir respondiendo la sentida demanda laboral que existe en el país. En conclusión: 2015 difícilmente será peor que el 2014.





























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