26M, el día después

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Escribe: José Martínez

 

Este comentario lo escribí el domingo 23 de marzo; nadie tiene el poder de vaticinar el futuro, pero los previsibles condimentos del Paro Nacional de ayer 26 de marzo, nos facilitaron con sorprendente precisión imprimir conclusiones antes que ocurriera el hecho que pretendió paralizar al país y claro, publicarlo hoy, el día después, como si fuese en tiempo real. (Los escritos en Primera Plana se entregan los días lunes)

Este curioso juego con el tiempo fue posible, porque ninguno de los movimientos que promovieron el paro, estuvieron muy convencidos sobre la eficacia de la herramienta utilizada para los propósitos que proclamaron.

El recurso de la huelga es una herramienta constitucional consagrada a favor de la clase obrera cuando se establece un conflicto puntual con la patronal y, su utilización es aplicable en las instancias finales de las negociaciones entre las partes cuando la intransigencia de ambos no permite el acuerdo y sellan el fracaso de los propósitos.

Como es de conocimiento público, estos conflictos están presentes en el Paraguay, son históricos y no se los plantean de forma puntual y definitiva.

En el caso relacionado a la vigencia del Salario mínimo, el Decreto del Poder Ejecutivo habilitó el 10% del aumento escalafonado por oficios y profesiones, ello no habla de un fracaso de los trabajadores, al contrario, llegar al aumento de 25%, que pretenden es tan solo una cuestión de tiempo y nuevos planteos entre los sectores.

La suma de la Causa Campesina al paro, sacó protagonismo al justo reclamo que la clase más postergada y excluida de las políticas de desarrollo lo venían sosteniendo con silenciosa y heroica fortaleza. De más está decir que los gobiernos sucesivos han hecho poco o nada para reivindicarlos en sus derechos mil veces pisoteados.

Las acciones en Alto Paraná del Indert, rescatando tierras de los sojeros y retornándolas a los carperos e iniciando trabajos de asistencia y capacitación para generar arraigo es una señal esperanzadora en el contexto de las penurias campesinas. Se debería analizar no obstante que, la solución de la problemática de la tierra en Paraguay, jamás se podrá concretar sin la vigencia de la Ley que establezca la creación de un Registro de Catastro Nacional.

Al paro del 26M, se adhirieron reclamos como la problemática del transporte público, el boleto estudiantil y otros que están en curso de análisis y solución. Pero, la derogación de la Ley de Alianza Público Privada fue el pivot en torno al que se jugaron los promotores del paro situados en alas de la política de izquierda, sin observar que la irrupción del capital extranjero y la radicación de empresas foráneas, aquello que les hizo organizar el paro en contra del Gobierno de Cartes, hoy forma parte de los proyectos legislativos que lleva adelante Raúl Castro en Cuba, hasta ayer no más el mayor opositor a la idea.

El modelo del Socialismo del siglo XXI en evidente crisis, está reviendo sus principios y al parecer sus representantes locales, no están informados y de yapa fomentaron el paro.

El gremio de los docentes expuso como siempre su experiencia en los reclamos, un ejercicio que deberían acompañar de forma visible con la práctica de mayores esfuerzos intelectuales para mejorar la aplazada calidad de sus rendimientos en aula.

Sin entrar en los fangosos temas de la necedad, se sabe que el Paraguay es una caja de mil y sorprendente acciones a favor de la impunidad, el latrocinio institucionalizado, el nepotismo, el hamponato y otras yerbas amargas para nuestro pueblo, pero, convengamos que muchos de los que pretendieron el Paro, parapetados en sus trincheras de poder, fomentaron en su momento eso mismo que hoy demandan.

Un gobierno es la más útil de las herramientas legales de una democracia y aun con ideas políticas en discusión con él, deberíamos todos los sectores ensayar un esfuerzo para dinamizar la gestión que propone si éstas se posicionan claramente dentro de los parámetros de la justicia y a favor del supremo bien del Paraguay.

Las premoniciones negras y los obstáculos que se creen en torno a lo que ni siquiera se puso en movimiento constituyen la más torpe, perjudicial e inconducente medida política, tal como lo fue el paro de ayer.

 

 

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