
Escribe: Luis Alen.
Una de las primeras medidas impopulares de Mario Abdo ha sido indudablemente la subida de los precios de los combustibles y próximamente del pasaje o en su defecto del subsidio estatal al transporte público, como resultado de la herencia recibida de Horacio Cartes en la aventura de “ÑandePetropar”.
Demás está decir que la pelota tatá en manos de Marito deberá desembocar en inflación y en más déficit fiscal, sin contar con el deterioro en el nivel de vida de la gente. Pero de lo que se evita hablar es que HC dejó deliberadamente el problema al nuevo gobierno, después que haya ensayado un monopolio en Petropar que ahora deberá ser auditado e investigado para desenredar la madeja de corrupción que ha tenido embutida.
El cartismo no para de ufanarse hasta hoy que durante el mandato de HC se consiguió frenar las subidas de precios de los carburantes, por haberse controlado la “voracidad” de los emblemas privados distribuidores y que, en paralelo, se pudo potenciar a la petrolera estatal hasta el punto que cuenta ahora con más de 150 estaciones de servicio en todo el país.
Pero de lo que no se informa es que una buena rendición de cuentas por parte de la nueva administración mostrará un panorama mucho más sombrío, ya que Petropar afronta severos números deficitarios, que ahora deberán ser corregidos, como una demostración que el objetivo real de HC era, de continuar en el poder, la quiebra de la entidad pública y su absorción probable por alguna empresa del Grupo Cartes.
Estaciones para la tropa
La mayor parte de las nuevas estaciones de servicio eran subsidiadas por la propia Petropar, siendo dirigidas por operadores cartistas y erigidas varias de ellas hasta en terrenos de seccionales coloradas. En una de las estaciones incluso se informó de seguidos robos de gruesas sumas de dinero en épocas electorales o en otros momentos, con montos siderales que no cuadraban con el movimiento de las ventas de combustibles y servicios en la estación.
Esto da a entender que el plan con “ÑandePetropar” era claro: tener satisfecha a la tropa política cartista y, de paso, ir vaciando la empresa para que sea luego privatizada “por chauchas y palitos”. Lo mismo ocurría en la campaña de “Ñande Gas”, con el camioncito que recorría los barrios con fines netamente populistas y proselitistas en época electoral, poniendo en riesgo a la misma población colindante, por no contar el dispositivo con las más mínimas medidas de seguridad requeridas en estos casos para manipular nada menos que grandes cantidades del peligroso energético.
Pero todo esto sería meramente anecdótico si no respondiera a una estrategia bien armada que iba más allá de aparecer como una especie de “vendetta” contra el “vil oligopolio” de las distribuidoras privadas de combustibles y gas, que ahora el cartismo responsabiliza como las que están detrás de las alzas en los precios de los carburantes.
La defensa que realizan los voceros de HC, sin embargo, olvida que el hombre fuerte del Grupo Cartes en Petropar, Carlos Cañete, se empeñó entre 2013 y 2018, en un programa de vaciamiento con la valiosa ayuda de los decretos firmados en 2015 por su jefe, entonces presidente de la República, vigentes hasta julio pasado, y que otorgaban a “ÑandePetropar” el 50 por ciento del mercado en una confiscación inconstitucional.
En la medida en que no bajaban los precios al consumidor como bajaron los valores internacionales del crudo, y al no subirlos en los últimos meses de mandato de HC, cuando ya era muy notoria la sostenida subida tanto del barril de petróleo en el exterior como del tipo de cambio en el mercado interno, los únicos beneficiados eran los cartistas encaramados con los subsidios a las estaciones de servicio, que también siguieron recibiendo combustibles pese a contar con un elevado saldo deudor con Petropar.
Al fallarle su reelección a HC y al no poder ubicar a su delfín Santi Peña en la presidencia, se dejó a la deriva a Petropar, como desde luego era su plan desde el inicio, sólo que quien tiene que afrontar las consecuencias del desaguisado es el nuevo jefe de Estado, Marito Abdo y, por supuesto, todo el pueblo paraguayo.
Una prueba del vaciamiento ocurrió también en el tema del “Ñande Gas”, porque la administración cartista dejó a propósito casi vacíos los tanques de la empresa, para que la nueva conducción se vea en figurillas al tratar de no dejar sin distribución a las estaciones adheridas a la venta del hidrocarburo, realizando una adquisición especial de urgencia en el mercado local.
Los cartistas se rasgan las vestiduras porque se estaría “dilapidando” la cuenta de Petropar en el BNF, de unos US$ 120 millones, ubicándola una parte en bancos privados, yendo en contra de un decreto de la era HC, pero de lo que no se habla también es que habría sido mucho mayor el desvío de fondos hacia la finalidad cartista de tener contenta a la tropa electoralista con la posterior entrada en crisis de la empresa estatal, como realmente está ocurriendo ahora.
Un dato más: llama poderosamente la atención que desapareció la base de datos de los créditos y del movimiento de los combustibles de Petropar en la era cartista, lo que fue realizado en forma deliberada con la salida del anterior gobierno, según los informes de la nueva titular del ente, Patricia Samudio.
Y eso sin tener en cuenta que HC no hizo nada para pagar la gran deuda que aún se mantiene con PDVSA (Petróleos de Venezuela) por más de 300 millones de dólares y que pende como una espada de Damocles sobre el Paraguay y sus reservas internacionales.
Es el momento que tome cartas el procurador general de la República, Sergio Coscia, como se ha anunciado, para defender los intereses del Estado paraguayo, y conocer así toda la trama urdida por el Grupo Cartes para expoliar miserablemente al pueblo paraguayo entre 2013 y 2018, con el ánimo de controlar el negocio petrolero y alzarse con él eventualmente si conseguía seguir en el poder, como ahora está pretendiendo HC con un supuesto “pacto de impunidad” que debe ser rechazado por Marito.





























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