Concluida la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, aquí no quedó nada en pie, ni piedra sobre piedra, a más de la destrucción total de su economía y la muerte del millón de combatientes y civiles, incluidos niños. El Paraguay soportó la ocupación del ejército imperial del Brasil, los invasores no sólo atropellaron, violaron, saquearon y humillaron a los sobrevivientes paraguayos, sembraron la semilla del miedo que alimentó el fantasma de una dependencia vergonzante que hasta hoy rigen las relaciones del Paraguay con sus verdugos de la triple alianza y en particular con el Brasil.
Esta vil herencia no declarada, es de tácita comprensión para todos y el botón de muestra lo tenemos en el tratado de Itaipú, en el que las autoridades paraguayas, sin oposición alguna, dispusieron la cesión casi gratuita de todos los derechos del Paraguay sobre la energía de Itaipú, para el beneficio de los intereses del Brasil.
Nada hace suponer que las autoridades nacionales del presente hayan cambiado de actitud, aquel denigrante espíritu de la posguerra continúa y aunque hábilmente disimulado por la diplomacia de Itamarati, sigue con anuencia del derrotado servilismo guaraní, sacando tajadas a favor del imperio, destacándose en este mandado el ex presidente Lula, quien con espejitos logró seducir al Paraguay.
La presidenta Dilma rousseff sacó la careta y la cínica sonrisa de los brasileños se transformó en una mueca cruel e injusta, actuó con el rigor de antaño al desnudo.
De nuevo el Brasil, reviviendo su perversa y vergonzante alianza del pasado, suspendió al Paraguay del Mercosur y Unasur, despojándolo de su rango soberano y pisoteando solemnes acuerdos rubricados.
La actual ola de protesta de los millones de indignados brasileños en contra de la mandataria, no hace más que subrayar los grandes equívocos en los que cayó históricamente la política brasileña.
Los paraguayos podríamos con razón suponer que sería posible hallar entre ellos, más de un desmán perpetrado en contra de Paraguay.
Con la colosal protesta de los indignados del Brasil, queda al descubierto que no todos están de acuerdo con la veleidades monárquicas de una plebeya ebria de soberbia, al punto de exhumar el cadáver de alianzas putrefactas y arrojárselo de nuevo a la misma víctima, su propio pueblo terminó recordándole que todo tiene un límite y que el suyo llegó.
En lo que atañe al Paraguay, esperamos que el flamante Presidente electo actúe con la patriótica dignidad reivindicativa, ausente en sus predecesores.
Escribe: José Martínez





























Facebook Comentarios