Miles de paraguayos están en contra de la Alianza Pública Privada, con la que el presidente Cartes pretende construir realidades sobre su principal promesa electoral; el frontal combate a la pobreza y a todas las secuelas que de ella deriva.
Las personas en desacuerdo reaccionan manipulando a masas provistas de poca información, inyectando en ellas temor y desconfianza que surgen como reflejo de sus propios miedos, paridos del temor que les provoca perder los privilegios del que disfrutan en medio de la miseria de los demás.
Ellas son enemigas del plan basado en la prestación de un mejor servicio público con participación del sector privado, ahí donde nunca antes lo hubo, en las instituciones del Estado, desde donde se manejan los incontables recursos patrimoniales del país, tan deshonestamente utilizados.
Toda decisión trae con ella un riesgo, no por ello deberíamos continuar con el sistema que solo enriquece a unos pocos y empobrece a la mayoría. Si existen dudas sobre la confiabilidad del la Alianza Pública Privada que propone Horacio Cartes, por el contrario, tenemos la certeza del fracaso del sistema que hoy tenemos.
Las empresas estatales son altamente deficitarias, a más de ser nidos de perniciosos grupos de corruptos que en nombre de la patria disfrutan de un bienestar mal habido y condenan al más reprochable abandono a las masas.
El Paraguay no debe caer en el tonto y engañoso enfrentamiento de tinte ideológico, cuando que en verdad la disputa esconde que es grosera y únicamente es el modo para lograr la permanencia de los odiosos privilegios de la desigualdad que beneficia a pocos, sin autoridad moral.
Paraguay no debe postergar más la oportunidad de poner en práctica decisiones que podrían cambiar el rumbo de la vida de todos sus habitantes, igualados en el derecho, a disfrutar de los recursos del Estado, hasta hoy sólo al alcance de los privilegiados del sistema.
El marco legal de la Alianza Pública Privada, puede no ser perfecto, pero entre esas imperfecciones y el actual estado miserable que luce el manejo de la cosa pública, el riesgo es más seductor que el continuismo, este pensamiento se afirma con fuerza en millones de paraguayos que a más de recibir un pésimo servicio, sufren la falta de empleo que se corregirán con la fusión del capital privado y público.
El Paraguay sufre carencias estructurales, de Educación, salud, desarrollo tecnológico e industrial y muchas otras fragilidades que atentan contra nuestra valía interna y externa y principalmente, en la miserable condición de vida de casi la mitad de la población que vio partir a sus seres queridos, expulsados por la desesperanza, ante la avaricia de una clase parasita que sin miramientos democráticos impuso el exilio económico, repitiendo la pesadilla del exilio político en tiempos de la dictadura.
Escribe: José Martínez





























Facebook Comentarios