Aprovechar ingreso de Bolivia a Mercosur para renegociar binacionales y la Hidrovía

211

Escribe: Luis Alen.

Pasan los años y las consecuencias políticas adversas de la crisis paraguaya de junio de 2012 en el ámbito del Mercosur no han sido subsanadas, sino que, por el contrario, pareciera que se ha llegado a un punto de no retorno para mantener aislado al Paraguay, al no haber funcionado la vuelta sin condiciones de Horacio Cartes, planteándose ahora el absurdo de no contar con una estrategia adecuada ante el ingreso como miembro pleno de Bolivia, lo que aumenta el manejo irregular que proponen los países dominantes en el bloque, Argentina, Brasil y Venezuela.

Es que Evo Morales ingresó “por la ventana” al organismo regional, tal como lo había hecho el finado Hugo Chávez, durante la suspensión paraguaya. La irregularidad con respecto a Venezuela fue solucionada a través de promesas de apoyo al desarrollo nacional, pero con referencia a Bolivia todo quedó supeditado a otras negociaciones que dependen de un acercamiento entre los gobiernos de La Paz y Asunción.

Como en el caso venezolano, la llave de ingreso para Bolivia es nuevamente el Senado paraguayo. Con la aprobación al ingreso del gobierno de Nicolás Maduro, sucesor de Chávez, prácticamente no  hubo resultado concreto para el Paraguay, al subsistir los mismos inconvenientes para el desarrollo, como las trabas al comercio y la falta de libre salida al mar de los productos nacionales. La última reunión cumbre del Mercosur en Argentina postergó los pedidos paraguayos para el primer semestre de 2015.

Se complica aún más el panorama sabiendo que tampoco Evo Morales goza de la simpatía de la mayoritaria clase política paraguaya, lo mismo que ocurría con el comandante caribeño, pero los nuevos vientos en la política interamericana tras el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba pueden impulsar al Gobierno paraguayo a realizar planteos más imaginativos de los que hasta ahora acostumbra hacer la diplomacia asunceña.

Los pedidos paraguayos a sus grandes vecinos se centran básicamente en materia de acceso sin trabas del comercio exterior paraguayo al mar así como a un mayor apoyo para su infraestructura física, vial y ferroviaria, pero además se debe plantear a la Argentina y Brasil nuevas bases para el relacionamiento en las binacionales Yacyretá e Itaipu, un tema que habitualmente Buenos Aires y Brasilia tratan de eludir y no mezclar con los problemas del Mercosur.

Infraestructura y energía son claves

Es cierto que el gran problema nacional en estos momentos es su infraestructura de transportes y de servicios básicos que tiene un indudable atraso de años, estimándose que la inversión necesaria para actualizarla ronda los US$ 2.500 millones, una cifra que por supuesto está fuera del alcance del Estado, a menos que se recurra a préstamos internacionales o a la inyección de capitales privados.

Tras realizar una lectura inteligente y realista del mapa político sudamericano, en el Mercosur hay que analizar lo que más conviene a los fines del desarrollo nacional, y no cabe otra alternativa que aplicar una “realpolitik”, consistente  en buscar un entendimiento con los socios –a partir del caso del ingreso de Bolivia- a través de concesiones de los grandes en la búsqueda de soluciones a los problemas de las binacionales Itaipu y Yacyretá, tanto en materia de precios de la energía como de la libre disponibilidad de la misma.

Asimismo, nuestro país debe aprovechar esta coyuntura para plantear una solución a los problemas de conectividad para su comercio exterior hacia el mar, dando un corte definitivo a los temas pendientes en el transporte fluvial por la Hidrovía Paraguay-Paraná, especialmente con la Argentina, mediante la nueva visión de conjunto en las negociaciones abarcando las entidades binacionales hidroeléctricas, y teniendo como meta la plena integración energética del Cono Sur sudamericano.

Por ejemplo, ya no puede esperar la interconexión eléctrica con países como Chile, Bolivia, Perú y Uruguay, superando las trabas argentinas y brasileñas que se han levantado en contra de esta posibilidad.

El Paraguay tiene que aplicar una hábil estrategia de formar un “minibloque” de los países pequeños del Mercosur, con Bolivia y Uruguay, de tal forma a negociar una fórmula que permita la integración energética, uniendo el gas boliviano y la electricidad paraguaya para un abastecimiento eléctrico seguro no sólo al mercado uruguayo sino también para la oferta de un balance de generación adecuado con miras a satisfacer la creciente demanda de los mercados brasileño, argentino y hasta chileno.

El ingreso de Bolivia al Mercosur puede permitir la adopción de esta nueva diplomacia económica basada en la energía que aumente considerablemente la capacidad de producir electricidad con la consolidación de una matriz energética que una la generación térmica en base a gas con la producción hidroeléctrica de las represas binacionales.

La diplomacia paraguaya debe hablar en clave energética, pues el país cuenta con una capacidad de generación  eléctrica que le puede proporcionar la llave de la integración sudamericana. Con este potencial a desarrollar, no se concibe que el Gobierno  paraguayo siga siendo ignorado en las reuniones del Mercosur, tal como ocurrió nuevamente en la cumbre del bloque en Paraná, Argentina.

 

Se debe aprovechar la aprobación del ingreso de Bolivia al Mercosur para negociar la nueva integración económica en clave energética regional. De esta forma, un panorama óptimo en la economía y en el abastecimiento energético seguro que apoye el crecimiento desarrollista, permitirá también al Mercosur salir del marasmo político y jurídico en que se encuentra en la actualidad.

Facebook Comentarios

Compartir