Aprovechar negociación con Mercosur para afinar estrategia económica del país

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Aprovechando las tratativas para recomponer las relaciones con los países del Mercosur, el Gobierno paraguayo debería sacar ventajas de sus socios con el fin de pulir la estrategia económica del país, tendiente a mejorar las condiciones para las inversiones en sectores claves que crean empleos, única fórmula posible para luchar contra la pobreza.
No se trata sólo de una vuelta con dignidad al organismo regional, cuidando de todas las aristas jurídicas posibles y especialmente en lo atinente a la imperiosa necesidad de enmendar el desquicio creado por el ingreso irregular de Venezuela, sino también porque se dan todos los ingredientes para sacar provecho de esta situación, mirando el interés nacional en función económica y social.
Mientras en el ingreso de 1991, en ocasión de firmarse el Tratado de Asunción, el Paraguay fue una especie de furgón de cola en el entramado de intereses de los grandes sudamericanos Argentina y Brasil, con el aditamento de Uruguay, en la actual coyuntura el país se encuentra en posición mucho más favorable para conseguir beneficios que antes ni siquiera se podía imaginar obtener.
Por caso, surge la conveniencia de plantear el tema energético a nivel regional, promoviendo tanto con brasileños y argentinos una renegociación de igual a igual de los tratados de Itaipú y Yacyretá que permita construir una auténtica integración energética entre todos los países del Cono Sur.
Asimismo, se debe reformular con Venezuela el tema de la deuda con PDVSA, siempre en plan de obtener beneficios, al mismo tiempo que se negocia con Bolivia y Uruguay una empresa conjunta para la industrialización del gas natural boliviano, que incluya la producción de energía eléctrica para toda la región, haciendo realidad el sistema eléctrico interconectado a nivel sudamericano con Paraguay como eje central de un mercado mayorista regional.
Hasta el momento, el Gobierno de Cartes ha sabido recomponer las relaciones con los vecinos a partir de negociaciones bilaterales, lo que será sumamente útil para plantear las reivindicaciones a nivel del Mercosur y sacar las ventajas aludidas.

Nueva estrategia
La nueva estrategia económica tiene la finalidad de acelerar la radicación en el país de inversiones con alto impacto en el empleo de los recursos humanos. Porque, hasta hoy, la línea conductora económica ha sido la explotación de los recursos naturales en forma intensiva y extensiva, sin mucho efecto en la ocupación de la mano de obra por la clase de desarrollo centrada en la producción agropecuaria que expulsa fuerza de trabajo del campo a la ciudad, en vez de ser a la inversa.
Como un indicador determinante, el crecimiento elevado de 2013 con una previsión de 13,6 por ciento, sin embargo posee características de “súper nova, de gran fulgor, pero de duración breve”, según lo grafica la agencia de noticias EFE en un comentario datado en Asunción y de gran difusión en la prensa internacional, que está impactada por el más alto incremento del PIB en América Latina y cuarto en el plano mundial. Para el analista no deja de llamar la atención que con unos catorce millones de cabezas de ganado y una población de 6,6 millones de habitantes en un territorio algo mayor que Alemania, que tiene 80 millones de habitantes, Paraguay es una nación agropecuaria de vastos espacios vacíos, pero su destino está muy vinculado a las lluvias, las sequías y las plagas. Lo llamativo del caso paraguayo es el movimiento zigzagueante de su economía, en un ritmo irregular que delata en forma inequívoca lo que ya se dijo en varias oportunidades respecto a la baja cantidad y calidad de la inversión y, por ende, de las posibilidades de extender las bondades del auge económico a los sectores más pobres bajo la forma de redistribución equitativa de la renta y una mayor captación de mano de obra.  Peor aún, la expansión de los cultivos a gran escala, que aumentan el PIB, oculta un efecto negativo para la sociedad, pues ha empujado a parte de esa población rural a bolsones de pobreza en las ciudades.
El alza de dos dígitos de este año llega tras una caída de un 1,2 por ciento del PIB del Paraguay el año pasado, da una idea de los enormes vaivenes de su economía. En 2010 se apuntó un crecimiento del 15 por ciento después de otra recesión el año anterior. Por tanto, sus explosiones económicas han tenido un impacto reducido en los indicadores de desarrollo, lo que a su vez ha redundado en detrimento de las posibilidades de un crecimiento del PIB sostenible en el tiempo.
El nivel de pobreza bajó del 36,8 por ciento en 2001 al 32,4 por ciento en 2011, pero la pobreza extrema subió del 16,7 por ciento al 18 por ciento en el mismo periodo, mientras que el empleo informal se redujo tan solo del 87,1 por ciento al 81,3 por ciento, según un reciente estudio sobre desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
En otro países la explosión en un sector específico ayuda al resto de la economía al generar empleo e incrementar la recaudación tributaria, que el Estado puede dedicar a mejorar la educación, la salud o a transferencias directas a los pobres como los programas Bolsa Familia de Brasil u Oportunidades de México.
En Paraguay eso no ha ocurrido. La producción agropecuaria está en las manos de un puñado de latifundistas, que explotan el campo con alto uso de tecnología y poca mano de obra. Se trata del país con la segunda mayor concentración de tierras en el mundo, ya que el 2,6 por ciento de los propietarios detentan el 85,5 por ciento de la superficie agraria, según la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
La pobreza aflige al 44,8 por ciento de los habitantes rurales, por lo que en el campo conviven los paraguayos más ricos con los que menos tienen.
Asimismo, la bonanza de las empresas del agro-business no resulta necesariamente en un gran flujo de guaraníes para el Estado paraguayo, que es el que menos tributos recoge en América Latina, con solo un 12,3 por ciento del PIB.
La soja y la carne, sus dos principales exportaciones, generan un 20 por ciento del PIB y la gran mayoría de las ventas al exterior, pero sólo contribuyen un 2 por ciento a los ingresos fiscales.
Desde 2014 el sector agropecuario tendrá que abonar un nuevo impuesto a la renta y habrá una ampliación del IVA, debido a una reforma tributaria impulsada por el presidente Horacio Cartes.
Pero esta misma legislación contempla muchas deducciones y oportunidades para evitar el pago. A la vez, un impuesto más fácil de cobrar, sobre las exportaciones de granos, fue vetado por Cartes, quien argumentó, entre otras razones, que las grandes compañías exportadoras trasladarían la carga del tributo a los productores, lo que restaría competitividad a la economía.

Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com

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