El gobierno argentino, acaba de reducir el tamaño de los convoyes de barcazas que pueden transitar por la principal vía de exportación de la producción paraguaya, la hidrovía Paraguay-Paraná. Esta disposición surge en un momento en que el campo está generando un volumen ingente de alimentos, por el buen clima, que hará que nuestra economía se expanda este año un 13,6%, según cifras oficiales.
La costa es un recurso natural cuantificable, según atestiguan países encerrados en los continentes, como el caso de Paraguay, que tendrá una producción agropecuaria récord este año, pero que afronta dificultades para su exportación, al entrar en vigencia este tipo de régimen. Esa medida es un dolor de cabeza para los productores, que la han calificado como “arbitraria”, e intentan que el gobierno nacional presione a Buenos Aires para que la revoque. Los exportadores ponen como ejemplo la serie de “trabas” que imponen Argentina y Uruguay, cuando se trata de alimentos que ellos también producen.
Definido como “una isla rodeada de tierra” por Augusto Roa Bastos, Paraguay sufre las desventajas de la “insularidad” sin los beneficios de la autopista marítima.
Así como a otros países mediterráneos le perjudican las distancias y está a expensas de sus vecinos a la hora de llegar a los puertos, situación que hace que estos factores estrangulan la exportación, Paraguay se ha convertido en un granero de enorme productividad, capaz de asumir altos costos de transporte y aun así ser competitivo en los mercados internacionales. Este año romperá todos sus récords con una previsión de exportaciones de 7,5 millones de toneladas de productos de soja, incluidos aceites, 3,2 millones de toneladas de maíz y 296.000 toneladas de carne y cueros, según la entidad estatal, Red de Inversiones y Exportaciones (Rediex).
La producción está en un puñado de manos, puesto que en Paraguay el 2,6 % de los propietarios poseen el 85,5 % de la superficie agraria, lo que le convierte en el país del mundo con la segunda mayor concentración de tierra, según la ONU.
El mayor freno para sus exportadores no es la producción, sino cómo sacar lo que el país produce. Enviar un contenedor de Asunción a un puerto de Chile, por ejemplo, cuesta más que la travesía interoceánica hasta Asia, según dijo Sebastián González, dueño de una empresa exportadora de subproductos animales.
El trayecto por el puerto de brasileño de Paranaguá es algo más barato, pero aun así solo compensa mandar productos con mayor valor por peso, como la carne. Por ello para Paraguay, las vías fluviales siguen siendo el cordón umbilical, pues por ellas salen entre el 80 y el 90 % de sus productos, según la Cámara Paraguaya de Exportadores. Además de los embates con los países del Río de la Plata, la gran lengua fluvial formada por la confluencia del Paraná y el Uruguay, su otra dificultad para su salida al mar es la navegabilidad, que requiere el adecuado dragado y señalización de los ríos. En ese sentido, los gobiernos de Paraguay y Argentina firmaron el mes pasado un acuerdo para profundizar el lecho del río Paraguay en siete pasos complicados para facilitar el paso a los barcos durante la época de estiaje en los próximos meses.
Por el Paraguay transitan las cargas en su mayoría adquiridas por multinacionales extranjeras, que hacen acopio de la producción en el campo o en Asunción, donde la embarcan en puertos privados hasta Buenos Aires o Montevideo, un trayecto de entre cinco y seis días, según González. De allí se reexportan en buques mayores a Asia, Europa y Norteamérica.
El Gobierno de Horacio Cartes es consciente de las limitaciones de infraestructura de Paraguay y pretende dedicar 1.000 millones de dólares al año a obras públicas, en las que aspira a que también invierta el sector privado gracias a una nueva ley de “alianza público-privada”.
Una solución con la que sueñan los exportadores es una línea de ferrocarril que cruce Paraguay y una los puertos de Antofagasta, en Chile, y Paranaguá. La Agencia de Cooperación de Corea del Sur (Koica) estimó en un estudio presentado la semana pasada que el proyecto costaría 3.070 millones de dólares.
En ese caso, el mayor atractivo para los productores paraguayos sería exportar a través de Chile, según González. La obra acarrearía importantes implicaciones políticas, además de económicas, pues haría que Paraguay, ahora dependiente de sus socios del Mercosur, volviera la vista al Pacífico.





























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