Escribe: Luis Alen.
Las medidas adoptadas por el Gobierno de Cristina Kirchner para reducir el predominio de la flota paraguaya en la Hidrovía, comienzan a tener un efecto “bumerán” para la Argentina, ya que la costosa alternativa de utilizar el transporte vial o ferrocarrilero incrementa los costos de los exportadores, quienes así no pueden competir con el resto del mundo.
Las trabas argentinas a la libre navegación en la Hidrovía Paraguay-Paraná afectan cada vez más la competitividad de la economía del país vecino, como expresan los datos de un significativo derrumbe de más de 10 por ciento en las exportaciones del año pasado, notándose especialmente la caída en algunas provincias cuya producción depende para su impulso de la costosa infraestructura de transporte dominada por los camiones.
El transporte de cargas por vía fluvial resulta siempre el más barato, pero significativamente la producción del Litoral argentino y de las provincias del Noroeste y Centro del país no ha incrementado el uso de la Hidrovía sino que lo ha disminuido, como consecuencia de las restricciones impuestas a los exportadores para sacar su producción vía Uruguay por medio de la flota paraguaya de buques y barcazas.
Burocracia y regulaciones excesivas
La excesiva burocracia aduanera argentina, unida a las regulaciones que intentan reducir el crecimiento de las embarcaciones con bandera paraguaya, terminaron por agravar aún más los efectos negativos sobre la producción y las exportaciones regionales argentinas de una ineficiente infraestructura de transporte, que requiere de grandes inversiones en las redes vial y ferrocarrilera, pero que son mucho más costosas que la vía fluvial.
Los datos de la estrepitosa caída de la competitividad argentina ya comienzan a surtir efecto sobre la economía en su conjunto, ya que los analistas coinciden en que la reducción de las exportaciones durante 2014 se ha debido en mayor medida a factores internos y no a factores externos, como fueron la menor demanda internacional de materias primas y productos industrializados o la disminución en los precios de los “commodities”.
Entre los factores internos, además de los clásicos como el tipo de cambio, la inflación y los altos impuestos, aparece ya como parte vital del costo argentino para exportar el problema de la infraestructura de transporte, que afecta la competitividad. Es que el 84 por ciento del transporte de cargas se realiza por camiones en la red vial dentro de la Argentina, una porción menor por ferrocarril y el resto por vía fluvial o marítima.
Las recientes medidas que afectan a los exportadores del Litoral argentino y provincias norteñas como Formosa, en su operación con contenedores a través del Uruguay obligándolos a hacerlo por el puerto y aduana de Buenos Aires, además de las restricciones en la cantidad de barcazas (se redujo el convoy autorizado de 16 a 12 en la zona del delta del Paraná), no hicieron otra cosa que incrementar sobremanera los costos en la vía fluvial.
De hecho, ante la prohibición de exportar vía Uruguay, muchos exportadores volvieron a utilizar camiones para enviar sus contenedores directamente a Buenos Aires para su trasbordo a buques de ultramar, en vez de utilizar los convoyes paraguayos, que son los mayoritarios en la Hidrovía.
Por lo visto, al Gobierno argentino le interesa poco su declinante posición en el ránking mundial de competitividad por infraestructura, al caer del puesto 120 a 123 entre 2013 y 2014, de un total de 144 países del mundo, según la medición del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza.
La deficiente y costosa infraestructura de transporte, que requiere de grandes inversiones tanto en redes viales como ferroviarias, podría ser ampliamente mejorada si es que el Gobierno de Buenos Aires cambiara su actitud en la Hidrovía, donde con solo acatar lo firmado en el Acuerdo de los cinco países, al mismo tiempo de admitir la libre navegación de los ríos internacionales Paraguay y Paraná, ya podría hacer mucho por incrementar la competitividad de su propia economía.





























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