Escribe: Luis Alen.
En medio de los tremendos problemas generados por la falta de resultados en materia de seguridad ciudadana, al presidente Horacio Cartes no se le ocurrió mejor idea que declararse también víctima potencial de la criminalidad a través de sus propios medios de comunicación, que alertaron de un plan de magnicidio articulado por sicarios de la mafia brasileña.
El enrarecido clima político-social del país, exacerbado por el auge de la violencia en el Norte, por asaltos y secuestros que hasta sacudieron de nuevo la capital del país, así como por sucesivos motines en las cárceles, puede tener su explicación no sólo en la ineptitud de los encargados de la seguridad, sino también en una deliberada orientación de HC para presentarse ante la sociedad como el único que finalmente podrá enfrentar tanto a la narcoguerrilla del EPP como a los poderosos cárteles de la droga del Brasil, que pretenden nada menos el control del negocio en el Paraguay, con peligrosas conexiones en la política nacional.
Pero lo que no se están explicando los estrategas cartistas es por qué a esta altura del campeonato, el liderazgo colorado no se ha aglutinado alrededor del “jefe”, estrechando filas para defender a Horacio ante la arremetida de la mafia. La explicación parece ser que varios dirigentes importantes, incluidos algunos de base, están intuyendo que la estrategia cartista apunta a una solución autoritaria o dictatorial, y no precisamente a una democrática, con el pretexto de la lucha antimafiosa y en contra de la guerrilla.
Para abonar el temor de la dirigencia, los últimos discursos cartistas son claramente de extracción “stronista”, como los dichos del ministro de Industria y Comercio Gustavo Leite, o del reconvertido Enrique Riera, ministro de Educación, ahora un fiel perifoneo oficialista, que ya está siendo señalado como posible “delfín” de HC.
De Leite se puede esperar un discurso autoritario por su mismo origen familiar e ideológico, formado en la escuela oviedista y militar, siendo ahora seguidor del aprendiz de dictador Javier Zacarías Irún, de quien se dice es su cuota en el gabinete cartista.
Pero de Riera no se podría esperar una palestra más “deschavetada”, al decir de Juan Carlos “Calé” Galaverna en una entrevista televisiva el pasado domingo. Es que su pasado familiar luchador contra el stronismo, especialmente de su difunto padre, no sería la mejor tarima para lanzar improperios hacia la oposición, por una supuesta condescendencia de ésta con el EPP, cuando se sabe que la insurgencia de los irregulares estaría más bien vinculada al proceder narco en la guerra que ya mantiene con el Gobierno cartista.
Demostración de fuerza
En vista que las fuerzas policiales y militares no pueden terminar con el EPP en Concepción y San Pedro, HC se propuso ahora arrear 50 mil correligionarios para el acto colorado de recordación de un nuevo aniversario de fundación de la ANR, en Capiatá, el viernes 9 de setiembre. Lo hará financiando la fiesta con su propio peculio, según lo anunció el propio presidente del partido, Pedro Alliana.
Esta demostración de fuerza partidaria tiene la intención de intimidar a los disidentes del partido, que ya dijeron que no asistirán a la cita de la “unidad con el único líder”, donde hablará seguramente Cartes y en la ocasión posiblemente se pedirá al unísono por parte de los adulones de HC, la reelección del presidente.
Varias voces de presidentes de seccionales, tanto de la capital y del interior, ya se han alzado también expresando su desaprobación a la convocatoria de la “arreada”, con lo cual se está demostrando que las imposiciones de HC en el partido tienen sus días contados, comenzando por el tema de la reelección, sobre el cual ya dio la disidencia un gran paso al rechazar la enmienda constitucional con el aporte de gran parte de los partidos opositores en el Senado, tanto liberales como de izquierda.
Le queda aún a HC la vía de la Cámara de Diputados, donde cuenta con mayoría, pero al pretender con esto forzar el texto constitucional, lo único que lograría Cartes es confirmar que busca imponer su voluntad ahora no sólo sobre el partido Colorado sino también sobre toda la República, con consecuencias nefastas sobre el orden democrático nacional y de repercusiones negativas en el relacionamiento con los países vecinos.
Hasta el momento, Cartes ha mantenido relaciones amigables con los gobiernos de Argentina y Brasil, ahora socios en la confrontación con los bolivarianos de Venezuela, que se hallan en franca retirada en su propio país y en gran parte de Latinoamérica. Esta coyuntura favorable quiere ser aprovechada por HC para a su vez convencer a los colorados y a la ciudadanía paraguaya de la necesidad de su permanencia en la titularidad del Estado, por otros cinco años, pero al mismo tiempo hay que observar que HC no aprovecha esta situación para plantear a los gobiernos vecinos mejores réditos para el país en las hidroeléctricas Itaipú y Yacyretá, por ejemplo.
Esta posición claudicante en cuanto a la defensa de los altos intereses nacionales en materia energética, sería una apuesta complicada de la diplomacia cartista con tal de obtener a su vez la mirada complaciente de brasileños y argentinos al dinámico comercio paralelo del contrabando de cigarrillos, que a su vez sirve de trampolín para el no menos jugoso negocio de las drogas y los demás tráficos de frontera, donde también se están posicionando los cárteles brasileños, que no quieren competidores paraguayos en el control de la “merca” y menos aún que se hallen parapetados en el poder político nacional, salvo que éste se halle a su total servicio.
Para líderes colorados como “Calé” Galaverna, Horacio Cartes ya perdió un tiempo valioso para negociar en los tres años precedentes de su gobierno, una reforma constitucional que le posibilite intentar la reelección. Pero, por lo visto, HC no quiere o no sabe negociar, siendo su única estrategia la imposición, ya sea con el poder, con el miedo o con su dinero. Lo cierto es que conociéndole, los líderes colorados saben que Horacio no se dará fácilmente por vencido y que procurará indefectiblemente un atajo por donde conseguir la famosa enmienda.
¿Una división irreversible?
La división en la dirigencia de la ANR se hará patente en la concentración prevista para este viernes en Capiatá, a la que concurrirán muchos “arreados”, pero también se notará la ausencia de los disidentes, con lo cual se le demostrará a HC que su política de imposiciones ya no corre, y especialmente por su opción más reciente del espaldarazo a favor del clan Zacarías de Ciudad del Este.
¿Resulta irreversible la división en la ANR? Lo que salta a la vista es que con esta situación las posibilidades electorales del partido Colorado se ven mermadas para las elecciones generales, aunque tampoco la oposición promete un frente unido, dada la división entre liberales y la izquierda luguista.
Así como el cartismo no consigue la unidad colorada, en la oposición tampoco se avizora la conformación de un frente unido, lo que finalmente podría hasta beneficiar al cartismo o al movimiento colorado que gane las internas de 2017. Todo dependerá finalmente de quiénes serán los candidatos, pero es un hecho que la oposición tendrá que afinar sus propuestas, ya que en frente tendrá al poder del dinero, al aparato de la ANR y a la estructura del Estado.





























Facebook Comentarios