Escribe: Luis Alen.
El presidente Horacio Cartes pasó la etapa de la interna colorada con un balance poco propicio para su gestión, porque, como señaló Mario Abdo Benítez, puso toda la carne en el asador para que su delfín Pedro Alliana arrasara con la disidencia, lo que no pudo conseguir y, para peor, gastó seis meses preciosos concentrado en el internismo partidario, descuidando la atención de los grandes problemas nacionales.
Y uno de esos problemas graves de larga data es lo que ocurre con la situación comercial de la frontera con el Brasil, ya que no puede esperar más una solución a la postergada reconversión de Ciudad del Este y las demás ciudades de frontera.
Mientras tanto, tras la buena elección realizada por Marito y el G-15 de senadores, la disidencia colorada prácticamente obtuvo certificado de nacimiento de la mano del mismo HC, lo que le habilita a los opositores republicanos a tener la suficiente autoridad política y moral para frenar el proyecto hegemónico del jefe de Estado, constituyéndose en una real alternativa de poder en 2018.
Marito y los disidentes se convierten así en la primera fuerza emergente que ya se posiciona en la línea de largada para las próximas presidenciales, faltando aún casi tres años para la cita electoral general. Se debe recordar que hace cinco años, en 2010 y también a menos de tres años de la elección de 2013, la candidatura de Horacio Cartes aún era una difusa ilusión opacada por los más fuertes liderazgos partidarios personificados en Luis Castiglioni y Javier Zacarías Irún, que buscaban la vuelta al poder del coloradismo, neutralizando la aspiración liberal a suceder a Fernando Lugo, con juicio político o sin él.
A tal punto HC no tenía personalidad política –se había afiliado en 2009 al partido Colorado y nunca había votado- que el gobierno luguista esperaba con ansias que Cartes sea el candidato colorado para así hacer el rekutú en 2013 con el mismo Lugo o con algún candidato potable de la izquierda. Como toda alusión a HC, los luguistas decían que era un “out-sider ganable”.
Lo que vino después ya es historia conocida, con un HC que puso su inmensa billetera al servicio de la vuelta al poder del coloradismo, ya apoyando en noviembre de 2010 a Arnaldo Samaniego para que le ganara a un Miguel Carrizosa, que ya estaba contando los días para ocupar el edificio municipal de la calle Mariscal López.
En 2011 prosiguió la ofensiva cartista, primero para que la convención habilite a Cartes a ser candidato y luego ponerle a otra Samaniego, Lilian, al frente de la ANR. A partir de allí el luguismo comenzó a tomar en serio a HC, pero ya fue tarde, con un Fernando Lugo acorralado que terminó destituido por un Congreso hostil manejado por el acuerdo entre Horacio y el liberalismo de Blas Llano.
La peor crisis de la historia
Como muestra de que HC desatendió los problemas nacionales desde finales del año pasado hasta hoy, concentrando su tiempo en buscar el control del partido Colorado que le permita un poder omnímodo y posiblemente la reelección, es lo que pasa en Ciudad del Este y las demás ciudades fronterizas con el Brasil, que sufren la peor crisis comercial de su historia.
En los primeros días de julio, el mantenimiento de la cota de compras de US$ 300 por parte del Gobierno brasileño pareció dar un respiro al comercio de CDE, Pedro Juan Caballero y Salto del Guairá, pero la alegría duró poco, porque el real brasileño continuó su devaluación imparable, lo que desalentó aún más la venida de compristas brasileños.
El golpe de gracia provino de las fuerzas armadas del Brasil, que pusieron una vez más un cerrojo impenetrable para evitar el contrabando y toda clase de tráficos ilegales, principalmente procedentes de Paraguay y Bolivia.
Los empresarios esteños y de la frontera en general comenzaron a pedir, como tantas otras veces sin tener respuesta, que el Gobierno actúe y haga algo para posibilitar un estímulo, aunque sea pequeño, para el alicaído comercio, que ya ha dado de baja a miles de trabajadores que han quedado virtualmente “en la calle”, agravando un panorama social sombrío en las grandes urbes fronterizas.
Como siempre en estos casos, el pedido principal afecta a las tasas impositivas, como el caso de la fijación de un tributo único bajo, que compense la crítica situación del comercio. Pero la cuestión principal radica en una verdadera reconversión, como debe ocurrir en Ciudad del Este, en donde la figura de una zona franca comercial e industrial debe ser el eje sobre el cual se mueva un plan que intente cambiar la economía regional y nacional.
El Ministerio de Hacienda es siempre reacio a permitir rebajas impositivas, pero ante la apremiante situación del comercio fronterizo podría ceder. Sin embargo, el mayor inconveniente para un régimen tributario especial para Ciudad del Este es que el mismo se tiene que activar dentro de los acuerdos del Mercosur, que ya había renovado en varias oportunidades, años atrás, el régimen especial de turismo, que vence en 2019 y ya Paraguay avisó que volverá a pedir su prórroga.
La otra posibilidad es que se establezca una zona franca en el país, tal como la tiene el Brasil en Manaus, o Argentina en la Tierra del Fuego, con fines de industrializar o ensamblar componentes importados, dándoles el aporte local para luego convertirlos en productos del Mercosur.
La nueva zona franca, de instalarse en el Este, ayudaría decididamente a la formalización y la reconversión del comercio en el Alto Paraná y en los demás departamentos fronterizos.
Brasil condiciona apoyo
Pero para que ocurra esto, la negociación con Brasil se debe hacer dentro del Mercosur, condicionada por una decidida acción anticontrabando, y especialmente del que sale de nuestro país para el vecino, ya sea en cajas de cigarrillos o en otras clases de productos, sin soslayar lo que hay detrás de todos estos productos como parte de los tráficos ilegales, incluidas drogas y armas.
Como primer punto insoslayable, el Gobierno brasileño pone como condición para apoyar la reconversión de CDE que el Gobierno inicie una lucha frontal contra el contrabando de cigarrillos, lo que implica en primer lugar un aumento de los impuestos sobre los mismos y un mayor control sobre la industria tabacalera para evitar la gran evasión que da lugar precisamente a una producción no registrada por el fisco en más del 50 por ciento que luego va a parar de contrabando al Brasil, la Argentina y a otros países americanos.
La renovación comercial y la reconversión económica de Ciudad del Este es una materia pendiente del actual Gobierno y la prioridad que el presidente Cartes le dio al internismo partidario vino a dilatar todavía más la búsqueda de soluciones, que como se ve, pasan necesariamente por decididas acciones para la formalización de la frontera, lo que indudablemente afectará a la industria tabacalera, una de las fuentes privilegiadas de ingresos para la billetera cartista.
Como confirmando que HC buscó el poder para proteger su próspero negocio fronterizo, ningún fiscal se ha animado a tomar medidas contra las interminables filas de camiones cargados de cigarrillos que se dirigen hacia la frontera, para pasar al Brasil ya sea por el Lago Itaipu o por la frontera seca en la zona de Salto del Guairá.
Pero por presión brasileña, que ha solicitado por medios oficiosos o a través de sus representantes oficiales que el Paraguay busque “normalizar” sus exportaciones de cigarrillos al Brasil, el actual estado de cosas deberá cambiar para dar paso a las soluciones que convengan a Ciudad del Este y las demás ciudades fronterizas.
El establecimiento de una zona franca industrial y comercial en CDE podría ser el comienzo de un necesario cambio y reconversión económica. Conseguir el apoyo de Brasil para ello, en el ámbito del Mercosur, debe ser un objetivo esencial, aún cuando se deberá sacrificar la “gallina de los huevos de oro” de HC, como es la producción de cigarrillos que salen de contrabando e inundan los mercados de los países vecinos y de otros países de América.




























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