Brasil puede arrastrar al Mercosur a una profunda crisis comercial

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La devaluación del real y el recorte de gastos del gobierno brasilero configuran un cuadro recesivo que afecta a toda la región.

Pasado apenas unos pocos meses desde la asunción de Dilma Rousseff de su segundo mandato como presidenta del Brasil, el país ha ingresado en un espiral de ajuste y descontento social que ha llevado desde un 27% a un 64% la imagen negativa del gobierno en apenas tres meses.

Una vez reasumida en su cargo, Dilma Rousseff designó un Gabinete que no cayó en el agrado entre los sectores de izquierda del propio PT y entre aquellos vinculados a las organizaciones del movimiento obrero.

Las designaciones de Joaquim Levy como ministro de Hacienda y Nelson Barbosa en Planificación fueron interpretadas como un giro hacia la derecha y una señal de que los nubarrones de la crisis internacional serían enfrentados con un recetario económico de características ortodoxas.

Así, con el propósito de cumplir con las metas de superávit fiscal del 1,2% del PBI, el gabinete brasileño tomó la decisión de llevar al congreso un plan de recorte de gastos por 70 mil millones de reales que equivalen a poco más de 23 mil millones de dólares a los que se le agregará un fuerte incremento de impuestos.

Estas medidas de ajuste son el corolario, además, de la fuerte devaluación del real que, ubicado en alrededor de 2,65 por dólar en el mes de enero (hace un año se ubicaba en 2,21), llegó a mediados de marzo hasta los 3,28 reales por dólar para luego descender a los actuales 3,089 reales. Una fuerte devaluación que, como todas, no sólo implica una sensible desvalorización de los salarios y por lo tanto de la capacidad de consumo del mercado interno, sino también un desequilibrio de precios relativos entre los países de la región que afecta sensiblemente los flujos comerciales que, a su turno, se transforman en tensiones políticas entre gobiernos. La vía de la devaluación y el ajuste por la que ha optado el gobierno de Dilma Roussef, entonces, no sólo plantea un choque interno entre sectores de clase con consecuencias sobre otras variables de la economía interna, como el empleo y la inflación sino que también podría agravar las relaciones entre los miembros del Mercosur y representa una piedra en el zapato para la profundización de los procesos de integración a través de los cuales se aspiraba atravesar la crisis internacional, caracterizada por una desaceleración de la economía China y un estancamiento de la UE, recostándose en el consumo interno regional.

 

Según datos del Banco Central, durante el primer trimestre de 2015 se registró una caída de la economía de un 0,81% con relación al trimestre anterior que, a su vez, ya había retrocedido un 0,2 por ciento. Con estos datos, las proyecciones oficiales indican que, durante 2015, se registrará un caída de la economía de un 1,2% que sería la peor performance económica del gigante regional en los últimos 25 años (en 1990 cayó un 4,35%). 

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