
Escribe: Nádia Juvêncio.
Comunicadora social y directora ejecutiva y docente de las AEMC.
Columnista invitada.
Si la política, según lo afirmado por el abogado, economista, banquero y político brasileño José de Magalhaes Filho, que murió el 6 de marzo de 1996, «(…) es como una nube. La miras y está de una manera. La miras de nuevo y ya ha cambiado», esta afirmación viene a retratar el momento político del Brasil, donde hace cerca de cinco siglos, el ejercicio pleno de los derechos políticos en todo su territorio, viene pasando por diversos cambios, como el hecho del país haber sido Colonia, después ser Imperio, y de Imperio convertirse en República, lo que permite el surgimiento de elecciones directas e indirectas, para diversos cargos.
El pueblo brasileño ya pasó por muchos momentos políticos, entre ellos: una dictadura militar (1964-1985); el primer proceso de juicio político en América Latina en 1992, contra el ex presidente de la República, Fernando Collor de Mello, que tuvo su mandato impugnado, perdió sus derechos políticos durante ocho años y fue reemplazado por su vicepresidente, Itamar Franco; y en los días actuales, el Brasil del siglo XXI, su gobierno federal, desde el año pasado (2014), viene luchando contra la alta reprobación popular y la contracción de su economía.
En pocas palabras, se puede decir que lo que llevó a Brasil a vivir este momento de dos crisis: tanto política (de forma aguda), como económica, serían los escándalos y más escándalos involucrando el escenario político brasileño, de forma sucesiva, entre ellos el presunto esquema de corrupción en su empresa estatal de petróleo, Petrobras, que dio origen a la operación “Lava Jato” (Lavado express), emprendida por la Policía Federal (PF), que comenzó en marzo del año pasado (2014), y que viene investigando los desvíos y blanqueo de dinero, estimado en alrededor de 10 mil millones de reales (15 billones de guaraníes), involucrando a funcionarios públicos del Estado, a las grandes empresas contratistas y a políticos.
La Operación Lava Jato fue llamada así porque uno de los grupos involucrados en el esquema hacía uso de una red de lavanderías y estaciones de servicio para mover dinero ilícito.
Y fue a partir de las investigaciones, que anunciaron la participación en el esquema de políticos de algunos partidos, como el PMDB, PP y PT (Partido de la actual Presidente de la República, Dilma Rousseff, en su segundo mandato consecutivo), además de citar nombres como de los dos principales dirigentes de la Cámara de Diputados y del Senado Federal, Eduardo Cunha (PMDB-RJ) y Renan Calheiros (PMDB-AL), respectivamente, y de otros 22 diputados y 12 senadores. Así el Congreso de Brasil y el Gobierno Federal se enfrenta a una de las peores crisis política en décadas, creando un descrédito de la población en cuanto a la idoneidad de la actual presidente, yendo constantemente a las calles, en forma masiva, vestida de verde y amarillo, haciendo cacerolazos, portando pancartas y carteles pidiendo su destitución, gritando “Fuera Dilma» y el arresto del ex presidente, Luiz Inácio Lula da Silva.
Frente a toda esta crisis política sin precedentes, el descrédito internacional de Brasil, que sufre de caídas constantes en el precio de su petróleo, va a enfrentar otra crisis evidente, la económica, en la que no se conoce su tamaño, pero donde se puede afirmar que entre los impactos en la vida y los negocios de las empresas, debido a la inestabilidad económica, están: El retorno de la inflación; El fuerte ajuste inevitable en la cotización del dólar y otras monedas como el euro; El aumento del desempleo; Deterioro del comercio, y el nivel de endeudamiento de la población; El aumento de la cuenta de energía eléctrica; Además de reducir las inversiones por parte del Gobierno Federal en sus prominentes programas, como el Fondo de Financiamiento Estudiantil (FIES), que tiene por objeto financiar la graduación de los estudiantes de educación superior, matriculados en universidades privadas, de acuerdo con la Ley 10260 / 2001, que llevará a varias instituciones de enseñanza superior privadas a pasar por problemas financieros, hasta el punto de tener que cerrar sus puertas por falta de alumnos y las transferencias del Ministerio de Educación (MEC).
Acciones del gobierno brasileño ante las crisis política y económica:
–Dialoga Brasil: El Gobierno de Dilma Rousseff, en un intento de minimizar la preocupación del pueblo brasileño, así como la frecuencia de las manifestaciones, y llegar a un diálogo, puso en marcha en los últimos meses de este año (2015), el “Dialoga Brasil”, un espacio de participación digital, en el que cualquier persona puede llegar a presentar sus ideas/propuestas de mejoras en las acciones del gobierno, de enterarse de propuestas de otros participantes, y conocer los principales proyectos enfocados hacia la salud, la seguridad pública, la educación, la reducción de la pobreza y la cultura.
La plataforma Dialoga Brasil, que tiene el eslogan: «El país es mejor cuando tú participas», presenta 14 temas y 80 programas prioritarios del Gobierno Federal, para que la población proponga mejorías en las políticas públicas y en la vida de los brasileños.
– Tratar de mejorar la relación entre el Palacio de Planalto con el Congreso: Poco después de la noticia de que los líderes de la Cámara de Diputados y el Senado Federal serían investigados por la Operación Lava Jato, la presidencia pasó a reunirse con senadores y diputados de la base aliada, en donde también se hicieron presentes los ministros de Relaciones Institucionales, Pepe Vargas, y del Estado Mayor, Aloizio Mercadante, con el propósito de mejorar la relación del Palacio de Planalto (Sede del Gobierno) con el Congreso.
Después de esta breve reseña de la crisis política y económica que afecta a la nación brasileña, surgen algunos cuestionamientos, que al mismo tiempo serían reflexiones, enmarcadas en la voluntad de ayudar en la búsqueda de caminos, soluciones que pueden ayudar al Brasil a superar este tipo de crisis, y que se recupere la armonía política entre su pueblo y sus representantes políticos:
¿Será que los brasileños no se han dado cuenta que se enfrentan no sólo a una crisis política, ya sea del gobierno o del partido, sino a una crisis generalizada?
¿Que para defender y mejorar la tan deseada democracia, deben ir en busca de ella, y rechazar la amenaza de juicio político o el deseo del regreso a la dictadura?
El pueblo brasileño, a pesar de todas sus insatisfacciones, sus recelos, sus temores, sus problemas, debería repensar sus críticas hacia la principal representante política del país, la presidente de la república, para asociarse y ayudar a resolver los problemas de la democracia brasileña con más democracia, y mantener el reconocimiento dado a Brasil por sus vecinos como «el gigante de América del Sur», ya que puede ser un gigante que influye por su «salud» o «por sus problemas».
¿Será que Brasil no estaría mejor, minimizando su crisis, si su población, al contrario de sólo expresar su insatisfacción y reiterar los constantes pedidos de juicio político a la presidente, luchase por una participación efectiva en las decisiones del Gobierno Federal?




























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