¿Hasta cuándo los buses chatarra? Esta es una pregunta que muy fácilmente no tendrá respuesta, mientras las autoridades responsables de tomar medidas sigan otorgando impunidad a los empresarios del transporte público.
La insistencia de seguir utilizando los colectivos en pésimo estado es un problema de años atrás, sin que hasta hoy se avizore una posible solución a este inconveniente, que constituye un verdadero peligro diario para los pasajeros, que enfrentan un desafío constante al viajar en los buses que se caen a pedazos.
Esta realidad seguirá vigente hasta que las autoridades, principalmente de la municipalidad de Ciudad del Este, demuestren voluntad política y tengan mayor piedad por los usuarios del destartalado transporte público de Ciudad del Este.
Lastimosamente en este país continúa floreciente el claquismo o el amiguismo. El pago de favores sigue a la orden del día, y más vigente que nunca reina en este segundo municipio fronterizo más importante de la República.
Aquí, por encima del buen servicio a la población, se anteponen los beneficios personales o grupales, de un sector político, que desde el 2001 maneja el municipio a su antojo, ignorando y desoyendo el clamor popular.
Hoy la ciudadanía está abandonada a su suerte, donde la intendente cumple órdenes de su marido, los concejales (que supuestamente son representantes del pueblo) responden al mandato del ejecutivo y un gobernador, sometido a la prepotencia y autoritarismo de su hermano, Javier Zacarías, que convirtió a Ciudad del Este en una comarca independiente.
Esta lacerante realidad es el pan nuestro de todos los días en este distrito esteño, y con la que, irremediablemente, seguiremos conviviendo hasta el 2020, porque el clan Zacarías continuará gobernando la comuna paranaense de acuerdo a sus intereses, sin que ninguna institución responsable se anime a abrir una investigación, a pesar de existir elementos contundentes que comprometen sobradamente sobre la oscura gestión de los Zacarías al frente del citado municipio.
El pueblo ya está cansado del discurso demagógico de sus autoridades, que dice una cosa y hace otra distinta. Aquí tomamos como referencia el paupérrimo servicio del transporte público, que hace años constituye una pesadilla para los sufridos pasajeros, que diariamente recurren a los buses, al no contar con un móvil propio, para sus actividades laborales o particulares.
A la comuna paranaense parece no importar el sufrimiento del pueblo, priorizando los negociados y dejando a la deriva a la gente, que debe lidiar con los buses destartalados y la intolerancia de sus autoridades, que lejos de importarle el devenir de la gente, extiende impunidad a quienes pisotean las ordenanzas y las leyes.
Llegó la hora en que las autoridades arbitren con responsabilidad y honestidad las cosas públicas.
Este 2015 debe ser el inicio de la transformación de gestión en este país, que tanto hace falta para mejorar, y así ganar la credibilidad de la ciudadanía, que necesita recuperar esa confianza en sus gobernantes, valor que hace décadas se ha perdido. Es hora de las reivindicaciones. Es hora del patriotismo, prioricemos lo colectivo y no lo personal.





























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