No es pura coincidencia que tanto grupos de dirigentes colorados como la banda armada del EPP hayan reaccionado en forma virulenta, cada uno a su manera, ante la firme postura del presidente Horacio Cartes en la toma de posesión del mando de la República, al asegurar que “ni los delincuentes ni las bandas armadas” le marcarán la hoja de ruta a seguir en su Gobierno.
La dirigencia colorada, a pesar de que sabía que Cartes iba a actuar en forma autónoma en los nombramientos de sus ministros y secretarios, no pudo disimular su enojo y arremetió con patéticas demostraciones de rabia, que hasta incluyeron vergonzosas banderas negras en el frontis de algunas seccionales. Es por lo que consideraron una “burla” del jefe de Estado, al no haber tenido en cuenta a correligionarios para los puestos claves del nuevo Gobierno, como el caso del ministerio del Interior.
A su vez, la banda armada del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), cuyo efecto sorpresa se esfumó al dar a conocer el Gobierno saliente que tenía informaciones de inteligencia sobre posibles atentados el día de la transmisión del mando, dos días después del discurso de HC dio mortales golpes como nunca antes en la frontera entre los departamentos de Concepción y San Pedro, su zona de influencia.
Tanto a los grupos de presión política representados por los seccionaleros, como a los terroristas del EPP, evidentemente les cayó el sayo, por la forma que reaccionaron, cada uno a su estilo. Los primeros poniendo “plazos” a Cartes para que recomponga su equipo con la gente recomendada por ellos, seguramente para seguir esquilmando al Estado como lo han venido haciendo desde hace décadas, y los milicianos irregulares de la guerrilla blandiendo sus armas para decirle a Cartes que son más poderosos que el mismo Estado, al cual se le nota desde hace por lo menos ocho años muy enclenque en su lucha contra el grupo terrorista.
Demostración de apoyo a Cartes
Tal vez lo que más incomodó a los grupos de presión, especialmente colorados, y a la misma banda del EPP, no fueron los mismos dichos de Horacio en su discurso, sino la demostración de apoyo recibida del empresariado nacional e internacional, al día siguiente de la toma de posesión del mando, el viernes 16 de agosto.
Los inversionistas mostraron su agrado con el nuevo estilo de gobernar de Cartes, eligiendo a un gabinete más técnico que político, así como por la seguridad de que a partir de ahora el Gobierno paraguayo ya no dará ninguna ventaja a quienes desean continuar con el sistema de corrupción e inseguridad que ha sido la tónica de los últimos años.
A pesar del sistema corrupto e inseguro vigente en el país, las inversiones no pararon y el crecimiento económico y estabilidad social del Paraguay están sorprendiendo al mundo. Pero el reclamo empresarial generalizado a Cartes es precisamente que la seguridad física y jurídica, unida al combate a la corrupción, sean la clave para llegar al objetivo anunciado del Gobierno de invertir US$ 10 mil millones en los próximos cinco años, con el fin de servir de suficiente soporte para que a su vez los inversores privados, nacionales y extranjeros, se animen a invertir en la economía paraguaya. Sólo así se lograrían tasas de crecimiento del PIB de hasta 7 por ciento anual promedio en esta década, lo que aseguraría bajar la pobreza a niveles más manejables en los años del siguiente decenio que se inicia en 2020.
Estos objetivos realizables de HC sólo se conseguirán en la medida en que el nuevo gobernante paraguayo logre mantenerse en su rumbo marcado ahora, de llevar adelante un Gobierno integrado por técnicos no influenciados por los grupos de presión de la política tradicional criolla, que ha demostrado ser muy corrupta. El tema de la seguridad es un reclamo ciudadano general, que no sólo pasa por liquidar al EPP sino también a combatir al crimen organizado y a la inseguridad reinante en las ciudades y en el ámbito rural. El presidente da muestras de tener el mando firme, lo cual es importante para encarar la lucha contra la corrupción y la inseguridad. Y esto evidentemente no le gustó a los grupos destinados a desaparecer en esta ofensiva por el progreso de la República.





























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