Cartes pide alinearse al nuevo rumbo también a empresarios

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El nuevo estilo de hacer política del presidente Horacio Cartes tuvo su prueba de fuego con la abierta rebelión de una parte de la dirigencia colorada, que culminó con la primera batalla ganada por el jefe de Estado en lo que se presume será una larga pulseada que podría durar todo su mandato de cinco años. HC no tuvo la clásica luna de miel de los nuevos gobiernos con su propia gente, pero eso le valió para afianzar su capital político reflejado en el apoyo ciudadano a su gestión.

Los primeros treinta días de la nueva administración estuvieron marcados por el generalizado reclamo de los colorados ante lo que consideran como una bofetada del presidente, al primar la tecnocracia sin contaminación politiquera en el gobierno, en detrimento del clientelismo zoquetero al que estaban acostumbrados no sólo los políticos oficialistas sino también los de otros partidos, como en el caso de los liberales durante el gobierno de Federico Franco.
Aparte de los reclamos al mismo presidente por algunas designaciones en ministerios y secretarías, no faltaron los choques directos de conocidos parlamentarios de barricada, como el caso del altercado entre el senador Silvio Ovelar y la ministra de Educación Marta Lafuente, y del ya obsesivo desacuerdo del diputado Oscar Tuma con el presidente Cartes por el nombramiento de Mabel Causarano en la secretaría de Cultura o por la permanencia de Hugo Royg al frente del Instituto de Previsión Social. En todos los casos, HC pudo aguantar el vendaval, es cierto haciendo algunas concesiones en materia de cargos, pero mínimas para calmar los nervios de los seccionaleros de Capital y Central. Eso sí, lo notorio es que no dio el brazo a torcer ante la arrogante posición de algunos líderes de movimientos como Luis Castiglioni, Javier Zacarías Irún, Oscar “Cachito” Salomón y Julio César Velázquez, que pusieron el grito al cielo porque Cartes prácticamente ignoró muchos de sus pedidos de nombramientos.
Como toda respuesta, Cartes reiteró su apoyo a los técnicos de su gabinete y pidió a sus correligionarios que les dejen trabajar. HC inauguró un sistema de canalización de los reclamos de gobernadores e intendentes a través de una comunicación directa con el Palacio de López, obviando la vía de la junta de gobierno colorada o la mediación de los líderes, lo que le valió a su vez el vacío de algunos dirigentes de la comisión ejecutiva de la ANR, que no acudieron a una reunión convocada por el presidente en la residencia presidencial y no en la sede del partido.

Muestra quién
manda en el país
Por si hubieran olvidado, Horacio Cartes les recordó a los colorados que el nuevo rumbo se hará pese a ellos, por lo que mejor sería que reconocieran quién manda en el país. El mensaje fue bien claro: cualquier reclamo o pedido deben hacerlo directamente a HC, o al vicepresidente Juan Afara, su leal escudero.
Mientras tanto, es razonable pensar que el liderazgo de Horacio no terminará sólo recostándose en la presidenta del partido Lilian Samaniego, quien ya anunció que comenzaría a decir sus verdades con respecto a los demás dirigentes, sino que inevitablemente tendrá que ir fortaleciendo su propio movimiento dentro de la ANR.
Si en el Partido Colorado las aguas turbias parecen ir decantándose, sin que precisamente se trate ya de una “paz partidaria”, con la oposición el presidente parece tener más distendida la agenda, a pesar de los reclamos liberales por algunos despidos en la función pública. Sin embargo, la dirigencia del PLRA aparenta como muy resignada a un bajo perfil de velado apoyo a Cartes, siempre y cuando no se profundicen las investigaciones sobre los numerosos y hasta groseros hechos de corrupción en el breve gobierno liberal.
La forma de hacer política pisoteando el viejo dogma colorado de atender primero al correligionario y después a los intereses del país, está favoreciendo al nuevo rumbo cartista con el fin de realizar una gestión en beneficio del desarrollo nacional, que tanto tiempo estuvo relegado campeando el prebendarismo y la corrupción en el manejo de la cosa pública.

 

Escribe:
Luis Alen

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