Cartes quiso “aplastar” la disidencia pero sólo pudo convertirla en G-14

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Escribe: Luis Alen.

 

El presidente Horacio Cartes sigue incólume en librar la “madre de todas las batallas” con la disidencia colorada representada por el grupo de senadores que ahora es el G-14, por la defección de uno de sus miembros. El G-15 perdió un adherente, pero no por ello se amilana ante el poderío económico de HC, a sabiendas de que el cartismo habrá ganado una batalla, pero no la guerra.

Tanto Cartes como los disidentes ponen ahora la mira en las elecciones municipales de noviembre, donde el oficialismo trata de doblegar a la disidencia con la tentación de plegarse al carro ganador de la Lista 1. Pero los opositores al plan hegemónico de HC saben que la estratagema cartista es una trampa, porque la ANR simplemente se va convirtiendo en el “Partido Carterado”, que es ya una posibilidad varias veces advertida por los analistas políticos independientes desde que el multimillonario empresario tabacalero se lanzó a la arena partidaria colorada en 2010.

Una vez conocidos los resultados de las internas del 26 de julio, muchos se preguntaron hasta cuándo aguantarían los disidentes la presión de los recursos monetarios y de control del aparato estatal y partidario, de los cuales hace gala el cartismo, pero así como la victoria en la interna no fue “aplastante” como querían los oficialistas, la plata de Cartes apenas pudo conseguir un abandono en las filas del G-15.

Apenas transcurridos algunos días de la victoria de Pedro Alliana sobre Mario Abdo Benítez, ya se anunció la renuncia del senador Gustavo Alfonso al grupo disidente, generando el temor de que haya más alejamientos que pongan en peligro la mayoría armada en el Senado con el Frente Guasu, la democracia progresista del PDP  y el senador liberal Carlos Amarilla.

“Soberbio que no quiere cambiar su selección nacional”

Es una señal de que el cartismo está operando fuerte para convencer a más disidentes en dejar un barco que supuestamente “se está hundiendo”. Sin embargo, como toda respuesta, el senador Juan Carlos “Kalé” Galaverna arremetió con todo y con su vozarrón característico despotricó en la TV contra Horacio, tachándole como soberbio que no quiere cambiar su selección nacional de ministros, a pesar del fracaso de una gestión lánguida de dos años con casi ninguna obra importante emprendida o terminada.

Las críticas a la floja gestión son válidas, porque está a la vista la realidad de los números, que delatan una mínima capacidad de ejecución del presupuesto de inversiones por la mayor parte de los ministerios y entes, y así queda flotando en el ambiente la pregunta de si HC podrá completar el período presidencial con alguna realización que le ponga en la historia como el que pudo reducir en algún porcentaje el elevado déficit que tiene el país en materia de infraestructura y en la prestación de servicios básicos esenciales, en salud, educación y vivienda.

La soberbia de HC también le está impidiendo iniciar una negociación con los disidentes para lograr la gobernabilidad, a pesar de que los senadores han expresado su intención de acompañar los proyectos que sean convenientes para el país. Asestando golpes al G-14, es obvio que Cartes no estará recibiendo precisamente flores de los afectados.

La inseguridad es cosa seria

El Norte del país se ha convertido en una tierra sumamente peligrosa para ganaderos y hombres trabajadores del rubro de agronegocios como son los extranjeros que laboran en alejados parajes, como el caso de los menonitas. Mientras tanto, el Gobierno no puede hacer nada, pese al despliegue de las fuerzas armadas en dicha zona.

El fracaso del Gobierno de Cartes en materia de seguridad es harto elocuente, tras los golpes que casi cada semana está asestando supuestamente del EPP (Ejército del Pueblo Paraguayo), que a estas alturas ya representa un problema a tomar muy en serio.

Los organismos de seguridad gubernamentales tratan de minimizar al máximo la dimensión del peligro que representan los criminales del Norte, pero la magnitud de la amenaza puede estar siendo reducida ex profeso por el Gobierno, con el fin de no alarmar a la población mientras busca a como dé lugar el dominio sobre las fuerzas políticas y todos los actores sociales, para luego enfrentar con un frente político-social unido el embate de lo que se ha dado en llamar directamente el “narcoterrorismo”.

Los datos que se tienen apuntan a que verdaderamente existe una acción combinada de los narcos con el EPP para desgastar al cartismo y así evitar su consolidación en el poder que se conseguiría si obtuviera alguna eventual reelección del presidente”.

¿Una “vendetta” contra el presidente?

Efectivamente, habría un sector de los narcos que está descontento con HC por la manera en que ha venido actuando contra los traficantes de cocaína y marihuana en el Norte, con tal de tener la bendición de la embajada norteamericana. Asimismo, han habido señales de lucha contra el lavado de dinero y el corte que se han dado en los canales de alimentación de los negocios negros, tras la intervención a la financiera Ara, todo ello acompañado de un mayor control tributario sobre las empresas, así como de un énfasis más fuerte en la lucha contra la corrupción en el sector público y en el sector privado.

Esta posición de Cartes fue elogiada también por el papa Francisco en su reciente discurso en el Palacio de López, donde el pontífice alabó el combate a la corrupción como un paso decisivo dado desde el inicio del gobierno cartista. Tanto el apoyo de Estados Unidos como del Vaticano pueden ser elementos capitales para que HC intente la búsqueda de la reelección.

Si Horacio haya cautivado a Francisco tras convertirse en fiel ejecutor de las órdenes del Tío Sam, se puede entender como parte del juego de fuerzas a nivel mundial, pero en la dinámica interna paraguaya no se puede admitir que la fiscalía no tenga ojos ni oídos para iniciar una investigación sobre el origen de los portentosos recursos propios puestos por HC para sus campañas electorales, como él mismo lo admitió en el discurso de la victoria cartista del 26 de julio.

Pero los narcos y los grupos que se benefician con el lavado de dinero y el dinero negro, no pueden concebir que un hombre como HC, acusado de salir de sus mismas filas por varios antecedentes citados por periodistas, analistas y politólogos en diferentes publicaciones, se haya animado a dar un giro esencial al haber hecho apresar en el  Brasil nada menos que al rey de la marihuana y de la narcopolítica de Canindeyú, el intendente de Ypejhu Wilmar Acosta, acusado a su vez de haber ordenado el asesinato del periodista de ABC Pablo Medina.

Cartes se dio cuenta, en octubre pasado, que el mensaje de la mafia era claro con “el muerto que le tiraron” aquella vez a través del homicidio que afectara al periodista del más importante medio de comunicación del país. Era nada más y nada menos que el terrorífico mensaje de que “aquí mandamos nosotros y nadie más” y que llegaba a incluir como destinatario al mismo jefe de Estado.

Para Horacio no hubo más alternativa que ponerse ropa de faena y empezar a pensar en apropiarse totalmente del Partido Colorado, que es una fuente de poder por excelencia, ganar las internas de julio y las municipales de noviembre, para después llamar a una Constituyente para cambiar la Constitución y permitir la reelección.

Son temas que va cumpliendo y alcanzando sus objetivos, pero a costa de armar una fuerte disidencia interna dentro de la ANR, a falta de una oposición que le hiciera frente a los planes cartistas fuera del coloradismo.

Los narcos y el EPP coaligados, por su parte, van dando sus golpes, al mismo tiempo que HC da sus golpes contra la disidencia. Cartes sabe que, a la larga, y en la medida en que arrecien los ataques del narcoterrorismo, los disidentes terminarán por negociar con el presidente una coexistencia pacífica hasta 2018, que no sería precisamente aceptar la reelección, pero sí los planes que lleven a una lucha efectiva contra la inseguridad en el Norte y los planes de gobierno que permitan presentar obras realizadas al pueblo.

La presión sicológica cartista

 

En cierto modo, Horacio realiza una jugada muy astuta, porque como no puede convencer a más disidentes con sus ofrecimientos monetarios, tiene el arma más contundente y barata de la presión sicológica, tal como va convenciendo a los funcionarios públicos, llegando el turno ahora al resto de la ciudadanía, a la que tendrá que captar poniendo en el imaginario popular el convencimiento de que el cartismo vino para quedarse con el fin de mantener la estabilidad política y social frente a sectores que promueven la violencia o la desestabilización. Todo esto, a pesar de las evidentes fallas en la gestión de gobierno y en la lucha contra la inseguridad en el Norte.

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