Escribe: Luis Alen
Tanto el Gobierno paraguayo como los comerciantes de la frontera respiran aliviados tras el triunfo de la presidenta Dilma Rousseff en las elecciones de Brasil el domingo pasado. Es porque se espera que la titular del Palacio de Planalto siga aplicando las medidas que ya estaban proyectándose en Brasilia para la reactivación en el vecino país, afectado por una fuerte contracción en su crecimiento económico en el transcurso de este año.
En el caso que hubiera triunfado el candidato opositor, Aécio Neves, de la socialdemocracia brasileña, otra iba a ser el panorama, pues el político “tucano” de Minas Gerais anunció que aplicaría un duro cerrojo en la frontera, con el aporte de las Fuerzas Armadas, para poner freno al creciente tráfico de drogas, armas y cigarrillos, procedentes de Paraguay.
Por causa de la tendencia recesiva en Brasil el movimiento comercial fronterizo ha tenido en el Paraguay un alarmante bajón en los últimos meses, lo que a su vez ha impactado en el resto de la economía nacional, obligando a las autoridades del Banco Central a realizar una previsión revisada hacia abajo en el cálculo del incremento del Producto Interno Bruto (PIB), menor incluso al 4 por ciento manejado hasta hace unas semanas, lo que ya es un escenario preocupante a la vista de la necesidad de la lucha contra la pobreza.
La reducción de la cantidad de los pobres extremos y de la pobreza en general pasa necesariamente por el crecimiento económico mayor al 5 por ciento anual, que es resultado también de la dinámica inversora, lo que no está ocurriendo como se podría haber esperado, después que el actual Gobierno de Horacio Cartes haya comenzado su gestión el año pasado con buenos auspicios por el lado de la sanción de leyes que como la de alianza público privada y la de responsabilidad fiscal sentaron las bases para otorgar un clima más agradable de negocios a los inversionistas.
Imprevisión acumulada
Es una verdad que los agentes económicos han reaccionado casi en la generalidad de los casos con una visión más conservadora, a la vista de los datos de la coyuntura no muy alentadores y por la falta de medidas adecuadas de política monetaria para reimpulsar la economía. Observan, con cierta cautela pesimista, que la política económica gubernamental ha venido acumulado llamativas imprevisiones, ya desde el final del gobierno de Federico Franco.
La sensación actual es que los últimos meses han mostrado una economía con tendencia al estancamiento, lo que se refleja en la merma considerable de las ventas en los comercios, con varios rubros muy afectados por el contrabando de productos foráneos de gran consumo.
A todo esto se agrega que el Gobierno no termina de sacarse encima la modorra de la escasa inversión pública, lo que evidentemente se ha constituido en un factor negativo para la dinamización de la economía. Este escenario se da paradójicamente con un ensanchamiento del gasto estatal corriente y no en el sector de los gastos de inversión.
Los números de un déficit fiscal que se debe controlar obligan al Banco Central a tener una política extremadamente conservadora para evitar la expansión del circulante monetario, lo que hace contraer el crédito bancario y la liquidez de la economía, El control de la inflación pasa a ser así una necesidad número uno, a la vista del posible descontrol del gasto público, aunque también ayuda a mantener los precios estables la coyuntura recesiva internacional, la baja en los precios del petróleo y un tipo de cambio que no termina de compaginar de manera apropiada los vaivenes de las monedas del Mercosur.
El comercio exterior favorable (exportaciones menos importaciones), los ingresos de divisas por las binacionales y las remesas de los connacionales en el exterior, así como el turismo, junto con la construcción, vinieron a compensar de algún modo el incierto panorama interno originado en los errores de política económica.
Pero lo que más ha generado la atención en los análisis económicos de coyuntura es el comportamiento de las importaciones del régimen de turismo, que han caído en forma considerable en 2014, en comparación al año 2013, especialmente los productos procedentes de China y que se destinan a la reexportación a los mercados vecinos a través del comercio en las ciudades fronterizas.
La caída en el comercio turístico ha agravado así un panorama económico nacional ya de por sí afectado por la merma en los precios internacionales agrícolas y como resultado de la menor producción en rubros claves como la soja, el trigo y el maíz.
Mientras tanto, un dato auspicioso aparece para mostrar una tendencia que se va definiendo para bien de la economía paraguaya, y es el turismo receptivo que permanece más días, por medio de la realización de convenciones y eventos internacionales en el país. El aumento en el saldo favorable de la balanza de pagos en la sección relacionada al balance positivo del turismo (receptivo menos las visitas al exterior), habla de un rubro económico prometedor para el Paraguay.
Es que el turismo con permanencia en el país como promedio de tres a cuatro días, resulta mucho más conveniente para la economía, debido a los gastos de los turistas en hotelería, transportes y gastronomía, además de las compras que pueden aumentar tanto en tiendas de lujo como en aquellas de precios baratos.
Lo que sí se debe poner mucho énfasis desde el Gobierno es en el aspecto de la seguridad física y jurídica, además de continuar con las demás medidas tendientes a facilitar la radicación de inversiones, con el fin de crear la cantidad de empleos como para dar trabajo a los miles de jóvenes que se incorporan año tras año al mercado laboral.





























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