La pésima gestión del actual presidente Horacio Cartes le obligará a salir por la ventana del Palacio de López, el próximo 15 de agosto, fecha en que será investido el nuevo mandatario paraguayo, Mario Abdo Benítez.
Cartes tenía todo a favor para hacer un buen gobierno. Pero, está más que demostrado que no tiene esa voluntad política que todo presidente debe tener como abono para pretender concretar una administración exitosa.
Tenía el principal aval, cual es una mayoría en las dos cámaras del Congreso, lo cual le posibilitaba estabilidad en su gestión gubernamental. Pero el mandatario nacional usó ese importante plus para beneficios personales y a favor de sus amigotes de turno, para materializar grandes negociados a espaldas de la ciudadanía.
El actual presidente, desde donde se lo mire, constituyó una tremenda decepción para el pueblo paraguayo. Cuando llegó al poder había una gran expectativa que podría cambiar el rumbo de la historia, con relación a la situación socio-económica del país. Pero lejos de dar vuelta la página, Cartes fue uno más de lo mismo o peor que varios de los anteriores gobernantes en el pos Stroessner.
El actual titular del Poder Ejecutivo prometió mucho y cumplió casi nada, de su programa de gobierno. No tuvo empacho cuando en cada discurso se pasaba enfatizando la “transparencia de gestión”, pero irónicamente se dedicaba a proteger u otorgar impunidad a quienes dilapidan los recursos del Estado.
Durante todo su periodo de gobierno el presidente Cartes estuvo rodeado de cuestionados personajes, denunciados, acusados y hasta imputados por presuntos hechos de corrupción, como el caso de Javier Zacarías Irún, Víctor Bogado, Oscar González Daher, por citar algunos.
Últimamente se incorporó a esta fauna de impresentables, el brasileño Darío Messer, buscado por la justicia brasileña y paraguaya, por lavado de dinero, evasión impositiva y el crimen organizado. El presidente, en su momento lo describió como el “hermano del alma” (sic).
Cartes durante todo el periodo de su gobierno (a 3 meses de concluir su mandato) nunca se preocupó por la suerte de sus compatriotas; hizo muy poco para tratar de quitar de la pobreza extrema a miles de paraguayos, diseminados a lo largo y ancho de esta república.
Horacio Cartes, un aventajado empresario, llegó al poder desde el sector privado. La ciudadanía, ciegamente, cifró mucha esperanza en él, de que por fin se daría el anhelado cambio en el Paraguay. Pero lejos de eso, esa ilusión se transformó en una pesadilla permanente para varias familias, que hoy continúan viviendo en una nación marcada por la ignominia, fruto de un gobierno incapaz, antipatriota e hipócrita.
Cartes, desde el inicio, se dedicó a mentir a la ciudadanía, prometiendo grandes mejoras, que apunten a un desarrollo sostenido del país. Ocurrió con los habitantes de la capital del Alto Paraná, donde en su primera visita, tras asumir el poder Ejecutivo, dijo que Ciudad del Este se convertiría en un gran polo industrial. Hoy a sólo 3 de meses de fenecer su gestión, las palabras se llevaron al viento, y muy por el contrario, permitió el latrocinio alevoso de las arcas públicas, como el de su amigo Javier Zacarías Irún, quien hasta ahora goza de una gran impunidad.
Por todos los errores voluntarios cometidos por Horacio Cartes, el próximo 15 de agosto deberá abandonar el Palacio de López por la ventana.




























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