Cartes se fortalece a medida que la gente apoya su gestión

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Es un error pretender exigirle a un Gobierno el balance de sus actos en un plazo de 100 días, a no ser que se quiera ver qué rumbo va tomando, de acuerdo a sus promesas electorales o al revés de lo que había prometido al electorado. En el caso de Horacio Cartes, está claro que ha cumplido su promesa de comenzar a rever el modelo prebendario y corrupto, atacando el “caracú” del problema del Estado paraguayo, como es el alto costo de la política para la economía y la sociedad del país.

Cuando en la campaña electoral HC planteaba que el modelo de Estado prebendario y clientelista, tipo agencia de empleos, estaba agotado, casi todos entendían su discurso como el mero expediente de acudir a un repertorio de oratoria fácil y vendible, un lugar común para todo candidato.
Pero pocos se percataron que, en realidad, lo que presagiaba el futuro presidente de la República era nada más y nada menos que un ataque frontal a la corrupción de los políticos, que tiene como centro de acción el Congreso nacional.
En el Partido Colorado no se dieron ni por enterados de que este presagio minaba las mismas bases clientelares de la vieja política paraguaya tan viciada por las prácticas corruptas, a la que también se había adherido el liberalismo en su corto reinado franquista de 1 año y 2 meses.
Cuando en el discurso inaugural del 15 de agosto Cartes anunciaba que no le marcarían la hoja de ruta ni los grupos criminales ni aquellos que quieren mercar con el Estado, caía de maduro que su intención de marcar la diferencia en el manejo del Estado, con respecto a administraciones anteriores, ya implicaba una voz de orden para la gestión que se iniciaba.
El comenzar a trabajar con un gabinete técnico y no político fue el primer aviso de lo que se proponía HC, lanzando de paso un mensaje fulminante contra las prácticas prebendarias del mismo partido que volvió al poder de la mano del empresario. Las críticas de los dirigentes colorados no se hicieron esperar, poniendo de resalto su disgusto por la elección de ministros y secretarios de elevado perfil técnico pero de muy poca trayectoria política.
Gestión empresarial y política de Estado
Después de los seccionaleros que presionaron en forma estéril por una masiva colocación de sus huestes en los cargos públicos, les tocó el turno a los sindicalistas estatales, a quienes poco o nada les molestó antes que los puestos públicos se llenaran con gente no capacitada que accedían a los cargos sin concurso de méritos ni aptitudes.
Ensayaron los sindicatos una tímida “campaña antiprivatización” contra la Ley de Alianza Público-Privada (APP), pero ni se enteraron que en realidad el proyecto era la demostración de que comenzaba a emerger el verdadero rumbo del nuevo Gobierno.
Tanto los políticos como los sindicalistas no se percataron que tanto la Ley de Responsabilidad Fiscal como la de APP, eran los elementos punzantes para comenzar a derruir el edificio del alto costo de la política paraguaya, patentizado en un Estado con gran déficit fiscal y de gestión totalmente contraria a las inversiones tan necesarias en infraestructura y obras sociales.
Todos ellos apuntaban a lo calamitoso que sería para la corporación política y para el aparato burocrático sindical dar “la suma de los poderes” a HC, pero no se dieron cuenta que el presidente y su equipo asesor con gente muy preparada para este tipo de menesteres estratégicos, hace rato se les había adelantado con el plan de dar a conocer las listas de empleados públicos, miles de ellos simples planilleros y muchos recomendados, ¿de quienes? Por supuesto, de los políticos, legisladores y sindicalistas.
La publicación de los delitos cometidos por los congresistas, como vulgares traficantes de influencias y estafadores contra el erario público, resultó una verdadera bomba atómica. Allí ya no tuvieron armas contra HC, por lo que se vieron obligados a seguir la recomendación venida de la cúpula partidaria, en el caso del coloradismo, y de sectores partidarios preponderantes como el llanismo, en el caso del liberalismo, para la aprobación de los proyectos claves del cartismo.
Una estrategia bien pulida que ayuda a la vez a comenzar el nuevo rumbo gubernamental, porque resulta necesario desenmascarar a la politiquería criolla al mismo tiempo que se instala en la conciencia ciudadana un despertar acerca de la esencia del problema del Estado paraguayo: una burocracia excesivamente costosa que impide el despegue del desarrollo nacional, por privilegiar el pago de salarios en detrimento de las inversiones, así como por dar pábulo a una gigantesca máquina de corrupción, que va desde los ministros hasta el más humilde ordenanza.
Ahora se ve con claridad que el nuevo Gobierno de HC no perdió su tiempo y en los primeros 100 días no estuvo de luna de miel precisamente con la cúpula colorada ni con los sindicatos estatales. Por el contrario, demostró mano dura cuando había que mostrarla, como ocurrió con los maestros y su demencial huelga en contra de los alumnos. Consiguió las leyes que necesitaba en el Congreso, al mismo tiempo que no permitía que le marcaran el rumbo los políticos, tanto de su propio partido como de otras carpas políticas.
La gestión empresarial privada que se quiere imponer a través del gabinete técnico no podría tener éxito si no estuviera acompañada de una voluntad férrea de HC para inaugurar una política de Estado que ataca de raíz el verdadero cáncer de la política como botín del grupo político en el poder. Esta vez, se quedaron con las ganas, para bien del país, porque el presidente se ha propuesto gobernar para todos los paraguayos, y allí radica la razón de haber procedido a blindar su gestión de las presiones políticas.
Lo que se está haciendo es lisa y llanamente una política con mayúsculas, porque así como la clase politiquera cometió la burrada  de blindarse en el Congreso contra las investigaciones de los fiscales y de la Justicia, la ciudadanía ha comprendido que el ataque contra la corrupción de los políticos es preparar el camino para desmontar el alto costo de la política paraguaya que inhibe las inversiones, tanto públicas como privadas, afectando la economía al evitar la creación de empleos y el mayor beneficio del crecimiento económico para la gente.
Asimismo, porque la pobreza no se combatirá con resultados auspiciosos de mejoramiento en los ingresos de la población sin acudir al cambio del modelo prebendario, por uno realmente inclusivo de los pobres a través de la captación de mano de obra que luego se traduzca en generación de ingresos genuinos para los canales de consumo.
De este modo, se estaría cerrando el círculo virtuoso del desarrollo, porque se dará la inclusión de la población de menores ingresos al mercado de consumo, accediendo así al beneficio del crecimiento económico. Y sólo así se dará el proceso de creación de las condiciones para la disminución de la delincuencia en la ciudad y el campo.
Tras el ataque frontal al modelo agotado, HC va por más: la concreción de las anheladas inversiones, para las que ahora se dará más previsibilidad y confianza, con las leyes ya aprobadas.

Escribe:
Luis Alen

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