Cartes y su peor fin

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El presidente Horacio Cartes desde el inicio de su mandato se dedicó a quebrantar el estado de derecho de esta república, y hoy como resultado, está culminando su gobierno de la peor manera.

Como mandatario, antes que ser ejemplo de toda la ciudadanía, utilizó el cargo para violentar la Constitución Nacional y las leyes. En marzo del 2017 lideró una campaña de enmienda para tratar de lograr su reelección fuera del marco jurídico, que luego terminó en un baño de sangre, con la muerte del joven liberal, Rodrigo Quintana y varios heridos.

A pesar de la crisis política y social desatada por la obsesión desmedida por el poder, Cartes siguió en su afán de continuar violando la Carta Magna, cuando se postuló como candidato a senador activo, a pesar de la clara prohibición del órgano constitucional paraguayo, que habla en su artículo 189, que un presidente de la República una vez culminado su mandato automáticamente pasa a ser senador vitalicio.

Sin embargo, Cartes, con el respaldo de su entorno más inmediato ignoró la Constitución y encabezó la lista de senadores por Honor Colorado, movimiento que el mismo lidera. Ganó las elecciones el pasado 22 de abril y fue ungido como senador activo, en una absoluta transgresión al estado de derecho, que rige en esta república.

No obstante, hoy esa ciega obcecación por el poder se encuentra empantanada ante la firme postura tomada por un grupo de senadores de la ANR, del sector del movimiento Añetete, que se opone que Horacio Cartes intente subvertir el orden Constitucional. La ciudadanía nacional es fiel testigo de la manera cómo se vino comportando a lo largo de estos 5 años el mandatario paraguayo.

El actual jefe de Estado nunca expuso su condición de estadista, que tanto hace falta para que el Paraguay pueda lograr el anhelado despegue socio-económico y político. Cartes, lejos de imponer su investidura de presidente de la República, se comportó como un pillo, rodeándose de tenebrosos y cuestionados personajes, que poco o nada contribuía para la confianza y credibilidad de su gobierno.

Es más, Cartes, quien se pasaba repitiendo “transparencia de gestión”, antes que castigar a los malversadores de los recursos públicos, otorgó protección e impunidad a los corruptos. Le encantó rodearse de los impresentables y los adulones de turno, como Javier Zacarías, Oscar González Daher, Víctor Bogado, Luis Canillas, Lilian Samaniego, Juan Darío Monges, por citar algunos.

Hoy a dos meses de la expiración de su mandato, Horacio Cartes empieza a recoger lo que sembró. Pare el pueblo paraguayo será muy difícil que olvide de una persona acaudalada que llegó al poder, con la máxima esperanza de hallar la panacea para este golpeado país; sin embargo se está yendo de la forma menos pensada.

 

Estos cinco años de Cartes significó una tremenda decepción para la ciudadanía, que deberá aguardar el nuevo gobierno de Mario Abdo Benítez, para reencausar el rumbo de esta maltrecha república. En verdad, Cartes y su peor fin se dará el próximo 15 de agosto.

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