La otrora capital mercantil de la República, Ciudad del Este, desde hace años se encuentra como un barco a la deriva, y hasta hoy nadie ha demostrado interés para rescatarla.
Los sucesivos gobiernos de turno lo que menos han hecho es demostrar interés por el presente y futuro de la capital del Alto Paraná, que ha sido, constantemente, ignorada por sus autoridades y ahora subsiste a través de un respirador artificial.
Y conste que hasta no hace mucho este distrito fronterizo se constituyó en el principal pulmón por donde respiraba la economía nacional, a través de lo que aportaba en término de impuestos para el Presupuesto General de Gastos de la Nación.
Pero esto pareciera de poca trascendencia para el Gobierno, que dejó de lado a Ciudad del Este, abandonando la “gallina de los huevos de oro”, pasando a priorizar intereses sectarios o personales, sobre los intereses generales, que indudablemente lleva a la desolación a la zona este del país.
La capital del décimo departamento atraviesa por una de sus peores crisis, sin que hasta la fecha surja alguna medida por parte del Gobierno para buscar superar esta difícil situación, que ya ha llevado al cierre de más de mil comercios y el envío a la calle de unos 5 mil empleados.
Indudablemente esta realidad ha puesto en una dramática situación social al segundo distrito más importante de la República, pasando a convertirla en una ciudad peligrosa, por la extrema necesidad existente entre sus pobladores. Varios de quienes perdieron sus puestos laborales, cayeron en la marginalidad, como es normal en un país donde el Estado no tiene respuesta a la falta de trabajo.
Una de las deudas eternas de cada Gobierno de turno es la orfandad en cuanto hace a espacio laboral para la ciudadanía. A pesar de que Horacio Cartes prometió generar fuentes de trabajo, en 2 años de gobierno ha existido muy poca respuesta. Antes que ofrecer empleos a través de generación de industrias, los compatriotas tuvieron que emigrar en procura de un mejor horizonte económico y bienestar familiar.
El Gobierno tiene el compromiso de trabajar para mejorar el estándar de vida de cada paraguayo. Pero para eso debe existir una demostrada voluntad política, que se transforme en realidad, y no de boca para afuera, que termine en populismo, situación que ya le tiene cansada a la ciudadanía toda.
Horacio Cartes tiene que empezar a sacudirse en estos tres años de mandato que le queda, para intentar cumplir con algunos de los compromisos asumidos ante la población paraguaya; porque hasta ahora, poco o nada, se ha observado que sus palabras se hayan transformado en una “bella realidad”. (sic).
Una de las promesas del actual mandatario era transformar Ciudad del Este en un polo industrial, para que sus pobladores no estén muy pendientes sólo del comercio. Pero a dos años de aquel compromiso las palabras se llevaron el viento, y antes que reponerse de esta terrible situación económica, esta capital fronteriza está asumida en la más profunda crisis.
La que hasta hace dos décadas y media atrás era la tercera potencia económica mundial, detrás de Hong Kong y Miami, hoy apenas es historia, porque se encuentra en la más absoluta desolación.




























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